
Raúl Alameda Ospina perteneció a una de las generaciones más brillantes que ha dado nuestro país, desde el punto de vista académico y revolucionario. Nos referimos a la generación de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna, Germán Zabala Cubillos, Luis Emiro Valencia, entre otros destacados intelectuales enemigos declarados de la injusticia social y fieles militantes de la vida. Como ellos, Raúl asumió desde temprano un compromiso con los pobres del país, que sólo fue interrumpido con su lamentable deceso ocurrido el primero de mayo de 2011.
El maestro Alameda había nacido en 1927 en Bogotá, en el seno de una familia humilde e influenciada por las ideas radicales del siglo XIX. Inició estudios de economía en la recién fundada facultad de economía, adscrita a la Universidad Nacional, haciendo parte de la primera generación de egresados de ese programa académico. Allí tuvo como tutor a uno de los más destacados pensadores socialistas del siglo XX colombiano (ampliamente desconocido en nuestro país), Antonio García Nossa.
Por esa misma época (década de los años cuarenta de la pasada centuria) Alameda inició su carrera política en el campo de la izquierda, vinculándose al Partido Comunista, en el cual militó hasta comienzos de los años cincuenta. Tuvo una destacada participación en los hechos del 9 de abril de 1948, a raíz del asesinato del caudillo popular Jorge Eliecer Gaitán. Ese día Alameda comandó un grupo de personas que logró tomarse la sede de la Radio Difusora Nacional, y desde allí se dirigió a los bogotanos para denunciar la acción de las fuerzas represivas y motivarlos a salir a la calle para desestabilizar el régimen oligárquico del momento.
En tiempos de estudiante de la Universidad Nacional fue un fogoso líder que participó en destacadas movilizaciones y desde allí ayudó a constituir la Acción Popular Universitaria (APU), expresión política integrada por universitarios de diversas instituciones académicas de Bogotá, y también por obreros y empleados públicos. Esta experiencia lo acercó a los trabajadores, convirtiéndose pronto en asesor sindical, siendo célebre su participación en la huelga de los obreros de Talleres Centrales de Bogotá, a poco tiempo de haber caído la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla.
Posteriormente, y en el agitado contexto político abierto por la triunfante Revolución Cubana (1959), Alameda se vinculó al Movimiento Obrero Estudiantil Campesino 7 de Enero (fundado ese mismo año), del cual llegó a ser su Secretario Político en la primera parte de la historia de esa expresión de la nueva izquierda colombiana. Desde allí desplegó una notable solidaridad hacia la Revolución Cubana, amenazada por el imperialismo gringo, siendo la invasión a Bahía Cochinos en abril de 1961, la muestra más clara de esa agresión.
Como un complemento al ejercicio de la política revolucionaria, Raúl Alameda dedicó enormes energías a estudiar el proceso de formación de la sociedad colombiana, desde la academia (como profesor en distintas universidades), o como director de la Asociación Colombiana de Ciencias Económicas, de la que fue su secretario perpetuo. Propósito que, por cierto, conservó hasta el último momento de su vida. De especial mención fue su interés por analizar el problema agrario en Colombia, al que le asignó un papel fundamental para explicar la crisis estructural que padece Colombia desde hace varias décadas.
En una entrevista concedida a Periferia hace unos meses, Raúl Alameda se refirió al problema de la tierra en el país, afirmando que “el latifundio, el minifundio y la dependencia externa constituyen el principal obstáculo para la ampliación de las fuerzas productivas y sociales de la nación. Han impedido el uso social y económico de los recursos naturales, le han negado el empleo a la población, han limitado al máximo las posibilidades de la industria, la ciencia, la técnica, la educación. Son factores determinantes del subdesarrollo, el atraso y la miseria, al extremo de que, si no se extirpan, Colombia no podrá pasar a un nivel superior de desarrollo”.
Los resultados de sus estudios sobre este y otros problemas de la vida nacional están consignados en los diversos libros de su autoría que fueron publicados, así como en las conferencias y artículos que pronunció o elaboró para revistas y periódicos de comunicación alternativa.
Del maestro Raúl Alameda Ospina podemos decir, recordando las palabras de José Martí: ¡Como se puso del lado de los débiles, merece honor!