Edición 174 – Julio 2023MemoriaMovida SocialPeriferia Feminista

¿Es el momento de volver al Movimiento Social de Mujeres Contra la Guerra y Por la Paz?

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Por María Cristina Obregón

De cara a la participación en los procesos de paz, quisimos conocer los aprendizajes de las mujeres y sus organizaciones en la consecución de la paz. En esta entrevista, Yolanda Becerra Vega, directora de la Organización Femenina Popular (OFP), nos compartió su análisis del momento político, los diálogos y negociaciones con el ELN y grupos armados; y la intención de reactivar en los territorios el Movimiento Social de Mujeres contra la Guerra y Por la Paz.

¿Qué es el movimiento social de Mujeres contra la guerra y por la paz y de que experiencias se alimenta?
El movimiento nació en 1996, y hasta el 2007 tuvo una vida activa. Logramos que a través de la movilización se diera un ejercicio político simbólico de las mujeres. Este movimiento nació en Barrancabermeja y Magdalena Medio desde la Organización Femenina Popular. El movimiento empezó a caminar por el rio, las carreteras, las calles, los municipios y trascendió a otros departamentos, volviéndose un movimiento nacional, que trascendió a un escenario internacional; respaldado por el movimiento de Mujeres de Negro, plataformas de paz de mujeres a nivel internacional, embajadas y agencias de cooperación internacional.

A nivel nacional el movimiento logró ser parte de la vida de un centenar de organizaciones de los territorios, del país y del mundo, por ejemplo Ruta Pacifica, IMP, Red de Mujeres, Mesa de Mujeres y la OFP. Ese ejercicio lo hicimos a través de reuniones, encuentros y movilizaciones. Posicionamos la consigna: ”Las mujeres no parimos ni forjamos hijos e hijas para la guerra”. Ese fue el antecedente del movimiento, en el que logramos construir una agenda común para las mujeres en los distintos territorios y departamentos; que recogió las distintas corrientes feministas en una dinámica articuladora en contra de la guerra y en favor de la paz.

¿Que recuerda acerca del contexto en el que surge el Movimiento Social de Mujeres por la Paz y en contra de la Guerra?
Surge a comienzos de la primera década del 2000, en un contexto de agudización del conflicto armado. Colombia es un país de regiones, en el que la guerra presentaba algunos aspectos diferentes, pero había un elemento común y era que el conflicto armado se estaba llevando a los hijos e hijas que parimos las mujeres. Ese ejercicio de vida, de los vientres de las mujeres, del corazón de las mujeres que parimos con tanto amor, que parimos con tanta esperanza para un presente y futuro del país, eran los que se estaban enterrando, eran los que se estaban desapareciendo, eran los que estaban reclutando, eran los que estaban cayendo en las calles, en los ríos. En ese punto común, las mujeres rechazamos la guerra y exigimos la paz para que nuestros hijos e hijas puedan vivir con dignidad.

También ha sido un elemento común en relación a cómo definimos la paz. No estamos hablando solo del silenciamiento de fusiles, también exigíamos una paz con dignidad, una paz con derechos, una paz con transformaciones sociales, una paz con respeto y dignidad para las mujeres y los territorios, por ende, un respeto para todo lo que genera vida y lo que es vida.

¿Qué razones tienen las mujeres y las organizaciones sociales de Barrancabermeja y el Magdalena Medio para impulsar un nuevo ciclo o reactivar el movimiento social de mujeres por la paz?
Son las mismas razones de siempre: las mujeres parimos la vida para la vida, pero también somos las mujeres las que mantenemos la esperanza de tener derecho a un país tranquilo, digno, libre de violencias, a un país con derechos. Es un sentido de la vida no solo para nosotras, sino para los otros y otras; ese sentido de la vida para construir presente y futuro para nuestros hijos e hijas. Ninguna mamá, ninguna mujer concibe la vida a través de la muerte, pero tampoco concebimos la vida sin los derechos. El trabajo que hacemos es permanente, somos constructoras de vida y de paz en medio de la guerra, tenemos capacidad para construir vida y paz en medio de las grietas de la muerte.

¿Por qué las mujeres siempre han abanderado las movilizaciones y la lucha por la paz en Colombia y el mundo?
Tenemos un sentido de la vida, la concebimos de manera diferente. Para nosotras la vida es integral, esto nos convence y nos lleva a definir que la paz sin las mujeres no va a ser posible, ni es completa. Pero cuando hablamos de participación también creemos en que no debe ser por cumplir la norma, debe ser real, lo real implica que la palabra debe conducir a la acción concreta, una acción transformadora. No queremos un lugar en la mesa, queremos reordenar la mesa con nuestra presencia e imprimirle el sentido y las miradas de las mujeres en torno a los caminos de la paz.

Las mujeres nunca nos hemos quedado sentadas, o hemos esperado que nos regalen los espacios, entendemos los espacios como un derecho que hemos conquistado en la lucha. Esa visión de la vida, ese sentir de la vida diferente esa manera de vivirla diferente, es el componente que podríamos añadir en la mesa de diálogos, en las mesas de negociación, en las mesas de construcción de la paz.

Creemos que la participación de las mujeres tiene que darse desde los territorios, desde la cotidianidad y desde la realidad, teniendo en cuenta los contextos, porque este país es un país de regiones, de mundos rurales y urbanos.

¿Qué aprendizajes ha dejado a las mujeres y a las organizaciones, la participación en la lucha por la paz?
A la OFP nos ha permitido el reconocimiento social y político en la región, a nivel de país, y del mundo como autoridad política en la lucha por la defensa de la paz y la permanecía en el territorio.

La paz se construye con otros y otras, se construye desde abajo hacia arriba, al interior de la casa, en el territorio, en las regiones y en el país. Hoy reconocemos que la paz es un proceso, no es un decreto, no es la firma plasmada en un acuerdo. El decreto y la firma son un medio para facilitar esa construcción cotidiana, esa construcción desde lo pequeño a lo grande, esa construcción desde lo público, lo sectorial, lo regional, desde donde se construyen y proponen agendas.

El otro aprendizaje es que nuestras agendas surgidas desde el feminismo popular deben articularse a las distintas agendas de los movimientos y sectores sociales; tomadas del alma y la vida de los territorios, desarrollando el diálogo con otras y otros, reconociéndonos mutuamente para poder construir y transformar los territorios.

Para hablar de paz y construir paz tenemos que partir de que no podemos concebir la vida de manera clasificada, ni podemos justificar la muerte por ningún aspecto. Tenemos que tener una postura clara frente a la guerra y frente a la paz, en donde la vida está por encima de la muerte. El otro tema es el reconocimiento, la construcción y la deconstrucción de instituciones, que permita garantías para la vida. Es fundamental que se de-construya la institucionalidad y sus relaciones de poder permitan en realidad el empoderamiento popular.

¿Considera que el nuevo Gobierno proporciona mejores condiciones para un ejercicio exitoso de negociación con el ELN y de acuerdos con los demás grupos ilegales?
Yo creo que al tener un Gobierno puesto y garantizado desde el pueblo, en un voto popular y con una agenda y una propuesta para el pueblo, creo que podría y debe ser una garantía para las condiciones de negociación con los actores armados. Colombia ha tenido muchos ejercicios y escenarios de paz, por lo que también debería ser un ejercicio útil para recoger esas experiencias y poder construir metodologías que permitan garantizar la paz en el tiempo, unos ejercicios que permitan las garantías para el actor armado que negocia, y para la sociedad civil, las mujeres, los territorios. Ese aprendizaje debería ser un punto de partida, que este Gobierno debe concretar en unos acuerdos de Estado, y no sólo de Gobierno. Los gobiernos pasan cada cuatro años, eso hace que estos procesos se aborten rápidamente.

¿En que está centrada la esperanza de las mujeres y de las comunidades populares sobre lo planteado por el actual Gobierno?
Creo que está centrado en las transformaciones sociales, en las garantías que se puedan establecer a través de lo institucional para garantizar la vida, en los compromisos que se hizo antes, durante y después de haber ganado a través del voto popular, en la esperanza que tiene el pueblo y las mujeres de que esto sea posible y sea una realidad. Tenemos la capacidad y la fuerza para exigirle al Gobierno el cumplimiento de las agendas y de los compromisos para la paz. Tenemos la experiencia en la organización y la resistencia popular, esa gran riqueza nuestra nos ayudará para mantener la crítica y la voluntad de exigir los cambios. Como pueblo tenemos la capacidad de acompañar al Gobierno, sin olvidar que queremos ir más allá de lo que está propuesto en estos cuatro años.

Para tener un Gobierno al servicio del poder popular, nos corresponde juntar las agendas y los intereses como pueblo, fortalecer la organización autónoma, mejorar la capacidad de movilización en aras de hacer visibles las banderas populares.

Somos un proyecto de Comunicación Alternativa y Popular.

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