
Entender qué sucede realmente en Libia, representa para muchos algo así como un enigma de difícil comprensión, un asunto casi indefinible y muy complejo. Y es que, si somos reflexivos y disfrutamos de eso que llaman memoria, recordamos que ya habíamos pasado hace exactamente ocho años por una invasión parecida: la de Irak, la cual, tal como hoy sucede con Libia, estuvo acompañada por una amplia y confusa información periodística acusándola de tener armas de destrucción masiva con el ánimo de justificar tal agravio; después, obviamente, quedó en evidencia que tal acusación era una terrible mentira. Pero como siempre, ya no se podía hacer nada, y todo iba camino del olvido.
{jcomments on}
Sin embargo, el caso libio parecía asemejarse a algo real en tanto por muchos años habíamos escuchado hablar cosas terribles de Muammar Al Gaddafi, del cual sólo faltó conocer que era antropófago, como acusaron falsamente a otro africano estorboso, ugandés para más señas, el tal Idi Amín Dada por allá en el año 1979. Ahora, posmodernamente ya hablaban de la "intervención humanitaria" o "responsabilidad por proteger", algo con mejor sabor, pues esas mismas cadenas aullaban, sin estar presentes en el terreno de los hechos, que el ejército gaddafista había asesinado cruelmente a más de dos mil personas en Benghazi, en febrero de este año. Lo cierto es que el clímax de la conspiración occidental se había alcanzado con todo el lujo de detalles en Octubre de 2010, cuando extrañamente el jefe de protocolo de Gaddafi, Nuri Mesmari, desertó en París.
Para todos es claro que las guerras tienen dos teatros de operaciones: el real, el de la acción propiamente dicha, y el mediático, el cual a veces hace más daño que el primero. Hemos escuchado y visto hasta la saciedad las "atrocidades" del régimen, pero ¿ustedes saben que la represión en Bahrein, un emirato de la península arábiga protegido por Estados Unidos alcanzó, en la misma época de los alzamientos en Túnez y Egipto, niveles inhumanos, con más de mil muertos y desaparecidos, además de torturados, entre ellos una poeta de renombre ¿Y sabían que lo único que estaba solicitando la mayoría chiíta a la familia Khalifa era la ampliación de las libertades civiles, y en el fondo quizás la desaparición de la monarquía?
No, no lo escucharon ni lo escucharán, porque la V Flota yanqui está atracada allí; porque ese reino es protegido por la OTAN y porque Arabia Saudita, o el reino de la Casa de Saud que es el reino troglodita más violador de los derechos humanos del Medio Oriente y quizás del mundo, pero, a su vez, el mayor proveedor de petróleo de excelente calidad a Occidente, es quien envió a su ejército para las respectivas masacres en esa nación.
Por casualidad ¿Ustedes vieron en televisión alguna noticia que nos informara del nivel de vida que se respiraba en Libia? Pues les cuento que “la Libia de Gadafi era el único país africano con un índice de desarrollo humano similar al de cualquier país de Europa, con un ingreso per cápita aproximadamente de unos 13.000 dólares estadounidenses, una esperanza de vida al nacer de 77 años, una población de apenas 6.530.000 habitantes en un vasto territorio con 1.759.540 km², con un índice de pobreza que no llegaba al 5% y tenía una tasa de alfabetización del 83%. Además, Libia tenía un jugoso producto interno bruto de unos US$ 76.557.000.000” (1) logrado con el petróleo y un juicioso manejo de las finanzas, el gobierno daba un firme apoyo estatal a cada familia para adquirir vivienda y se había conseguido que el precio de la gasolina fuera de los más bajos del mundo.
¿Y sabían que, como Sadam Hussein, Gaddafi amenazó con cambiar la base monetaria del África, saltándose el dólar y el euro y pasando al dinar de oro y que Sarkozy catalogó lo anterior casi como un atentado contra la humanidad? Pero a lo anterior se suma el hecho de que el gobierno de Gaddafi había planteado una vasta nacionalización del petróleo, una medida que iba de la mano con la apertura a la participación de China y Rusia en el negocio. También había impulsado algo que disgustó mucho a Washington: la aprobación por la mayoría de naciones del África de no dejar plantar bases militares norteamericanas o europeas en ese continente. Se opuso, pues, al Africom yanqui, el cual pretende instalar bases allí para imponer la supremacía occidental y así subyugar a esas naciones tan ricas en minerales y, de contera, dominar plenamente el Mediterráneo y cerrar la tenaza geopolítica con las siete bases yanquis en suelo colombiano.
Impulsó con tesón el banco de África, con las medidas propias para evitar que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial siguieran poniendo las manos sobre el continente. Para ello ya había hecho un aporte inicial de US$300 millones paralelamente con Suráfrica, intentando moverse al mismo tiempo al Banco del Sur de Nuestra América. Estimuló fuertemente la ASA, esto es, la Asociación América del Sur-África, y por supuesto, había sido un gran adalid de la tecnología autóctona para el África, con el lanzamiento en 2010 del primer satélite enteramente africano, pagado por africanos, para comunicaciones entre esas naciones.
Con Alemania estaba trabajando en uno de los proyectos más grandes y más ambiciosos del mundo, cuyo costo se acercaba a los US $25.000 millones: traer a las ciudades y pueblos libios, del mar de agua fósil más grande del planeta, ese líquido vital y alcanzar la soberanía alimentaria y más nunca tener problemas de agua, pues ese acuífero que baña a cuatro naciones, se supone de un volumen cercano a 150.000 km³, lo cual lo pone en la mira de las grandes potencias como un trofeo más de esta guerra sucia.
A estas alturas de la intervención colonial, la verdad casi no interesa porque todo apuesta a una mentira tan colosal que pocas personas en el mundo se atreven a protestar contra tamaño montaje, contra tan enorme mentira. El golpe contra Gaddafi fue planeado con mucha anterioridad, casi al mismo tiempo en que se atacó a Irak. Posterior a esta invasión, el imperialismo hizo un movimiento estratégico, llamando al régimen libio a invertir en las economías europeas, a desarmarse y a participar en la lucha antiterrorista mundial, cosas que se cumplieron casi que al pié de la letra. Quedó pues Libia, con un ejército pequeño, expuesta a la aviación imperialista sin defensas aéreas, las cuales eran vastas hace apenas 9 años y tal vez hubieran por lo menos dificultado las cerca de veinte mil misiones aéreas que acompañaron a los "bárbaros" rebeldes creados al son de las monarquías medievales árabes y de las agencias de inteligencia imperialistas.
La resolución 1973 de la ONU, de marzo 17 del presente año, que autorizaba únicamente la creación de una zona de exclusión aérea para dizque evitar el bombardeo aéreo y por ende la masacre de ese pueblo "desarmado", fue el santo y seña para reimpulsar esa visión estratégica del "Nuevo Medio Oriente" que por muchos años pregonó Condoleeza Rice, exsecretaria de Estado del gobierno de Bush II. Casi se puede asegurar que con la derrota de Libia se agilizan algunas de las herramientas imperiales no sólo en África, sino en el resto del mundo. Se da por descontado que amanecerá y veremos bases militares en ese país, certificando con ello una supremacía militar y una logística para el conjunto de las acciones de agresión que con toda seguridad se desarrollarán a lo largo y ancho de ese continente.
(1) Lic. Carlos Pereyra Mele, Argenpress