
La figura de la concesión petrolera ha sido el instrumento mediante el cual las compañías transnacionales se confabulan con los Estados productores, para saquear sus riquezas de hidrocarburo. Esto explica cómo en Venezuela, a raíz de su condición de país petrolero, la oligarquía venezolana que gobernaba antes de la Revolución Bolivariana la convirtió en francachela de codicia para el monopolio petrolero internacional.
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El 24 de agosto de 1865, todo el Estado Zulia se constituyó en la primera concesión otorgada por la oligarquía al empresario estadounidense Camilo Ferrand. Y en 1878, Antonio Guzmán Blanco, descendiente de la parentela aristocrática caraqueña, repartió a la compañía minera Petrolita del Táchira otro pedazo de patria. Ese mismo año, la oligarquía entregó 9 k2 de territorio en el Estado Sucre al ceder Guanoco, el lago de asfalto más grande del mundo, a la compañía New York and Bermúdez Company – NY&BCO -, de donde los gringos sacaron más de 16 millones de barriles, equivalentes a 2 millones 500 mil toneladas métricas, usadas como aglomerante en mezclas asfálticas para pavimentar carreteras, autopistas y calzadas de la “gran manzana”. Entre tanto, un municipio de Venezuela quedó fondeado en la miseria, pues la compañía no pagó regalía, salvo los cheques entregados a la oligarquía gobiernista.
El boom petrolero incipiente de Venezuela despertó la codicia de las transnacionales, acostumbradas a invadir y despojar territorios ajenos. El despojo del 52.8 % de México por parte de Estados Unidos, es el caso emblemático de la hipocresía gringa, en diciembre de 1902, las armadas de Inglaterra, Alemania e Italia, bloquearon las costas de Venezuela, pretendiendo acceder a sus zonas petrolíferas, y durante la dictadura de Gómez, apoyada por la oligarquía venezolana, tuvo coraje de entregar a la transnacional británica The Venezuelan Develoment Co, 27 millones de hectáreas de patria de los Estados de Sucre, Delta Amacuro, Monagas, Anzoátegui, Carabobo, Zulia, Falcón, Táchira, Mérida, Lara, Trujillo, y Yaracuy, donde los extranjeros hacían todo a sus antojos. Pero la fobia de la oligarquía contra la patria no se detuvo, en 1912 la Caribbean Petroleum Corporation, subsidiaria de General Asphalt Co inc, recibió una concesión que cubrió 27 millones de hectáreas más, quedando la explotación de los recursos petroleros de Venezuela en manos de la Anglo Holandesa Royal Dutch Shell, y la Standard Oíl de los Estados Unidos.
En 1913 la Caribbean Petroleum perforó el pozo Barbabui I y un año después, en la costa oriental del lago de Maracaibo, el pozo Zumaque nº I, permitiendo el descubrimiento del primer campo venezolano de importancia mundial, el campo Mene Grande. Los gringos aprovecharon la debilidad de carácter añadida a la baja tasa moral de la oligarquía para adueñarse de las riquezas de Venezuela. Perforaron el yacimiento El Barroso 2 en el Estado Zulia, causando devastadora contaminación ambiental por el derrame de casi 2 millones de barriles de petróleo, que arrasó muchas especies subacuáticas del Golfo de Maracaibo, sin protesta de la oligarquía, que veía cómo zarpaban los petroleros en tropel desde la refinería San Lorenzo hacia los Estados Unidos.
Pero fue en 1958, mediante el pacto de Punto Fijo, cuando adecos (Acción Democrática) y copeyanos (Comité de Organización Política Electoral Independiente) consolidaron su confabulación para repartirse el país. El puntofijismo fue el convenio más antidemocrático y excluyente pactado por la oligarquía, dejó al margen la participación de otros partidos en los asuntos que definía el interés nacional y se reservaron la potestad de festinar los recursos naturales de la nación sin polemizar con ninguna voz disidente.
Prueba de ello, el primero de enero de 1976, el presidente Carlos Andrés Pérez engañó al pueblo venezolano y a la opinión pública internacional, aparentando un viraje político hacia una vertiente nacionalista con la que decretó la “nacionalización” de la industria del petróleo. Pero sólo nacionalizó las exploraciones geofísicas, el proceso de perforación y el de extracción, mientras dejó como en manos privadas la exportación, el proceso de refinación y la comercialización. Es decir, entregó el petróleo en barriles de diamante y cedió a la voracidad del imperio la cuenca Barina-Apure, abarcando una extensión de 87.000 k2, la cuenca oriental, Monagas, Guárico y Delta Amacuro cuya extensión cubrió 153.000 k2, y la cuenca Tuy-Cariaco, un territorio de 14.000 k2. De los 916.445 k2 que integran la vasta geografía venezolana, la oligarquía apátrida logró vender 297.000 k2., donde los gringos establecieron su república independiente.
En 1979, cuando el ayatolá Jomeini decidió cerrar los grifos de petróleo hacia Estados Unidos, después del derrocamiento del Sha de Irán, Luis Herrera Campins – del partido COPEI -, y recalcitrante agente de la rancia oligarquía venezolana, en forma sumisa, entregó a los gringos 55.314 K2 de la faja petrolífera del Orinoco, para suplir el petróleo iraní reducido repentinamente a tres millones de barriles por día. Era tan evidente lo leonino de la propuesta hecha a la nación, que hasta un funcionario de alto rango de la firma consultora internacional, la Parsons Brinckerhoff, contratada por el gobierno para asesorar a la empresa estatal en el proyecto, recomendó descartarlo por ser contrario a las conveniencias del país. Pero pudo más el poder y control del imperio que los conceptos técnicos.
Esa fue la magnitud de la entrega de las riquezas del país en la faja petrolífera del Orinoco, por quienes hoy lanzan críticas y diatribas contra la política del presidente Chávez, que, a través de la nacionalización y la expropiación, está recuperando las pérdidas que sufrió Venezuela por causa de un puñado de entreguistas. Estos mismos señores pretenden regresar al poder en las próximas elecciones, convencidos de que al pueblo venezolano ha olvidado ya que fueron ellos los que gestaron la estocada final contra la patria, a través de la “Agenda Venezuela”, que contemplaba la privatización de todas las empresas públicas, entre ellas, SIDOR, CANTV y CADAFE, que pasarían a manos gringas y magnates de la oligarquía nacional.
10 grupos financieros de Canadá, Noruega, Japón, Inglaterra y Estados Unidos estaban interesados en licitar. A bajos costos, producirían aluminio primario a menos de US$ 1.000 tonelada, por estar ubicada la empresa en el puerto de ciudad Guayana y disponer de suministro abundante y barato de gas natural y electricidad. Además, tendrían acceso a sustanciales reservas de bauxita. La subasta de la Corporación de Aluminios de Venezuela s.a, la cual agrupa 4 empresas: Alcanzas, Venalum, Bauxilum, Carbonorca, prevista para el 26 de marzo de 1998, se habría constituido en la segunda gran estafa del año en Venezuela, dejando su economía en riesgo de recesión económica. El precio base de compra se calculaba alrededor de US$ 2.000 millones, 48% menos de su valor real, delito tipificado “Lesión Enorme”, traición a la patria.
Actualmente el gobierno Bolivariano centra su política en recuperar las empresas irresponsablemente privatizadas por la oligarquía apátrida, entre ellas, las minas de oro y las reservas internacionales. Y mediante la expropiación, reconquistar la integridad de la patria vendida al capital internacional por una camarilla de gobernantes corruptos, que andan en campaña electoral para volver a hacer de la patria su propio negocio sometiéndola al pillaje filibustero.