Llegamos a Río Loro a eso de las 8 de la mañana, luego de hora y media de viaje. No conocíamos bien la zona y sólo teníamos un nombre y un número. Habíamos hablado con el profesor Miller Dussan y necesitaban que la Universidad Surcolombiana (Red Proyecto Sur) hiciera el registro audiovisual de una reunión importante de la Asociación de Afectados por la construcción del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, ASOQUIMBO, que se pretendía realizar al día siguiente.
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Llamamos a doña Elsa, la presidenta de Asoquimbo, que vive en Río Loro. Realmente no es difícil perderse en este corregimiento del municipio de Gigante, al cual se llega por la carretera que une a Neiva con Pitalito, en una curva donde se encuentra una venta de patilla producida en la zona, donde entre otras cosas también se da el cacao, la ganadería, la piscicultura. En esa misma curva generalmente usted se puede encontrar un reten de la policía de carreteras o militares del Batallón Especial energético y Vial No. 12 “Cr. José María Tello”, creado especialmente para cuidar los pozos petroleros y las instalaciones de Emgesa.
Preguntando dimos con la casa de doña Elsa, quien un poco afanada nos contaba que tenía mucho trabajo acumulado y por eso no podría acompañarnos mucho tiempo. Sin embargo, se subió al carro y nos sirvió de guía por la zona. Nos contó la historia del cerro de Matambo: una indígena llamada Mirthayú era la más bella entre la tribu de los Michues, pero un día llegó un gigante llamado Matambo, quien se enamoró de Mirthayú, pero le causaba muchos daños a la tribu de su amada hasta que finalmente los indígenas le dieron muerte; Mirthayú desesperada se arrancó la cabellera y el viento se la arrebató de las manos y la esparció por la zona cercana dando origen a los farallones y altares que hoy se observan al llegar al municipio de Gigante, en el Huila.
Seguimos caminando por la vía que lleva a Veracruz y a medida que nos acercábamos al río y al Puente de los Cocos, doña Elsa iba saludando a amigos y conocidos, jornaleros, pescadores, campesinos, amas de casa. Vimos grandes fincas con lagos para la cría de peces, tractores y máquinas para extraer leche. Veracruz es una vereda que desaparecería bajo las aguas que Emgesa piensa represar.
El camino continúa hasta el río donde se encuentra el puerto de los pescadores de la zona y el puente de los Cocos que sería reemplazado por un ferri, según han dicho los encargados del proyecto. Allí nos detuvimos, en un lugar con hermosas playas, árboles para ocultarse del sol, entre las canoas que los pescadores usan para ganarse el sustento diario y donde muchas familias van a su “paseo de olla”, ese mismo lugar que sería enterrado bajo las aguas.
Luego de descansar un rato volvimos sobre nuestros pasos para llegar a tiempo y para que doña Elsa pudiera terminar unos informes que tenía que preparar. Llegamos cerca de las cinco de la tarde.
En la noche nos sentamos a hablar con la mamá de doña Elsa, doña Emilia Muñoz Ardila, quien nos contó la historia de su vida: “Yo fui nacida y criada en esta vereda; primero fue corregimiento de Río Loro, ya después fue inspección y ahora vuelve a ser corregimiento. Por allá en el ´73 me nació un liderazgo por esta comunidad, colaborar y ayudar y trabajar por este pueblo, entonces empecé poquito a poco y fui once años presidenta de la Junta de acá de Río Loro”. Detrás de los vidrios de sus gafas se esconden unos expresivos ojos negros y con una voz tranquila nos cuenta que gracias a la Junta lograron construir un barrio, el hogar infantil y la escuela. Sus canas reflejan los años de experiencia que tiene en el trabajo con la comunidad de Río Loro.
Le pregunto por el proceso de reforma agraria, aprovechando un momento en que su mirada se queda inmóvil, fija, inundada por la nostalgia: “(Ese proceso) lo hicieron los parceleros de abajo, de la Empresa Comunitaria la Libertad, en donde ellos lucharon por esos terrenos, estuvieron en la cárcel. Yo los ayudé por intermedio del secretario general de la Cámara de Representantes (…) Siempre la gente ha sido atropellada, ha sido maltratada y salieron de la cárcel y siguieron trabajando. La empresa Comunitaria La Libertad tenía unas hermosas tierras, esas tierras no tenían riegos y ellos tuvieron que dar como Comodato por quince años las tierras para que las cultivara un señor rico que hizo un canal grande(…) Ahora que muchos de ellos, los que lucharon por esa tierra ya han muerto, han quedado trabajando los hijos, están produciendo arroz, maíz, maracuyá, toda clase de cultivos, entonces ahora que ellos están sacando esos cultivos viene una multinacional y va a arrastrar con todo(…) Acá en Río Loro quedamos completamente desplazados. Son 220 personas que trabajan: el esposo, el hijo, la señora, van a pescar, van a trabajar en los lagos, otros trabajando en distintas cosas que tienen que hacer, siembra de tabaco, siembra de arroz, entonces acá se produce mucho(…)”.
Al día siguiente Asoquimbo tendría una reunión con un grupo que está realizando estudios en la población afectada, pagados por Emgesa para cumplir con los requerimientos que le exige la licencia ambiental, justo lo que debió hacer antes de iniciar obras y aprobar el megaproyecto. Doña Elsa, como Presidenta de Asoquimbo, orientó la reunión y explicó por qué no se le podía dar información a este grupo, ya que eso sólo ayudaba a la multinacional. A partir de ahora la comunidad organizada en la Asociación sólo se entenderá con el gobierno.
Luego de la larga jornada nos fuimos para la casa de doña Elsa; allí, viendo televisión en la sala, estuvimos conversando sobre Asoquimbo: “Es una organización que se creó en defensa de los intereses de todas las personas asentadas en donde se piensa construir el megaproyecto hidroeléctrico El Quimbo. Hemos liderado un proceso en coordinación con Plataforma Sur, en defensa de todas las personas, los grupos poblacionales asentados en la zona. Esto nos ha permitido ganar espacios en el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo territorial en defensa de los intereses de todos los afectados(…) Igualmente hemos venido trabajando con la asesoría jurídica, la reclamación, derechos de petición al ministerio, que ha permitido también que se llegue a los diferentes grupos poblacionales (para que sepan) las compensaciones a que tienen derecho”.
Con una mirada fija, el ceño fruncido y una voz fuerte y segura, nos va contando cómo Emgesa ha sembrado la incertidumbre en las comunidades, prometiendo compensaciones que luego incumple, cómo ha roto la confianza de la gente, la exclusión de algunos grupos poblacionales en las compensaciones. “Hoy en día nos damos cuenta que, desafortunadamente, el trabajo se nos ha acabado, en algunas zonas y eso ha incrementado el desempleo dentro de la región…”, sentencia doña Elsa.
Mientras regresamos a Neiva, vamos pensando en ese legado de resistencia que tiene el Huila. Madre e hija, cada una ha dado su esfuerzo para mejorar sus condiciones de vida de la comunidad. La primera desde la Junta de Acción comunal, la segunda desde Asoquimbo. Doña Emilia tuvo que resistir la ambición de los terratenientes de la región, doña Elsa tiene que resistir la ambición de una Multinacional italo-española. El futuro de ellas se haya en lo profundo de la incertidumbre, sin embargo, no se darán por vencidas para dejarle a las generaciones venideras un territorio que defender.