
El pasado domingo 15 de agosto, día de mercado, el ejército asesinó a un joven campesino en el casco urbano del municipio de El Tarra y después un soldado pretendió ponerle al lado una pistola. La reacción de los campesinos no estaba prevista por los uniformados: los disturbios duraron varios días, pero los medios de comunicación desatendieron lo que allí ocurría; a lo sumo RCN informó que las Farc estaban destruyendo el pueblo, con lo cual no solo ocultó lo que había pasado sino que desconoció una historia larga del conflicto armado que ha azotado la región del Catatumbo y aterrorizado a su población.
Según un habitante de la región, en una nota para Colombia Informa, a las 5:30 de la tarde se escucharon algunos disparos en la calle. Algún miliciano había disparado, ociosamente, contra soldados de la Brigada 30, que tiene una base en el casco urbano del municipio de El Tarra. 10 minutos más tarde los soldados se distribuyeron por las calles del casco urbano disparando a todos los jóvenes que se encontraban en el lugar. El joven Luis Campos, de 16 años, murió inmediatamente y tres jóvenes más fueron heridos por las balas.
Esta es una historia recurrente en el Catatumbo y especialmente en el Tarra, donde la intensidad del conflicto entre ejército y paramilitares con milicianos y guerrilleros ha dificultado y empobrecido la vida cotidiana de los campesinos, entre quienes ha cobrado el mayor número de víctimas.
“Históricamente el ejército nacional ha venido atropellando a los campesinos, a los pobladores de la región. Por eso la gente ha venido llenándose y ya no aguanta más. Ha llegado a tomar reacciones violentas que el gobierno califica de actos terroristas”. Esto es lo que nos cuenta Juan Gabriel Garay, joven habitante del Tarra.
Algunos de esos atropellos los recuerda Juan Gabriel, porque son de reciente ocurrencia, pero la historia es más larga que la memoria del joven: “En mi vereda fue asesinado un muchacho, Danilo Énderson Álvarez. Y es que el decir del ejército, los muchachos que vivimos en las montañas somos los guías de la guerrilla; por eso cuando vio los soldados, Danilo salió corriendo, porque traía una gramera, y el decir es que el ejército metía a la cárcel a la gente por tener una gramera. Entonces él salió corriendo y los soldados lo emprendieron a plomo. Tenían la posibilidad de haberlo agarrado, pero les pareció más fácil darle plomo y lo mataron. Y luego fue presentado como un guerrillero del ELN”.
Hay que hacer la claridad de que una gramera es una pesa para pesos muy pequeños. En la zona se utiliza para medir cantidades pequeñas de cocaína. La mayoría de los jóvenes de la región son raspachines (pues esta parece la única fuente de empleo en el campo) y a veces, cuando el dueño de la siembra no tiene dinero para pagarle, lo hace con una cantidad de la droga para que la vendan. A fin de no resultar tumbados, cada uno tiene su gramera o la consigue prestada con un vecino.
El caso es que Danilo salió corriendo. Lo que informó la comunidad es que el muchacho estaba herido, y entonces la gente se organizó para reclamárselo al ejército. “Nos dijeron que lo iban a sacar para que el médico lo mirara- continúa Juan Gabriel-. Pero eso era falso porque ya el muchacho estaba muerto. Lo peor es que fue rematado con tiro de pistola después que lo hirieron”.
También recuerda Juan Gabriel el asesinato del joven José Iván Gonzales, socio de la junta comunal de su vereda. Este vivía en una zona alejada, en la montaña, por donde había mucha guerrilla. El ejército asaltó su casa en una mañana, porque la guerrilla se había quedado allí en la noche. El muchacho salió corriendo y el ejército le disparó. Después lo presentaron también como guerrillero.
Estos son apenas dos de los casos que, según muchos campesinos de la región, se han venido repitiendo durante años y se han intensificado después de la instalación de la base militar en el casco urbano de El Tarra, en el 2002. “El problema es que la base está al borde de la carretera, apenas a unos 200 metros de un caserío llamado Las Indias, ahí en la carretera el ejército monta los retenes. Hace pocos días la guerrilla le puso un minado ahí. Mataron un soldado e hirieron dos. Varios civiles quedaron heridos”.
En la región históricamente se han movido algunos frentes de las FARC, el ELN y el EPL. “Pero ni siquiera hay enfrentamientos con el ejército- dice Ángelo Martínez, otro habitante de El Tarra-. Se ha conformado como una rutina en la que todos los fines de semana hay tiros. La guerrilla entra, le hace tiros a un policía o al ejército y se forma la balacera. Cómo será que ya la gente escucha los tiros y no se esconde porque está acostumbrada a eso. La guerrilla hace dos tiros y el ejército se queda media hora echando plomo. Pero la situación se ha agudizado desde hace año y medio, porque están entrando los erradicadores y se proyecta construir aquí un batallón de alta montaña. Entonces la guerrilla cada dos o tres días les están quemando tiros. Y la reacción del ejército es siempre contra todos”.
Lo que ese 15 de agosto enardeció a la población fue el descaro del soldado cuando, a la vista de todos, quiso arrimarle una pistola al joven asesinado. “Entonces la lucha, que duró casi hora y media, era entre el ejército por llevarse el cuerpo y la gente del pueblo por no dejárselo llevar- cuenta Ángelo-. Al final fue la gente del pueblo la que logró sacarlo y lo llevaron para el batallón”.
Cuando la gente depositó el cuerpo al frente de la base, el conflicto se convirtió en verdadera batalla. “El ejército empezó a disparar para todas partes, entonces la gente también se armó con piedras y respondió. Ahí fue cuando se tomó la decisión de quemar carros. Porque la gente decía que esa era la única manera de que todo el mundo se diera cuenta de lo que pasaba en El Tarra, porque hasta ahora los medios no habían informado nada del conflicto que a diario se vivía allí”.
Finalmente, la gente tuvo que retirarse después de hora y media de combate abierto con el ejército, porque llegó el Esmad y lo inundó todo con gases. Pero al otro día, lunes 16 de agosto, la gente se volvió a organizar y lo que hubo fue un choque todavía más fuerte. Asaltaron el Banco Agrario, sacaron todo lo que pudieron y lo quemaron. Lo mismo hicieron en la alcaldía. “En venganza, el ejército asaltó una casa donde estaban cuatro muchachos, sacaron el zinc del techo y les arrojaron dos granadas lacrimógenas. Los muchachos se estaban asfixiando. Después tumbaron la puerta de hierro y los sacaron de allá. Lo primero fue una patada a uno de los muchachos con la que lo hicieron vomitar sangre. Eran 15 soldados contra cuatro muchachos; uno de los muchachos quedó con una vista casi perdida. Les hicieron quitar los zapatos, los obligaron a revolcarse en un barrial y les decían que los iban a matar y a presentar como guerrilleros, que ya tenían todo montado. Finalmente, ante la presión de la gente, el ejército decidió soltarlos”.
Todo esto pasó en El Tarra y viene pasando en el Catatumbo desde hace mucho. Sin embargo, los grandes medios lo redujeron, en una única nota, a un asalto que hizo la guerrilla de las FARC contra los habitantes del Tarra. Por eso la misma gente de El Tarra, a través de un comunicado publicado en el Periódico El Tiempo, le han exigido a RCN rectificar e investigar lo que realmente ocurre en el Catatumbo”.