Edición 48 - Febrero 2010

Medellín cada vez más caliente

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Calor sofocante y calor que desangra. Imagen que a diario viene sacudiendo a esta ciudad que registró el año pasado 1432 homicidios, situándola entre las diez ciudades más violentas del mundo, según estudio realizado por dos ongs de México (Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal y Movimiento Blanco). Todo esto contrasta con la ciudad que pareciera florecer con progreso y desarrollo, según lo quiere mostrar la administración de Alonso Salazar con su objetivo más próximo: los juegos suramericanos. ¿Qué está pasando realmente en la ciudad? Echemos un vistazo a la cotidianidad.
No dejan vivir ni trabajar
Ya es la segunda vez que penetran balas de plomo a su casa. Han entrado por la tienda, aquel lugar donde se suda cada día su sustento doña Lucy y donde habita con su familia; los suyos han logrado estar de buenas pero sus vecinos no pueden contar lo mismo. El recuerdo que más la ha marcado con esta ola de violencia la lleva hasta mayo de 2008, cuando en plena tienda fue acribillado un muchacho de 19 años, a tan solo 1 metro de distancia de ella sin que quedara herida, a pesar de siete tiros empacados al pelao.
Desde ese día se siente maluco ir a la tienda de doña Lucy. Ya no es el mismo parche en el que los pelaos se encontraban para tomar fresco y charlar sobre sus vidas ni los viejos van en las noches a cervecear para refrescarse luego de sus jornadas laborales. No han parado de dar bala en esa esquina de Castilla, al noroccidente de Medellín. Ahora a doña Lucy se le ha sumado el cobro de vacunas de parte de una de las bandas que se enfrentan con los de la cuadra con el propósito dizque de “brindarle seguridad”. “¿Y de quién me van a cuidar? ¿De ustedes mismos?”, les responde doña Lucy, que aun, a pesar del peligro, no ha sufrido ningún atentado por negarse en algunas ocasiones a “colaborarles con la plática”. Otros no han contado con la misma suerte: a algunos tenderos y conductores del transporte público del barrio les cobraron con la vida por no cooperar. 
Es por eso que Doña Lucy se siente acorralada e insegura. No confía ni siquiera en las autoridades estatales porque ve que, en vez de poner solución a la situación, la han puesto en peligro. Ella fue requerida para rendir indagatoria por el caso del pelao asesinado en su tienda; en la audiencia el fiscal le exigió que señalara al autor del asesinato. Ella, con el temor de sapear, se veía entre la espada y la pared. Sabía que de acusarlo iban luego a cobrárselas, pero el fiscal en tono amenazante y acosador la atemorizaba más. “Recaerá la responsabilidad en usted si no declara”. Ante lo dicho por el fiscal, ella recordó a sus hijos y a su nieto, “¿que será de ellos si lo acuso?”, se dijo a si misma. “La imagen que tengo de esa persona es confusa”, dijo en la audiencia. “En el momento de iniciarse los disparos yo me agaché inmediatamente y cerré los ojos. No le puedo decir nada más porque no lo vi bien. Además, en ese momento la tienda estaba llena de gente y yo estaba concentrada en atenderlos”.
Doña Lucy no se arrepiente de haber dicho esto. Por un lado las autoridades no la volvieron a requerir y los de la banda rival no la han molestado por este hecho; es el caso contrario de algunos que testificaron y señalaron al autor del asesinato y por esto fueron amenazados. Unos se fueron del barrio y otros andan escondidos en sus propias casas, acorralados e inseguros, todo por sapos. Y el sindicado del asesinato fue puesto en libertad meses después.
Frente a los lobos
Otro caso, que no es ajeno al común cotidiano, se presentó en el barrio Aranjuez. Sergio y Lucas caminaban por la calle de Los Álamos. No importaba la inclemencia del sol del mediodía, por la trabita valía la pena ir a mercar a la plaza. Era la primera vez que Sergio iba a esta plaza y solo Lucas conocía al jíbaro. Una corte de “liendras” los observaba y de ahí salió uno a preguntarles que querían. “Déme esto en bareta”, le dijo Lucas mostrándole el dinero. El jíbaro lo tomó y fue a sacar el moño del escondite y luego procedió a entregárselos. Sergio se impresionó cuando vio la bareta, no se imaginó que le fueran a dar tanto y no sabía en dónde encaletárselo. Cuando salían de la plaza… ¡Quietos! Los tombos los pillaron con las manos en el moño. 
Sergio y Lucas sintieron que las güevas se le subían a la garganta. “Y ahora qué hacemos”, se preguntaban a sí mismos. “Muy bonitos. Díganos quiénes le vendieron si no quieren ir a la cana”. Con esta amenaza de los tombos, no sabían qué hacer. Por un lado, los tombos se la pusieron difícil y la corte de “liendras” no les quitaba la mirada de encima haciéndoles señas de “ojo con sapearnos”. Lucas, más asustado que Sergio, los señaló. Inmediatamente los tombos se montaron a su moto y se abrieron del lugar, los dejaron en la boca del lobo inesperadamente.
“Esa corte se dejó venir y nosotros al pique porque nos iban era a matar. A Lucas lo alcanzaron y qué pela le dieron, pero yo continúe corriendo sintiendo lástima por el pelao hasta que a mí también me cogieron y eso eran por lo menos cinco que me daban puño y pata. Pero en un descuido de los manes aproveché y corrí de nuevo, con la suerte de que ya no me siguieron”.
Panorama desconsolador continúa a la vista
$320.000 millones invertidos en obras para los juegos suramericanos. A casi un mes de iniciarse las justas, el presidente Uribe anuncia conformar una red de estudiantes informantes a sueldo de $100.000 mensuales como estrategia para combatir la ola de violencia en la ciudad. El ocho de febrero se anuncia tregua entre las facciones de “La Oficina” lideradas por Maximiliano Bonilla, alias “Valenciano” y Erick Vargas, alias “Sebastián”, que se disputan el poder y el control criminal; con todo esto, a la ciudad la tratan de hacer florecer en medio del caos y una guerra sofocada ¿A que huele este panorama?… 

EDITORIAL No.48 Uribe se va, pero deja un país herido

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