Edición 67 - Octubre 2011

¿Acabará la Alcaldía de Medellín con las comidas nutritivas y baratas en Tejelo?

0

La remodelación del corredor en donde se ubica uno de los mercados populares más importantes de la ciudad de Medellín, Mercado Tejelo, lo ha celebrado la administración de Alonso Salazar con bombos y platillos. Pero el hecho de que la alcaldía insista en que los nuevos módulos sólo se pueden vender legumbres y frutas amenaza a ocho familias que hace más de diez años trabajan en este bulevar con restaurantes populares, vendiendo almuerzos abundantes y nutritivos, con uno de los precios más bajos que se puedan conseguir en la ciudad. Si no fuera por las comidas, dicen estas familias, que es lo que saben hacer, no podrían conseguirse el sustento y beneficiar a cerca de mil personas de escasos recursos que encuentran en estos lugares un buen alimento a un precio favorable.

 

{jcomments on}

 

Desde hace dos meses la alcaldía inició el proyecto de renovación del bulevar del Mercado Tejelo, lugar que está a un costado del edificio Miguel de Aguinaga (donde funciona la Contraloría Regional de Antioquia), que cruzando la avenida de Greiff se encuentra al sur con el Museo de Antioquia y su famosa Plaza Botero. Los cambios proyectados se encaminan a la sustitución tanto de los módulos como de las redes de acueducto y alcantarillado. Con la remodelación se llamará desde ahora “Mercado a Cielo Abierto Tejelo”, y la construcción de 40 módulos albergará a sus 80 comerciantes.

Por efecto de las obras se realizó el traslado de las/os comerciantes con los viejos módulos de madera hacia la calle Juanambú (54) -esa que da salida al bulevar por el norte-, entre las carreras Cundinamarca (53) y Cúcuta (54) en sentido occidente. Esta parte de la vía quedó cerrada para el tránsito de vehículos, y con esto también quedaron, según algunas/os comerciantes, cerrados los ingresos económicos. Dado que  la fecha de entrega del bulevar anunciada desde la alcaldía es en diciembre, les tocará aguantar el período de las vacas flacas a los/as afectadas/os.

Pero más allá de la disminución en las ventas de un grupo de comerciantes, en su mayoría dedicados a la venta de frutas y legumbres, la minoría restante vive un panorama desolador. Esta minoría, compuesta por ocho personas, 2 hombres y seis mujeres, vienen expresando su indignación porque no sólo están soportando la considerable reducción en sus ventas debido al traslado momentáneo de sus módulos, sino que, además, les han advertido desde la subsecretaría de Espacio Público que deben cambiar de actividad comercial: es decir,  en vez de desayunos, almuerzos y otro tipo de comida preparada, tienen que vender, si se quieren quedar, sólo legumbres y frutas.

Para estas 8 personas la situación se les complicó y no saben qué camino coger. “¿De qué vamos a vivir, si a nuestra edad no nos dan trabajo?”, se preguntan afligidas dos de estas señoras, que son, además, cabezas de familia como las demás afectadas, algunas de ellas con más de 50 años ya, con muchos de estos años dedicados a preparar y vender comidas. Y por su misma edad, ya no tienen esperanzas de cotizar y/o alcanzar una pensión. La amenaza de ser despojadas/os de sus puestos de trabajo es latente para ellas/os, pero insistentemente han expresado a la administración municipal y a las respectivas subsecretarías que no les va mejor vendiendo frutas y legumbres que con las comidas preparadas, ya que por estos alrededores merodean muchas/os indigentes que ahuyentan a la gente. Jaime Osorio, uno de los comerciantes afectados, advierte “que alimentar nutritivamente a cerca de mil personas de escasos recursos por día, a tres mil pesos, es un servicio social que le están prestando a la comunidad de la comuna 10 y que la alcaldía no lo hace”.

Ante tantas advertencias y avisos para que cambien de tipología, estos/as comerciantes creen que por el tema sanitario es que serán sacadas/as del mercado. En las anteriores visitas hechas por parte de la subsecretaría de Salud Pública para revisar las condiciones de salubridad, sanidad e higiene, dicen sus comerciantes, que han salido bien librados/as; pero la observación en cada visita es la misma: “los módulos no fueron construidos ni acondicionados para restaurantes”. Con el traslado, sus módulos fueron ubicados cerca a la carrera Cúcuta, donde reina más indigencia y delincuencia, y por ende menos concurrencia. Como si fuera poco, las aguas negras bajan por debajo de sus puestos desde Cundinamarca, puede ser la utilizada por comerciantes o la que cae de las lluvias. Este factor, según algunos, está desatando los primeros brotes de infección y la posibilidad de cierre definitivo por el tema de sanidad.

Propuestas y acciones jurídicas, sin resultados
Aguantar las aguas negras, no les quedó de otra; le pusieron tablillas y así no pisan más el piso encochinado. El agua potable, que gozan los demás módulos, no se les conectó a los que se dedicaran a preparación de comidas (con excepción de los que hacen jugos). Se conectaron por su cuenta en una noche a la red del acueducto provisional y al otro día la gerente del Centro de la ciudad, Luz Estela Giraldo, ordenó que desconectaran: dicho y hecho. Por este y otro tipo de respuestas de funcionarios públicos es que se sienten perseguidas/os, “como si sólo fuera capricho querer seguir con la comidas”.

“Mercado con sabor” fue el sueño de las 8 personas de las cocinas para acabar de una vez por todas con esta trágica novela. La propuesta fue desarrollada y presentada a la alcaldía de Medellín y sus entes encargados. Como dijo Jaime Osorio, la propuesta consistía en adecuar sus módulos según las exigencias para la venta de comidas, “con acero inoxidable”, pidiendo un presupuesto de 15 millones de pesos, o en caso tal, un plazo para conseguir por su cuenta el dinero. La respuesta, en palabras de Jaime Osorio, fue desalentadora: “nos dijeron que valían cerca de 200 millones de pesos y por eso no se puede construir, mientras que nosotros/as sólo pedíamos algo mucho inferior… simplemente no hubo voluntad”.

Se les agotó la paciencia y emprendieron una acción de tutela el 1 de marzo de este año en la que exigieron respuesta al derecho de petición presentada el 17 de enero del mismo año a la Alcaldía. Dicho derecho de petición exigía “la protección inmediata de nuestros derechos constitucionales amenazados y vulnerados”. Sin embargo se mantuvo la ausencia de garantías al debido proceso y al derecho a la defensa, la persecución y el tratamiento indiscriminado proveniente de algunos funcionarios públicos, a pesar de pagar impuestos de industria y comercio. En total, la prohibición de este tipo de trabajo ha llegado hasta el punto de enfermarlos/as por el estrés, tal y como lo afirma una de las cocineras, Gloria Edilma Holguín, quien junto a las demás personas de los restaurantes enfrentan una situación económica precaria.

No encontró, sin embargo, el juzgado Primero Penal del Circuito de Medellín, motivos suficientes para fallar positivamente los reclamos de estas/os 8 comerciantes, dándole el total respaldo a la alcaldía al decir que “el cambio de actividad comercial de restaurante para venta de frutos de cosecha, tiene que ser una imposición”. En segunda instancia el juzgado Séptimo Penal Municipal confirmó la sentencia. Pero estas ocho personas mantienen la decisión de quedarse allí y dar la pelea, sea desde el derecho, “o que nos saquen a las malas, porque no sabemos hacer otra cosa y a nuestra edad no nos dan trabajo”. Es cierto que hay terquedad en estos/as 8 comerciantes, pero no se compara con la terquedad de la Alcaldía ¿Por qué tanto lío vender comidas allí en Tejelo? ¿Qué hay detrás de la posición de la Alcaldía?

Vergüenza colombiana en la ONU ¡Republiqueta Bananera!

Previous article

Me les volé, jajajaja

Next article
Login/Sign up