Edición 65 - Agosto 2011

15M, el sol y la furia

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El 15M se mueve, crece, actúa y vuelve a Sol… donde todo comenzó. Pasados más de 2 meses del nacimiento, el 15M está más vivo que nunca. Las asambleas no sólo no han cesado, sino que se han extendido a lo largo y ancho de la geografía española… cada barrio, cada pueblo, cada ciudad cuenta con sus indignados. Y no es de extrañar, pues más del 20% de la población activa española se encuentra en paro. Cifras que llegan a la aberración total, cuando se miran los datos de jóvenes, pues siendo ésta la generación más formada de la historia de España, actualmente están parados uno de cada dos jóvenes, pese a contar con envidiables currículos llenos de carreras universitarias, diplomados, masters, idiomas y manejo informático.

 

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El accionar del movimiento es tal, que, hoy, resulta absolutamente imposible dar cuenta de todo lo que pasa en cada espacio de deliberación e intercambio político. Las asambleas fluyen semanal o quincenalmente, las reflexiones respecto del estado de la cuestión y las propuestas encaminadas a darle salida son tantas y tan variadas, que se precisarían meses para analizarlas. Pero además, las últimas acciones del movimiento, han vuelto a dejar primeras portadas en todos los periódicos españoles, e internacionales. A la indignación, la movilización y la deliberación política, en los últimos meses se ha sumado la acción directa contestataria… la desobediencia civil por derecho, en defensa del desamparado, el desposeído, el marginado y el excluido, que se ha materializado en dos hitos de especial importancia. A saber: la paralización de decenas de procesos de desahucio bancario por impago de hipotecas en todo el panorama nacional; y la imposibilidad efectiva para la policía de acometer controles a inmigrantes en busca de papeles; práctica habitual hasta el momento, pese a su inconstitucionalidad manifiesta.

La organización de concentraciones en las viviendas que iban a ser desalojadas en beneficio de la banca (sin perjuicio del pago del resto de la deuda), o en las plazas públicas en amparo del inmigrante transeúnte, indefenso frente a las redadas policiales, son actos que suponen una de las mayores y más impactantes críticas concretas al modelo de exclusión propuesto por el sistema neoliberal capitalista. Se trata de una respuesta en alta voz, sonora y efectiva que golpea los mismísimos cimientos del modelo imperante: la concepción de que algunos sobran, los que no producen, los que no tienen.

La defensa de ambos colectivos deberá complementarse con procesos de reflexión tanto internos al movimiento, como con los propios colectivos defendidos, respecto del fondo de la cuestión: el atroz consumismo que se constituye como el motor del modelo. No son pocos los casos en los que tanto los perjudicados por los desahucios como aquellos sometidos a las redadas policiales han formado parte activa del modelo de consumo y "progreso social" imperante. La concepción de un modus vivendi basado en la posesión de más y "mejor" para prosperar socialmente, ha calado tanto en las mentes y almas de tantos ciudadanos globales, que la inmensa mayoría de la ciudadanía occidental ha terminado por vincularse al mismo insensibilizándose ante los recortes sociales efectuados contra "otros", el hambre en el mundo, las injusticias sociales, etc.

Cabe apuntar que en última instancia, el renacimiento de las reivindicaciones sociales en España ha sido fruto de una brutal crisis económica que ha llegado a impactar en los beneficios de los sectores relativamente acomodados,  este factor clave para el análisis. Una explosión social como la acontecida, no era imaginable bajo los paradigmas de un capitalismo inclusivo donde la clase media era parte beneficiaria del sistema. Buenos sueldos para recién licenciados, mejores para aquellos con masters e idiomas, excelentes para los ingenieros informáticos, e incluso  aceptables para los obreros de la construcción y los jornaleros recolectores si trabajaran horas extra. En el momento en que esta situación de boyante crecimiento inicia su retroceso, se comienzan a dar situaciones que ya apuntaban a una profunda crisis como la actual.

La clase media se resiente de la situación: los salarios de los funcionarios del Estado son recortados en un 5%, los empleos generados durante el boom económico español no son renovados y (como la tasa de empleos fijos era tan sumamente ridícula) el paro comienza a aumentar. Con el tiempo, las prestaciones por desempleo desaparecen y los cursillos públicos de reinserción, también. Por su parte, las dificultades de los jóvenes para el logro de un primer trabajo más o menos digno aumentan de tal modo, que terminan resintiéndose los sacrosantos cubatas del "finde" de marcha (Es internacionalmente conocida la rumba española, que se basa en el exacerbado consumo de alcohol sin límites en calles y plazas públicas mientras se pasa de bar en bar, hasta los límites de la noche).

Por último, una batería atroz de recortes sociales golpea las bases del Estado social español: abaratamiento del despido, aumento de los años de cotización para el cobro de la pensión, privatización de servicios públicos como el Canal de Isabel II, cierre de hospitales públicos en Catalunya y apertura de centros privados con financiación estatal, subida de los impuestos indirectos como el IVA (del 16% al 18%), pero sin retoque alguno al sistema tributario progresivo para las altas rentas, y, la magnitud del rescate financiero a la banca.

El castillo de naipes cae por su propio peso. El consumismo que había obnubilado a toda una población y que había supuesto la demanda de hipotecas para la segunda vivienda, créditos de todo tipo (incluyendo los vacacionales), el segundo automóvil, o la compra de la vivienda de nueva construcción por parte de los recién casados (hipotecada a 40 años), se torna impagable. El consumo de ocio, también. Y en ese marco de problemas que crecen, la plataforma ¡Democracia Real Ya!, convoca una manifestación más. Una de las tantas efectuadas a lo largo de los años pasados. Una más de las tantas donde 500 personas fueron las participantes que se reunieron en torno a una plaza dando cuenta de que había otras formas de entender el mundo. Así, el día en que nació el 15 M, fueron apenas 300 personas las manifestadas, y menos aún aquellas que pernoctaron en Sol. Si bien, el contexto había cambiado.

Había cambiado tanto que al día siguiente se duplicaron los pernoctantes, y al tercer día, tras el intento fallido de desalojo policial, ya no sólo fueron las redes de los amigos y conocidos las que llegaron a Sol, sino también las de aquellos que habían disfrutado fugazmente del progreso español. Y así fue como se hizo el movimiento. Un movimiento que no para, y que se ha vuelto a encontrar el pasado día 23 de julio, nutrido ahora con los indignados regionales, que han formado diferentes columnas para unirse a sus compañeros madrileños y pisar el punto kilométrico 0 de las carreteras nacionales situado en el mismísimo epicentro de la puerta de Sol.

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