Edición 63 - Junio 2011

¿A dónde van los desaparecidos?

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Evelio nunca dijo: “…yo quisiera tener un millón de amigos”, pero tuvo un millón de amigos que hoy argumentan el valor de su gesta política. Defendió la lucha revolucionaria y el socialismo desde el momento que llegó a esta ciudad, procedente de su pueblo natal, Ituango, hasta el día en que cobardemente lo desaparecieron, el 4 de febrero de 2011, a la edad de 75 años en una calle céntrica de Medellín.

 

 

Su primo Leonardo, mediante un relato extenso, ordenado y conmovedor, describió para Periferia las sucesivas vivencias de Evelio:

“Conocí a Evelio desde el día que nació hasta esa noche nefasta cuando nunca más volvió a casa. Mi primo era el primogénito de dos hijos de mi tío Evelio Valle y Camila Lopera Builes. Te estoy hablando de los años cincuenta; en ese entonces la familia de Evelio tenía una vida desahogada, sin embargo, todos los niños comenzábamos a trabajar desde temprana edad. No había más qué hacer, no había escuela y el gobierno nunca se preocupaba por nada. Mi primo trabajó muy duro, desde los ocho años acompañó a mi tío a lidiar 15 y 20 mulas transportando carga hacia Toledo, San Andrés de Cuerquia y Valdivia, en jornadas que generalmente superaban doce horas de trabajo. Y el trabajo se complicaba en épocas de lluvias, las quebradas se desbordaban y tenía que esperar con las mulas, acosado bajo enjambres de zancudos hasta tres y cuatro horas para poder pasar.

Una tarde, antes de ponerse el sol, las tres o las cuatro tal vez serían (en ese tiempo la espesura de la montaña impedía el brillo del sol y comenzaba a oscurecer temprano), yo estaba, como de costumbre, sentado sin camisa en el corredor de mi casa, cuando de repente vi aparecer en la esquina un amigo de la familia que avanzaba en dirección hacia mi, seguido de su perro color amarillo y manchas semejantes a pringos de chocolate, que traía con una cabuya atada al pescuezo. Caminaba de prisa con sus ojos fijos en los míos, muy nervioso y con la lengua casi afuera me dijo que había dejado su mujer empacando las cosas porque la “chusma” conservadora llegaría a Ituango a las siete de la noche para quitarles la cabeza a todos los liberales. De inmediato, todo el mundo corriendo, comenzó a liar lo que podíamos traer. Tu no te imaginas cuánto dolor causó tener que dejar lo que tanto trabajo costó conseguir la tierrita, los animales y las cosechas que teníamos guardadas y en cultivo. Yo creo que en una hora mis tías recogieron a todos los “pelaos”, entre ellos Evelio, que vivía con ellas por haber quedado huérfano a temprana edad.

Aun tengo recuerdos del cambio de conducta de Evelio, comencé a observarla en una navidad, cuando en la mañana de un 25 de diciembre, no recuerdo el año, tomando café sentados sobre unos troncos de leña apilados al pie de un árbol corpulento y sombrío, que había en el patio, y en cuyas ramas colgaban nidos de pájaros y en su tronco zumbaba un enjambre de abejas, me dijo: yo no creo que el niño dios sea tan bueno como dicen, ¡mirá¡, ¡mirá¡ esos juguetes bonitos que el niño dios trajo a esos pelaos de las tiendas y a otros apenas les dio confites de anís.

El quería mucho a mamita, que se llamaba María Teresa Builes, y era “matao” trayéndole cosas de Valdivia, o de Toledo o de Cuerquia. Cuando llegaba decía: mamita, aquí están tus traídos. Pero algunas cosas no compartían; cuenta mamita que una noche al acostarse le dijo, “mijo” debes persignarte y rezar antes de dormir, para que los ángeles te acompañen, y él respondió: mamita pero con tu compañía y la de mis tías es suficiente, además, ¿quién se mete con “saltarín”? ¡si, o no saltarín¡, saltarín era el perro.

Cuando llegamos a Medellín, mis tías consiguieron trabajo y lo matricularon en el colegio Tomás Cadavid Restrepo, situado en el Barrio Manrique al lado de una quebrada de aguas cristalinas que bajaba de las montañas de Santa Isabel y donde hoy está la iglesia de Manrique; luego asistió en horas nocturna al Instituto Padre Villarraga, y finalmente terminó pagándose los estudios en una escuela barrial donde terminó 4º año de primaria y pasó derecho, antes de montar su tipografía por Veracruz, a trabajar en los telares de Vicuña. El trabajo tipográfico lo convirtió en lector compulsivo y enamoradísimo de la lectura, siempre andaba con libros en la mochila y leía mucho. Le gustaba regalar libros, a mi me regaló por primera vez, antes de su viaje a la Unión Soviética, El Manifiesto del Partido Comunista, muy encarretador por cierto. 

Sus dotes intelectuales le ganaron el privilegio de participar activamente en el Partido Comunista de Colombia –PCC-, ejerciendo función de secretario general regional. No sólo publicó artículos y libros en su prensa “Librería Astoria” y “Ediciones Pepe”, que funcionaba en Veracruz, sino que fue uno de los principales instructores de las escuelas políticas del partido, principalmente en temas económicos, políticos y sociales. Fue una de las pocas figuras insignes que sobrevivió al exterminio en masa de la Unión Patriótica – U.P –; la hermana que vive en Estados Unidos lo invitaba cada rato para que fuera a vivir a ese país, pero él me decía que Mariela y él políticamente no se la llevaban bien porque ella era del partido republicano”.

Mario calle, otro de los amigos que vio en Evelio ejemplo de dignidad erguida, no sólo coincidió con el relato de Leonardo, sino que hizo un aporte sorpresivo y revelador.

“Evelio era editorialista y editaba un periódico de izquierda que sostuvo hasta 1975. En el 69 me invitó para que lo asesorara, pues yo había adquirido mi experiencia trabajando en el Colombiano. También conocí su papelería del pasaje Escorial, situada en Boyacá con Carabobo y su imprenta donde tiraba sus propios libros.

Yo vengo oyendo que a Evelio lo desaparecieron el 4 de febrero, pero es que ése día el estuvo hablando con varios amigos en el pasaje “La Bastilla” y al día siguiente, 5 de febrero, asistió a una reunión del Polo. A él lo desaparecieron en la tarde después de esa reunión; además, desaparecieron con él a Walter, un amigo que lo acompañaba. Pero de Walter no he oído decir nada, y tanto él como Evelio siguen desaparecidos”.

Evelio fue crítico radical de la corriente “reformista”, colisionó con quienes creen que el capitalismo se puede ir mejorando de a poco; con los ilusos que sostienen que reforma tras reforma, los trabajadores podrán ir avanzando lentamente hacia una mejor sociedad. Pero defendió resueltamente la tendencia de carácter revolucionaria, que a diferencia del reformismo, aspira a cambiar de raíz la sociedad para acabar no sólo con la dominación y explotación, sino con el sistema económico. Su desaparición nos priva de un formidable luchador. Desde su imprenta proclamó a viva voz la verdad y cuestionó la injusticia. El espíritu y voluntad de este hombre, en defensa de los derechos colectivos, fue la fuerza que lo sostuvo. Seguramente Evelio lo desapareció el Estado, así como han desaparecido a miles de la U.P sin importar la edad.

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