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Hacer nacer los cambios: Movilización Social, Solución Política y rupturas en el régimen

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Por: Julián Alvarán

Este artículo será presentado en varias entregas, con el propósito de abordar, o intentar por lo menos un análisis crítico de lo que significa y puede significar el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez. En el propósito de construir cambios que nos permitan una segunda oportunidad sobre la tierra y configurar el horizonte como nación colombiana. Al decir “crítico” no pretendemos simplemente “dar madera” sino valorar aspectos presentes en los hechos políticos, en las realidades en lucha, para reconocer tanto las potencialidades que este momento puede traer, como los riesgos, límites y atranques que suscita.

Esta reflexión parte desde una posición política de Izquierda anticapitalista, radical, y colectiva, que trata de reconocer que algo está cambiando en el escenario de la lucha de clases, que la realidad es dinámica, a la vez que se cuestiona sobre el sentido y alcance de lo que está cambiando, no porque haya que negarlo, sino porque la Utopía no puede morir en la falsa idea de que el sueño ya se ha logrado.

De cómo se logró el triunfo del Pacto Histórico

Hemos cumplido ya seis meses del primer gobierno de corte progresista, luego de más de 200 años de gobernabilidad desde las élites oligarcas que controlan el poder político, económico, militar y cultural de este país llamado Colombia.

El triunfo de la coalición del Pacto Histórico tanto para el Congreso de la República, como para la presidencia y vicepresidencia en cabeza del dirigente político progresista Gustavo Petro, y la líder ambiental, social y feminista Francia Márquez, fue posible como condensación de una serie de elementos que representan tensiones, disputas, procesos de acumulación, alianzas y cálculos pensados hacia el futuro. Vale mencionar algunos:

–  La indignación popular en ascenso durante la última década, con la explosividad de múltiples sujetos en lucha, trabajadores y trabajadoras, jóvenes, mujeres y sus apuestas organizativas feministas y antipatriarcales, campesinado, pueblos indígenas, afros, raizales, palenqueros, estudiantes, y ciudadanías en general, que se expresaron de manera potente en el Paro Nacional del 21N de 2019 y el levantamiento popular del 28A de 2021 es, quizás, el mayor detonante de lo que entre marzo y junio de 2022 se convirtió en la primera victoria popular en las urnas de los sectores democráticos, progresistas y las izquierdas de horizonte anticapitalista. El triunfo del Pacto Histórico no habría sido posible sin la Movilización Social contundente, beligerante, colorida, creativa y llena de rebeldía e indignación popular, que desbordó calles, plazas, parques, carreteras, tarimas y cuánto escenario de la vida social y cotidiana pudo irrumpir[1]. Ese hartazgo con la clase política de siempre, esa decisión de las mayorías de sepultar políticamente al uribismo, ese deseo inmenso por tener la posibilidad de vivir en un país con justicia, derechos, dignidad y paz, estalló primero en las calles, tumbando reformas, detonando una crisis parcial de gobernabilidad para Duque. Luego, ante el propio agotamiento de la movilización, y también con el oficio juicioso de quienes creen que el único camino válido para los cambios es “esperar a las elecciones”[2] y jamás cómo acción directa de las mayorías derrocando gobiernos (eso ni pensarlo, eso en nuestra democracia no puede ser), la indignación popular tuvo que aguardar y convertirse en votos que garantizaran por vez primera un triunfo electoral para los de abajo. Con la misma potencia con que las calles se desataron en protestas, revueltas y carnavales exigiendo derechos, se llenaron también luego de trabajo cotidiano para impulsar la campaña presidencial y vicepresidencial que hiciera posible alcanzar el triunfo el 19 de junio de 2022, de la mano de un programa de gobierno[3] que el Pacto Histórico presentó y que recogía muchas de las reivindicaciones más inmediatas de los movimientos sociales, y que ofrecía perspectivas para trabajar hacia mayores transformaciones.

– El carácter progresista y conciliacionista del líder referente de este triunfo electoral de Gustavo Petro, en un país donde las ideas revolucionarias, y por ende sus organizaciones, son estigmatizadas, violentadas, reprimidas, judicializadas, aniquiladas y desaparecidas. En el marco también de un conflicto social y armado que pese a sus causas y orígenes estructurales históricos y su nula resolución desde el abordaje de dichas causas, es utilizado también por los sectores de poder dominante, para profundizar el odio y la exclusión contra cualquier propuesta, forma organizativa o iniciativa surgida desde el movimiento revolucionario anticapitalista. En sintesis, en un país en el que las derechas han enseñado a odiar y negar a las izquierdas y sus propuestas de transformación estructural, que una fórmula política que aboga por la democratización de las instituciones, por las reformas en el marco liberal burgués, y por sacar la violencia de la política y generar condiciones de justicia social, haya logrado ganar en las urnas, es en sí una victoria popular que no se puede menospreciar; aunque insuficiente si lo que se quiere es vivir en una sociedad que no esté regida por los deseos del mercado, ni signada por la inequidad, la violencia, el colonialismo, el patriarcado y la explotación capitalista que, en últimas, hace imposible eso que se llama Vivir.

– Acuerdos con un sector de la clase dominante que le apuesta a la modernización capitalista[4] y sobre todo que quiere desmarcarse de uno de sus inventos y antiguos aliados: el uribismo. Estos acuerdos, más que por los votos que hayan o no puesto (algunos aseguran que no fueron tantos) se dan más en el marco de establecer unos mínimos de gobernabilidad; o dicho de otro modo, brindarle espacio no solo burocrático sino también político a representantes de la clase dominante[5] (los mismos de siempre), específicamente el Santismo (como expresión de la tradicional Oligarquía) a cambio de dejar gobernar a Petro sin desestabilizarlo o derrocarlo de entrada. A eso le apuntó Petro y por ello sin duda fue proclive a dichos acuerdos; sabía que necesitaba conciliar con los intereses de la clase dominante, y su carácter mismo se lo permitía, aunque eso significase arriesgar el alcance de las reformas que inicialmente se propuso.

– El desgaste político que hoy carga el Uribismo como proyecto de corte fascista, narcoparamilitar, y corrupto. La ilegitimidad en la que cayo el Uribismo, luego de casi dos décadas de “embrujo autoritario”, significaba a su vez un desgaste para el régimen en su conjunto, lo que obligó a un sector de la clase dominante (nuevamente, la tradicional Oligarquía) a alejarse paulatinamente del proyecto uribista -al cual parieron, forjaron y del que se sirvieron- para garantizar que las estructuras de clase se mantengan después que el Uribismo pierda su lugar como forma concreta que tuvieron las élites para ejercer el Poder. Ese mismo cálculo político del Santismo, de abandonar el barco uribista que se hundía, fue el mismo que los fue convirtiendo, paulatinamente, en artífices de una idea de progreso y democracia que les permitiera subirse en el tren de los cambios que representa Petro-Francia, para contener precisamente, cualquier posibilidad de cambios, o permitir aquellos que garanticen que el orden capitalista no se altere.

En tal sentido, podríamos considerar que ante lo que a inicios de 2022 parecía ser una victoria cierta de las clases populares, como síntesis y proceso de acumulación de los últimos años, un sector de las derechas asumió que lo único que podrían hacer ante un inminente triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez, era sumarse para contener, cercar y limitar cualquier posibilidad de que dichos cambios transiten hacia un horizonte transformador anticapitalista, y de paso cerrarle caminos al incómodo amigo de antes (Uribe) y sentar las bases para que luego de fracasado (lo que pretenden) el gobierno de “izquierda” (que así lo llama su narrativa) el cauce normal de la gobernabilidad y el Poder se mantenga en manos de los de siempre, esa tradicional Oligarquía. Nada menos que eso es lo que está en juego en el tablero político.

La anterior referencia a factores que hicieron posible el triunfo de Petro y Francia considero claves comprenderlos, profundizarlos, polemizarlos, para  comprender también las expectativas, esperanzas e incertidumbres, y desde luego para poder dilucidar los retos, riesgos y horizontes que nos quedan a las clases populares, a los movimientos sociales y las izquierdas[6] para que este momento político inédito pueda significar de verdad una oportunidad histórica para ganar el derecho a vivir en paz.

 

[1] A propósito se puede profundizar en https://cedins.org/index.php/2022/04/05/28a-siempre-presente-notas-acerca-de-la-disputa-ideologica-en-la-revuelta/

[2] https://www.google.com/amp/s/www.eltiempo.com/amp/politica/partidos-politicos/petro-dice-que-manifestaciones-debieron-suspenderse-al-levantar-la-tributaria-586840

[3] https://gustavopetro.co/programa-de-gobierno/temas/

[4] Se pueden analizar algunas notas de prensa que dan cuenta de los acercamientos y posturas que el Santismo como expresión de clase dominante, ha tenido con Gustavo Petro y que, posteriormente moldearon acuerdos que significan cuotas burocráticas y maniobrabilidad política. Así mismo, algunos artículos refieren cómo se están desarrollando las agendas y ya IA donde apuntarian algunas reformas:

https://elpais.com/america-colombia/2022-09-18/juan-manuel-santos-el-gobierno-de-petro-esta-bien-orientado-pero-le-falta-rigor-y-metodo-y-tambien-afinar-las-narrativas.html?outputType=amp

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[5] https://www.portafolio.co/amp/economia/gobierno/las-personas-que-gustavo-petro-ha-nombrado-para-su-gabinete-567806

[6] https://www.centropraxis.co/post/crisis-de-la-democracia-progresismo-y-salida-popular-a-la-crisis

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