
“Los terrenos ganados al mar son nuestro territorio; Los terrenos ganados al mar los construimos con esfuerzo; Los terrenos ganados al mar son de nuestro territorio del pacifico; Los terrenos ganados al mar los hicimos como Pueblo Negro; Los terrenos ganados al mar son nuestra ombligada; Los terrenos ganados al mar, regalo de Yemayá, diosa del mar; Los terrenos ganados al mar pueden ser nuestro paraíso terrenal. AMÉN” (Oración “los terrenos ganados al mar”)
{jcomments on}
Como pueblo pacífico y pesquero, Buenaventura es considerado el principal puerto comercial de Colombia; sin embargo, su territorio está sumido en una serie de problemáticas sociales que ante el abandono de un Estado negligente y los intereses de las economías del narcotráfico y de las multinacionales mineras, han arrinconado a toda una comunidad que históricamente ha sobrevivido y nos ha mostrado con la alegría de sus tamboras y marimbas lo que es verdaderamente resistir.
Como comunidad, la región del Pacífico sur es la región que tiene más territorios colectivos del país -entendiéndolos como territorios propios de las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas-. Pero aunque muchos de estos territorios están titulados, no son reconocidos por las empresas constructoras ni por las administraciones municipales, ni mucho menos por el Estado, según explica Julio Cesar Biohó, miembro de proceso de comunidades negras-PCN: “Los territorios colectivos no son reconocidos debido a que existen intereses desconsiderados de empresas para sembrar monocultivos como la palma de aceite; además de los intereses de las empresas madereras y pesqueras, intereses del narcotráfico y los paramilitares para la siembra de coca, y ahora la minería, lo que representa para nuestras comunidades del Pacífico sur el problema central de la región”.
La pesca artesanal, un factor importante en la vida de las comunidades del Pacifico sur y específicamente de Buenaventura, atraviesa por uno de sus peores momentos ante la irrupción indiscriminada de enormes barcos provenientes de España, China y otros países que atentan contra la vida marítima y la pervivencia de las especies para el consumo y el equilibrio natural del mar. Estos barcos utilizan dinamita para explotar los corales y arrecifes, buscando peces, sin importar la vida de animales como la tortuga de mar y el camarón (en vía de extinción) para llenar contenedores y exportarlos. Las comunidades, con un chinchorro, una malla o una catanya, han pescado generación tras generación conservando la vida marítima y generando un consumo responsable y acorde con el respeto por la naturaleza, que ahora se ve reducida por esta pesca atroz que violenta lo que ellos y ellas llaman “territorios ganados al mar”.
Estos territorios ganados al mar no son más que barrios construidos por las comunidades en los manglares y orillas del mar, y que han representado el territorio de las comunidades pesqueras de Buenaventura, como lo son Yurumangui, Naya, Anchicaya, Punta Bonita, San Juan, entre otros. “Si los campesinos tienen derecho a sus tierras, los negros tenemos derecho a nuestro mar, que es como nuestra tierra”, son las palabras que Harrison Moreno, habitante de Buenaventura, enarbola enérgicamente en todos los debates en torno al territorio y su defensa, y quien junto con su comunidad, el PCN y otras organizaciones aportaron en el marco del Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías, a la concepción del territorio como eje fundamental para que se recree la vida. Pero no en el marco de la explotación de recursos (como las empresas y el narcotráfico), sino que se recree en cada uno de nosotros/as, en cada árbol, en cada ser, y que haya una interacción de Hombre-Naturaleza para garantizar la vida de las generaciones venideras.
Su exigencia frente al mar como un territorio es muy clara, como punto inicial exigen el respeto por las millas náuticas que como territorios ganados al mar deben ser 200 millas (una milla equivale a 1852 mts.), donde las grandes embarcaciones no puedan pescar indiscriminadamente. Además exigen que se continúen fomentando las escuelas interétnicas, donde la pesca artesanal siga siendo inculcada como una práctica de respeto hacia la naturaleza, al mismo tiempo en que se hable de bienes de la naturaleza y no de recursos naturales. Según Efraín Jaramillo, miembro del colectivo de trabajo Gencerá, es mejor hablar de bienes para no hablar en términos de mercado, de negocio, sino en términos de respeto y reconocimiento de la vida natural.
Para toda la comunidad asistente al CNTTyS es claro que en sus territorios hay múltiples intereses, pero se puede decir que hay uno sólo, la economía extractivista, que se entiende -según sus comunidades- como el tipo de economía donde se pondera la explotación de los bienes naturales en función de la acumulación de capital. Es el tipo de economía que está explotando al ser humano, el neoliberalismo, y que de paso está generando los problemas sociales, ambientales y quitando el derecho al territorio.
Con estas problemáticas y bajo la posibilidad de legislar en el Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías, las comunidades del Pacífico sur comparten con el resto de regiones y el país su firme convicción de trabajar por una agenda común en la lucha por el territorio y el respeto por el mismo desde los mandatos regionales. La gran apuesta está en que indígenas, afros, campesinos/as, pobladores/as urbanos, estudiantes, trabajadores/as podamos encontrarnos en una agenda común con acciones conjuntas para enfrentar el despojo de lo que es nuestro, nuestra tierra, nuestro territorio.
Esta apuesta es en sí misma un ejercicio soberano de los pueblos, que junto con los mandatos populares debemos encaminar en el marco de la unidad. “Como región Pacífica hemos construido y defendido nuestros derechos propios que ya hemos establecido como comunidad (indígenas-afros), tenemos nuestras propias leyes, reglamentos internos, planes de vida, uso del territorio. Es ahora que hay que empezar a legislar conjuntamente, posicionar una legislación interétnica que despierte a nuestro pueblo y sus comunidades del aturdimiento y el terror perpetuado por la plaga paramilitar, y así, demostrarle a los indiferentes que los/as que soñamos un país más justo somos muchos más y estamos dispuestos a caminar y a luchar juntos para hacerlo realidad.
“los pueblos tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar, transmitir a las generaciones futuras sus historias, dialectos, tradiciones, cosmovisiones, sistemas de escritura y literaturas, y a mantener los territorios libres” Antropólogo David López Rodriguez – Convenio PCN – CHF. Buenaventura, Julio de 2011.