Edición 61 - Abril 2011

Arremetida brutal del capital contra la universidad de Antioquia

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En los últimos meses la universidad de Antioquia ha sido columna y titular en muchos de los periódicos y noticieros de la ciudad de Medellín y del país. En un hecho más reciente, el día jueves 31 de Marzo, la UdeA fue nuevamente violentada sin respetar la dignidad de quienes allí desdoblaban un debate frente a la grave crisis por la que atraviesa el Alma Máter, y en general  la Educación Pública del país. La fuerza pública, en cabeza del ESMAD -bajo órdenes de las administraciones universitaria y departamental- irrumpió en este espacio agrediendo brutalmente a los/as estudiantes, generando un largo enfrentamiento que se extendió hasta aproximadamente las 6:30 pm. Desde luego, tal arremetida fue repudiada por toda la comunidad universitaria, principalmente por los claustros profesorales y la comunidad estudiantil.{jcomments on}

Esta triste situación obedece a que de nuevo el Alma Máter se ve hoy sumergida en una contrarreforma neoliberal estratégicamente planeada por el presidente Juan Manuel Santos y la ministra de educación María Fernanda Campo. La nueva contrarreforma consiste en fortalecer la relación Universidad-Empresa, lo que implica una pérdida descomunal del carácter académico, solidario y humano de la universidad pública, es decir bajo una relación Universidad-Sociedad. Uno de los ejemplos más claros para dimensionar esto es la implementación del centro empresarial de innovación y negocios del municipio de Medellín “Ruta N”, Centro de innovación y negocios de Medellín.

Este es uno de los proyectos que busca materializar esa relación Universidad-Empresa, convirtiendo así el conocimiento en una mercancía más que favorezca los intereses de las multinacionales y que este a la par con las lógicas del mercado. Este centro estaría ubicado al lado del Alma Mater, exactamente en la esquina de la calle Barranquilla con Ferrocarril, lo que estratégicamente justifica el aumento de seguridad y la represión en los alrededores de la Universidad.

Bajo los lemas de “ciencia,  tecnología e innovación” la nueva contrarreforma pretende vender la universidad a los grandes emporios económicos nacionales e internacionales, olvidando los verdaderos problemas que aquejan a la universidad (crisis de financiación, mala calidad de educación y criminalización de la protesta estudiantil), negando así que la educación pública debe ser un derecho fundamental e integral que garantice el sostenimiento de los/as estudiantes, financiada en su totalidad por el Estado, y no un servicio que se vende a los pocos que puedan pagarlo o a los que decidan endeudarse con los créditos estudiantiles, además que debe servirle al pueblo, que es en últimas quién la paga.

Esta contrarreforma muestra como el neoliberalismo ve en la educación un gran proyecto de interés económico.  Sabemos que la educación pública en una nación tiene razón de ser justamente como garantía para que los sectores más vulnerables de la población tengan acceso a ella…. Entonces cabe preguntarnos ¿por qué en nuestras universidades se ve cada vez más etéreo ese carácter?  

Por eso estudiantes, profesores y trabajadores hemos hecho un llamado al diálogo y al debate sobre todos estos acontecimientos, coincidiendo además con la administración de la universidad en la necesidad de defender la universidad pública y de generar espacios de confluencia donde la batalla de ideas se haga eficaz; pero en la práctica, la misma administración universitaria, en compañía del Gobernador Ramos, se han quedado sólo en ese campo discursivo, y más bien han impuesto medidas represivas que entorpecen la posibilidad de una pronta solución a esta problemática.

Ya son bien conocidos los abusos de la seguridad privada. La implementación y utilización de un carnet único e integrado a bases de datos constantemente vigiladas, la prohibición del libre acceso de las demás personas a la U, un nuevo reglamento estudiantil mucho más represivo y arbitrario y la reiterativa militarización del campus han sido los puntos de lanza para demostrar que no hay un interés real de las administraciones en dialogar.

Este complejo contexto es lo que ha generado una oleada de disgustos en la comunidad universitaria -y la vida que se teje en ella- que han desembocado en un gran número de manifestaciones pacíficas. Pero éstas, en muchas ocasiones y por la orden de entrada de la fuerza pública han desembocado en fuertes y largos enfrentamientos entre estudiantes y el Esmad, que incluso se extienden hasta las afueras del Alma Máter.

Aunque el panorama no es muy alentador -para algunos-, la vida universitaria ha tomado un rumbo particular, los constantes abusos en las porterías, las requisas exhaustivas y la intimidación constante, han sido de conversación cotidiana en bloques, corredores y cafeterías; al son de los tintos y los libros, los estudiantes han puesto en debate la grave situación por la que atraviesa el Alma Mater, y han tomado la firme decisión de seguir la lucha de ideas permanente hasta que realmente tengamos una educación pública que favorezca a los intereses del pueblo. Han decidido tomar como escenarios el foro, el teatro, el clown y la movilización para mostrarle no sólo al gobierno de la unidad nacional sino también al pueblo, que no permitirán que la UdeA sea arrebatada por el pulpo del mercado mundial y el capital privado.

Nuestras exigencias son claras, queremos una universidad de calidad y verdaderamente pública. Que no restrinja el acceso de todos y todas, que obedezca a nuestras necesidades concretas y a las del pueblo. Además, queremos una UdeA donde los estudiantes podamos debatir, discutir y manifestarnos tranquilamente sin la amedrentación de los paramilitares ni de la administración. Consideramos, por lo demás, que la presencia del Esmad torpedea y perturba el libre desarrollo de los quehaceres humanos, solidarios y académicos de la comunidad universitaria. Por eso exigimos que se vaya. Es más, exigimos que desaparezca, pues su razón de ser es sembrar el terror en las movilizaciones, y paralizarlas.

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