
Las cárceles Colombianas están hacinadas por presos que han robado o intentado comerciar menos del millón o sus equivalentes en hurtos, drogas, etc. Estos detenidos son el gran componente de la población carcelaria de Bellavista, nos atrevemos a decir que el porcentaje aproximado del 60% de estos 7.000 internos son pobres que han vivido del rebusque, producto del desempleo, y son la mayor cantidad de los reos de las cárceles colombianas. Pero, ¿adónde van los Nule, los funcionarios corruptos, los militares de los falsos positivos y los ex – ministros como el fascista de Andrés Felipe Arias?
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Estos corruptos delincuentes de cuello blanco van a sitios escogidos por ellos; pabellones especiales de cárceles, cantón norte o a la bacana “catedral resort” de Tolemaida. Allí todo está permitido: visitas 24 horas, salidas sin control, negocios, orgias, fiestas, médicos particulares, comida especial, en fin, una situación privilegiada para un delincuente “fino”, que se roba billones de pesos en contratos, chanchullos, serruchos; dineros del pueblo colombiano que no se orientan para obras o servicios para los que deben destinarse.
Estos “pillos” no roban al Estado, roban al pueblo Colombiano, se roban los dineros de la salud, las obras, la educación etc. Es decir, no permiten el bienestar que debe brindar el Estado a sus conciudadanos.
Pero esta situación no es nueva, sólo que ahora tocó fondo. Se destapó la olla podrida sobre todo en los últimos ocho (8) años del gobierno de Uribe Vélez, donde todo fue permitido. Este “culebrero” con cínicas referencias y burlas ha defendido a sus secuaces como el más ponderado jefe mafioso de una banda a sus caídos en desgracia. ¿Cuántas ollas podridas faltan por destapar en esta Colombia? Son innumerables en los robos millonarios, presupuestos y gastos del INPEC, de todos los ministerios, de todos los departamentos administrativos, de todos los departamentos y municipios del país.
Allí han comido los grandes: políticos, empresarios, altos mandos militares, ministros, grandes terratenientes, grandes comerciantes, mafiosos, todos ellos con el paramilitarismo de por medio.
Brinca Uribe a defender a sus consentidos. Todo esto ha sido con el consentimiento de estos jefes políticos de extrema derecha que también salieron a defender, desagraviar y rasgarse las vestiduras por los para–políticos, los altos mandos militares y paramilitares, como Rito Alejo Del Rio.
El robo millonario al Estado se traduce en la mayor miseria del pueblo colombiano, la sangre del desaparecido, desplazado, por todos estos ladrones, y sicarios de cuello blanco que, además, deben responder por delitos de lesa humanidad. No son hechos aislados, todo está ligado, conectado, y la cuerda la tiene agarrada desde la presidencia de la república la clase que detenta el poder.
Los criminales y ladrones de cuello blanco tienen que responder por sus actos, dejar sus cómodos puestos en la diplomacia colombiana, donde han sido asignados para ocultarse y como premio a sus desafueros contra los colombianos.
Si hubiera realmente justicia y no sólo para los de ruana, para los más pobres y desprotegidos, las cárceles no tendrían hoy 100.000 o más internos, sino por lo menos 300.000 delincuentes de cuello blanco, como Arias y su combo, su “bacrim”.
Pero el Estado presenta como gran crimen el robo de un celular, o el transporte de algunos gramos de bazuco o marihuana; los crímenes económicos, políticos y militares contra los colombianos cometidos por la delincuencia estatal son premiados con condenas irrisorias, cárceles especiales y acondicionadas y dejando siempre la duda de su actuación para que cuando salga de la cárcel demande al Estado; continúa robando billones, haciendo parte de los viejos y nuevos partidos políticos y de este gobierno que entrega nuestro país a la voracidad trasnacional. Este es otro gran robo y saqueo billonario de los recurso de los colombianos que merece un capítulo especial.
No más pobres a las cárceles, esta no es la salida de la sociedad a su desbarajuste, contradicciones y desigualdad social. No más cárceles, no más aumento de penas y delitos nuevos, esta no es la solución. Se necesitan cambios de fondo, radicales para que nuestro pueblo no se desgaste más moral y socialmente.