Jaime Garzón se re-significa en ese anhelo de Paz que hoy vive Colombia, como bien dijo en una de sus últimas entrevistas: “hay que darse la pela por la paz”. Su figura rememora el sentir de muchas personas que desean expresarse, pero exigen garantías para poder hacerlo; también permite sentar un debate en torno a las memorias que están construyendo los medios en Colombia.
La atrevida iniciativa de medios privados de narrar la vida de Garzón refleja la importancia de rememorar una de la figuras que marcó el escenario político de la década del noventa en Colombia, muy a propósito de la reciente declaración de la fiscalía a su asesinato como crimen de lesa humanidad, debido a la fehaciente participación del Estado en seguimientos ilegales y su contribución con información que terminó en manos del jefe paramilitar Carlos Castaño para cometer este crimen.
Garzón logró representar los momentos que se vivían en Colombia a través de un estilo narrativo muy particular, con un lenguaje coloquial y crítica política, con sus formas de interlocutar y de respetar al otro. También dejó una cita que ha marcado generaciones desde su asesinato: “Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal a su persona aunque piense y diga diferente”. Sus aportes son fundamentales en la construcción de un país que sea capaz de expresarse y de respetarse en la diferencia, ya que quienes no lo toleraron pensaron que silenciarían una de las figuras de la paz, pero no tuvieron en cuenta que su narrativa se quedaría en la memoria de los colombianos y hoy nos invita a reconocer y escuchar a las miles de víctimas que han sobrevivido al conflicto social y armado en el que se ha sumergido Colombia.
Recuperar la memoria
Cuesta entender que el 13 de agosto de 1999 fuese asesinado Jaime Garzón, un personaje que a través del humor denunciaba y le contaba al país sus tragedias. Él vivió en una época donde el conflicto armado se agudizó entre los diversos actores armados, guerrillas, paramilitares, Estado, carteles del narcotráfico, bandas criminales, entre otros. Debido a la polarización marcada de esa época, el pensar diferente al modelo neoliberal que se implantó en los años 90 pasó a ser sinónimo de guerrillero, y cuestionar el “status quo” de la oligarquía era firmar automáticamente el testamento.
Según la socióloga e investigadora social, Elizabeth Jelin, que trabaja las memorias de represión política, “Las memorias son siempre plurales, generalmente se presentan en contraposición o aun en conflicto con otras y al trabajar sobre luchas o conflictos alrededor de memorias el acento esta puesto en el rol activo de quienes participan en estas luchas”. La memoria en disputa en el caso de Jaime Garzón es la de un gran periodista, crítico, humorista y asesor de paz en un momento de la historia, que fue llamado a ejercer de intermediario para reconciliar diversos sectores, como asegura el periodista Yamid Amat, “infortunadamente sólo se conocía su faceta de caricatura, el chiste, el bufón, pero no su lucha por la paz, su formación progresista, su devoción por la lectura, su sentido de la amistad y su lealtad con la gente”.
La hermana de Jaime, Marisol Garzón Forero, se expresó en contra de que los medios privados narren su forma de verlo, ya que según ella “los canales y espacios de televisión volvieron a Jaime un bufón, crearon un tipo que es un embolador y no tiene nada que ver con él, desdibujaron quién era Jaime”. Marisol, en una rueda de prensa realizada por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo el pasado 15 de septiembre, recalcó que “lo que están haciendo es enlodar el nombre de Jaime, como lo quiere hacer RCN con una novela porque así no se hacen homenajes, a una persona como Jaime que le entregó la vida a este país, no se le hace un homenaje con una novela de ese estilo”, además resaltó que ella no respalda ni firmó una autorización al canal para la realización de dicha producción.
Esta disputa de sentidos y de las otras realidades que se construyen a través de las producciones creadas por estos medios privados, es una muestra clara de cómo “la industria cultural” convierte la memoria en un valor, destruye su capacidad crítica, y difumina sus huellas, contribuyendo así a la creación de relatos que naturalizan las estructuras paraestatales que han consolidado el conflicto social y armado que aún sobrevive en Colombia.
El papel de los medios alternativos y populares
En el marco de estas memorias, los medios comunitarios, alternativos, populares y sus producciones, tienen un papel fundamental en la disputa simbólica, en la posibilidad de abrir nuevas ópticas desde las experiencias regionales; son la oportunidad de construir la memoria de los pueblos, que ha buscado ser homogeneizada por los medios privados en esa vieja línea de contar una sola visión y ha perdido sus matices. De esta manera quieren simplificar la figura de Jaime Garzón y volverlo un bufón del espectáculo; estos son aspectos que no contribuyen a la crítica, sino que parodia la narco-cultura que profesan los canales privados en Colombia.
Por su parte, el periodista uruguayo, fundador de Telesur y director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC), Aram Aharonian, plantea que “los medios comerciales de comunicación se han convertido en el primer poder: son los que deciden quién es el protagonista y quién el antagonista”, y recordando al Che, Fidel y Neruda enfatizó que estos grandes personajes tenían clara la urgencia de la memoria, “recuperar la voz y la imagen de nuestra gente, silenciada, invisibilizada, por los dueños de los medios de comunicación trasnacionales y sus repetidoras nacionales”, su llamado es a “vernos con nuestros propios ojos” y a democratizar la comunicación como ejercicio para la recuperación de la memoria, el lenguaje y las identidades de los pueblos.
Por eso, el compromiso de la comunicación popular con la memoria es construirla desde los espacios, los medios y las personas que han crecido en las regiones, para así poder narrarla desde estas ópticas y que sirva como forma de reconstrucción social, porque como decía Jaime Garzón: “Creo que estamos en malas manos pero esto tiene salvación”.