
Los pobladores del oriente colombiano han padecido en carne propia la “maldición de la abundancia”. Habitar un territorio lleno de riquezas naturales se convirtió en la peor pesadilla para ellos. En tiempos de una nueva forma de capitalismo planetario, que algunos analistas definen como de acumulación por desposesión, la voracidad de las multinacionales no tiene fin. Éstas, en contubernio con el Estado y la clase politiquera regional, vienen explotando a cualquier precio las riquezas naturales, pasando por encima de las comunidades que históricamente lo han habitado y conservado. En eso consiste el llamado boom petrolero y la locomotora minera de que habla sonriente la élite dominante del país. Afortunadamente, la situación viene cambiando. Eso sereflejó los pasados 9, 10 y 11 de noviembre en el Foro Regional “El negocio del petróleo y su impacto en la región”, que se realizó en Yopal (Casanare).
Diariamente se observa cómo la gente humilde y sencilla, la de a pie, la que habita la barriada o la vereda, viene adquiriendo conocimientos, y, por esa vía, conciencia, de los impactos negativos que deja la explotación minera y petrolera en el suelo regional y colombiano. Eso es un hecho indudable que se traduce en un sinnúmero de acciones, ya sean formativas o de movilización, que apuntan a defender los territorios y pensar, desde las propias comunidades, modelos de sociedad distintos al del capitalismo.
En esa dirección, los pasados 9, 10 y 11 de noviembre se realizó en Yopal (Casanare) el Foro Regional “El Negocio del Petróleo y su Impacto en la Región”, con el cual se buscó, entre otras cosas, plantear alternativas de vida y organización social frente a los impactos negativos que ha dejado la industria minero – energético en la vida de las comunidades y el medio ambiente.
Como expresión de la nueva realidad social en torno al tema de la explotación minera en el país, al evento concurrieron numerosas delegaciones de comunidades campesinas, indígenas, obreras y estudiantiles del centro oriente colombiano y de diversas organizaciones sociales de Arauca, Casanare, Meta, Boyacá, Santander y Bogotá. También asistieron víctimas de crímenes de Estado y personas que han sido desplazadas forzosamente de sus territorios, así como analistas vinculados a la academia y centros de investigación como CENSAT y Deliberando, quienes ofrecieron destacados aportes para comprender la complejidad del tema minero energético.
Estos escenarios son valorados positivamente por las comunidades. Para Guillermo Angarita, de la Asociación de Productores Agropecuarios de Pajarito (ASPAP), el foro regional fue una importante iniciativa “porque se analizaron los problemas que ha generado la minería y la industria petrolera en el país, y se pudo ver cómo se puede organizar la población para tratar de contrarrestar las acciones que generan impacto en el medio ambiente”. No en vano, en el municipio de Pajarito la explotación petrolera generó “mucho desplazamiento de población, por irse a buscar formas de vida diferentes, que según ellos, son de rentabilidad (…) hacia Casanare, abandonando el sector productivo. Entonces no hay cómo producir la tierra porque no se encuentra la mano de obra, siendo el sector agropecuario el más importante del municipio”, afirma Angarita.
Para Yeison Salamanca, del municipio de Recetor en el departamento de Casanare, el foro fue importante porque “en estos eventos es donde podemos reunirnos muchos amigos, muchos líderes de diferentes departamentos donde se ha dado la problemática de la explotación petrolera”. Por eso, “tan pronto me invitaron no me negué en asistir, porque vine realmente a obtener experiencia, conocimiento, llevarme en mi memoria una rica información para poder explicar allá a mis compañeros de las juntas de acción comunal, en una reunión de juntas, y vamos a explicar las temáticas que trabajamos en el foro”.
Para Martin Ayala, de la comunidad U´wa, “una de las cosas importantes de este evento es que las comunidades se puedan reunir y hablar del tema; las comunidades afectadas en la región, porque aquí se hacen eventos constantes, pero hablan otro tipo de gente que no es la propiamente afectada. Creo que ese es el mayor logro, que las comunidades puedan venir y expresar, y sobretodo decir qué quieren hacer. Son las comunidades las que deben poner la pauta del qué hacer”.
En el foro se realizaron análisis sobre los conflictos ambientales, socio-culturales, económicos y militares que han surgido de la mano del auge de la explotación petrolera en la región. De los distintos aspectos negativos que fueron destacados con insistencia por las comunidades se pueden señalar los siguientes: paso de una economía agrícola a una economía petrolera basada en la tercerización laboral; corporativización del campesino, estimulando el individualismo y, por esa vía, desintegrando la vida en comunidad; violaciones a los derechos humanos, asesinatos, desplazamiento forzado, desaparición y persecución política con el fin de disminuir los niveles de exigibilidad y movilización de las organizaciones sociales y políticas; paramilitarización como estrategia para facilitar el despojo por parte de las multinacionales; incremento de la corrupción en los sectores políticos regionales, quienes se aprovechan de las regalías mientras los sectores populares padecen la carencia de servicios públicos básicos, carreteras, escuelas, centros médicos, etc.
Esta situación es recreada por Martin Ayala: “Hay rompimiento del tejido social, contaminación del medio ambiente, aumento del costo de la vida, las condiciones cambiaron. Una familia antes se reunía para comer y vivía junta y hacía las labores de la finca. Hoy, por ejemplo, el señor está trabajando en la petrolera, la señora también y los niños están solos. No tienen tiempo para reunirse todos. A nivel económico, una ilusión de un desarrollo que no beneficia a las comunidades, sino que hay un desarrollo que ha hecho que las comunidades estén más pobres que antes de la llegada del petróleo”.
También se plantearon propuestas basadas en análisis integrales del tema tratado. Pueden destacarse las siguientes: Cambiar el modelo petrolero de sociedad, impulsar la soberanía energética que redunde en beneficios reales para los colombianos; garantizar un modelo agrario que propenda por la productividad de la tierra y genere condiciones dignas de vida para los pobladores de la región; generar espacios de discusión académica y política sobre los impactos nefastos de la industria extractiva en la región, sus fines y beneficiarios reales. Todo esto con el fin de fortalecer a las organizaciones comunitarias que hacen frente a esta problemática. Se quiere coordinar acciones con la comunidad del Paramo de Santurbán con el fin de enriquecer las luchas por la defensa del territorio, el ambiente y la vida, a partir de las dinámicas de confrontación que esta comunidad adelanta con la Eco Oro Minerals Corp. (antigua Greystar) en Santander.
Finalmente, se debe decir que pese a que organismos de inteligencia pretendieron atemorizar a los participantes (un individuo fue sorprendido en el lugar donde se realizaban las sesiones grabando a los asistentes, y otros merodearon permanentemente el sitio de alojamiento), éstos no hicieron caso a las provocaciones y dieron cierre al evento en medio de la alegría, el compañerismo y la buena energía para continuar en la resistencia contra la explotación petrolera y por la construcción de un modelo de sociedad diferente.