
En Medellín se acaba de realizar la séptima versión de la Feria Internacional Minera- Colombia Minera 2011, organizada por el Ministerio de Minas y Energía, la Gobernación de Antioquia y la Cámara Asomineros de la ANDI, del 31 de agosto al 2 de septiembre en la Plaza Mayor de Convenciones y Exposiciones. La feria contó con la participación de más de 20 países, más de 290 empresas inversionistas y más de 15,000 visitantes – 10 veces más que hace cuatro años, lo cual lo hace el evento minero más asistido en el mundo después del evento de Toronto. En la hora del cierre de feria, se habían hecho negocios por 350 millones USD, la mayoría sobre minas de oro.
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Estratégicamente, el evento fue muy importante para el gobierno de Colombia – el presidente Santos ha manifestado que su plan de desarrollo se basa en cinco locomotoras que jalonarán la economía – una de ellas es la minería. Según Sergio Restrepo, presidente de Asomineros de la ANDI, en 2010 la exportación minera de Colombia equivalió a 9 billones USD, 23.7% del total exportado, y Colombia contó con 2.05 billones USD de inversión extranjera directa. Pero cabe destacar que un alarmante 85% de lo que Colombia vende al extranjero son bienes primarios, la mayoría de ellos controlados por compañías foráneas, que, por lo tanto, implica poco desarrollo económico para el pueblo colombiano a largo plazo.
La minería, y especialmente el oro, está en boom de exploración ahora en Colombia. El presidente de la compañía minera Goldplata, Georges Patrick Juilland, afirma que Colombia es el único país en el continente que no ha sido explorado en su totalidad, pero que tiene mucho potencial minero. “Colombia es un país muy rico en recursos y con muchas posibilidades, y en la última década las condiciones para la minería se han mejorado significativamente”, comentó Michael Titsl, geólogo alemán que lleva 20 años viviendo en Colombia.
Según Sergio Restrepo, la minería no es nueva para Colombia. Cuando llegaron los españoles, los indígenas tenían dos actividades principales: la agricultura y la minería. En el siglo 19, Colombia fue el país con más minería en América Latina y contaba con mucha presencia de empresas norteamericanas e inglesas. Según Titsl, disminuyó mucho la actividad minera en Colombia por dos razones principales: los bajos precios mundiales de minerales preciosos y el conflicto interno en Colombia – casi se acabó la minería en Colombia en los 50-. En 1980 sólo había dos empresas grandes mineras en Colombia: Cerrejón y Cerro Matoso.
Pero hoy muchos inversionistas y funcionarios esperan que ahora haya llegado la oportunidad para aprovechar más inversión extranjera y explotar el potencial de la tierra colombiana. Los precios de metales preciosos están más altos que nunca, el precio de oro rápidamente se acerca a $2000 dólares la onza, cuatro veces más que hace seis años. Según Titsl, los precios de minerales han aumentado tanto en gran parte por la evolución económica de China y el crecimiento de la población mundial, que se ha doblado en los últimos 40 años. Hay más necesidad, más consumo, un auge en construcción y demanda mundial de carbón, y por eso mucha especulación.
China y la India son los compradores más grandes de oro en el mundo, y según un informe en 21st Century Business Herald, un consultor del gobierno chino confirmó que el banco central de ese país planea comprar grandes cantidades de oro en los próximos años con el objeto de aumentar sus reservas, lo cual aumentaría aún más los precios mundiales. Por otra parte, el descenso de producción mundial de oro en los últimos diez años y la duradera crisis económica mundial han animado a los bancos centrales y a los inversionistas a comprar más. Por lo demás, el dólar sigue débil y la tasa de interés es casi cero, por eso los bancos centrales aumentan sus demandas de oro. Y es que el oro tradicionalmente ha sido más popular como moneda alternativa cuando las monedas tradicionales están en declive por varias razones: el oro es aceptado universalmente, es poco impactado por estancamientos en una sola economía, y el inversionista no tiene que preocuparse por la morosidad de deudores como con otras inversiones.
Es cierto que el precio del oro hoy está sustentado por la gran demanda provocada por las razones antes explicadas. Pero apostar un futuro prospero colombiano basado en una economía minera es riesgoso; y es que cada mercado alcista decae eventualmente. El mercado de oro estuvo decaído, por ejemplo, en los años 80 y 90, pero cambió en gran parte por los miedos económicos generados después del 11 de septiembre del 2001, cuando la gente y los bancos volvieron a comprar oro y otros minerales, para precaverse de posibles crisis económicas. En el largo plazo no se puede mantener los valores actuales tan altos. Los inversionistas extranjeros venderán sus minerales, pero ¿Qué hará el pueblo colombiano con sus tierras expoliadas y la poca producción interna real? Esto es lo que se preguntan con preocupación algunos economistas colombianos.
El dinero (o en su defecto el oro) no se come, dijo Juan Ceballos, uno de los varios manifestantes afuera de la feria. Mientras adentro de la feria, Eduardo Chaparro, director de la Cámara Asomineros de la ANDI decía que hasta el año 2020 se espera una inversión en minería en Colombia de 24.000 millones de dólares. Ceballos, un abogado ambientalista que ha llevado varios procesos judiciales contra multinacionales en Colombia, se encadenó en un árbol, y fue acompañado por otros ciudadanos convocados por las redes sociales, rechazando los impactos ambientales de la minería, el desplazamiento de fauna, eliminación de flora, contaminación de las aguas y las violaciones de los derechos humanos del pueblo colombiano. Entre los manifestantes, se encontraban algunos pequeños mineros asociados a la Confederación Nacional de Mineros de Colombia, que dicen que la legislación y el Plan Nacional de Desarrollo los desconocen y su actividad económica desaparecería y estaría controlada por las multinacionales.
No obstante, las reservas estimadas de oro en Colombia son de unas 25 millones de onzas, además de las reservas inmensas de otros minerales. Y a pesar de las expresiones de protesta de muchos ciudadanos y organizaciones populares, el gobierno mantiene en pie el plan de convertir a Colombia en un país minero. El gobierno colombiano ha entregado 9.000 títulos mineros, 30% en Antioquia, y hay 20.000 solicitudes de títulos mineros para unos 40 millones de hectáreas, es decir, alrededor del 35% del territorio nacional. El gobierno piensa otorgar a particulares, entre ellos varias transnacionales mineras, mínimo 18.000 títulos mineros en los próximos meses, según Francisco José Lloreda, el Alto Consejero para la Seguridad y la Convivencia. Por eso, Lloreda pidió que las empresas contraten directamente sus propias unidades de seguridad, pues el ejército nacional ya tiene 12.000 soldados en 12 batallones encargados de seguridad minera y energética, pero sería imposible para ellos cubrir todo el territorio de los nuevos títulos otorgados.
Pero esta estrategia propuesta por el gobierno produce todavía más temor en la población que no sólo verá arrasadas sus tierras, sino ultrajada su dignidad e integridad. Según muchos testimonios de organizaciones de derechos humanos, como Council on Hemispheric Affairs, la experiencia muestra que las unidades de seguridad contratadas directamente por empresas, llamados por muchos como paramilitares, han acosado a la población civil, los mineros locales y sindicatos, asesinado y despojado la población civil de su territorio, para servir los intereses de las empresas mineras. Y eso que la ocupación del ejército nacional en tales funciones tampoco ha sido, históricamente, garantía para el pueblo colombiano. Este es quizá el panorama más evidente que se abre ante la expansión de la minería en Colombia.