Aproximaciones a la agenda pública del Caribe (Edición 123)
Por: Caribe Investigación
1. Un giro en la política minero-energética
Sirius y la consulta previa
2. Magdalena y Cesar, agenda de la muerte
No criticamos el júbilo de Margarita Guerra; al contrario, la gente en la Troncal del Caribe y La Guajira debe sentir un alivio por todas las atrocidades cometidas por Naín Pérez y toda esa estela de terror que sembró con masacres y amenazas publicadas en redes, extorsiones, impacto en el tejido social. Tampoco que la gobernadora se adhiera a la política de seguridad de De La Espriella.
3. Megacárceles y colonización de La Guajira
El columnista guajiro de nombre Arcesio Romero Pérez está convencido de que el departamento La Guajira es una colonia. Recientemente, el portal de noticias Guajira News publicó una columna de Romero Pérez titulada “La Guajira y la oportunidad de tener distritos carcelarios con base en la propuesta del presidente de construir megacárceles”.
Solo el título basta para comprender el objetivo de la propuesta. Sin embargo, queremos hacer dos reflexiones en torno a la disparatada e insultante propuesta.
En primer lugar, la propuesta de creación de mercárceles del Gobierno Nacional está seriamente cuestionada porque toma como referente el modelo carcelario implementado por El Salvador, cuya tasa de hacinamiento es superior a 260 % según estudios de la ONG Cristóbal.
Si las megacárceles que quiere construir De La Espriella serán el calco de las de Bukele, entonces estamos ante un modelo que no garantizará los derechos humanos ni respetará la Constitución ni las leyes, sino que basará sus “resultados” en números y represión. Además, megacárceles no significa cero impunidad, así como tampoco cero corrupción, dos de los principales problemas del país.
Por lo tanto, la propuesta de Arcesio Romero López no podemos verla sino como otro proceso en el cual el territorio es asumido como un ente sujeto a la colonización. Sí, La Guajira ha sido colonizada de distintas maneras y en esos procesos colonizadores encontramos parte de la raíz de sus problemas actuales.
La Guajira ha sido tratada como un territorio disponible para el saqueo, como tierra de nadie, como una despensa energética, como un receptor de maquinarias y extracción, como un objeto, como un ente ilimitado capaz de generar riquezas infinitas y no como un territorio con complejidades culturales y sociales, como una rica región ambiental y ecológica con vulnerabilidades.