Por Vito Apüshana

Una anciana wayuu nos dijo, hace un tiempo, que existe un animal entrometido entre nosotros… que es más terrible que el espantoso wanülüü ( espanto de la enfermedad. Espíritu de la calamidad), a ese animal lo llaman: Estado.

Ese animal es sordo… y ve de dos tonos… o blanco o negro… ¡kaatei! (interjección de llamado: hey, oiga…), viene devorando la anchura del territorio originario… Es invisible, pero se le alcanzan a ver los colores de sus deseos… y es blanco cuando quiere tomarse las riquezas de los nativos de la tierra.

Grande, invisible y sordo… canta como pájaro wului (pájaro turpial) ( cuando se acerca y al irse nos deja el orín de mapuro (mofeta, animal de orín putrefacto)… y repite como loro-karekare: “Las riquezas de estas tierras son de todos”… “Las riquezas de estas tierras son de todos”, pero no dice que las pobrezas de estas tierras son solo de nosotros.

No ha sido posible que respete el aire y los caminos propios de los wayuu, no ha sido posible que deje de cambiarnos el maíz sembrado por esta harina que nos atraganta… y nos cambia la palabra florida por unos papeles firmados que encierran promesas, que, luego, explotan como burbujas en el aire… y nos alejan de la calma de los montes.

La guerra de hoy no es entre flechas y balas… ¡Kaatei!, ahora tenemos una guerra entre proyectos económicos, que ellos llaman: “Desarrollo”, y los encuentros en los caminos, que llamamos: Apanapajaa (Nombre para identificar los encuentros casuales en el curso de camino) … que protege nuestra libertad de andar.

¡Kaatei!, pronto mil molinos gigantes reemplazarán las sombras verdes de los aipia (trupillos), mokooshira (guamachos) e ichii (dividivi)… y se convertirán en los nuevos espantos. ¿Qué haremos ahora?

Aumentan las sombras armadas en las trochas… llegan wanülüü-paramilitares, wanülüüguerrilla, wanülüü-narcotraficantes y aumentan los disparos de muerte, que dejan flores de sangre en nuestros territorios claniles… muchas flores de sangre convierten nuestros pocos huertos de vida en jardines de la muerte.

Aumentan los miedos en las calles y oficinas… llegan wanülüü-ladrones, wanülüü-funcionarios corruptos. El animal-Estado viene por más, sigue sordo y aumenta los encuentros de Hablar y No Escuchar… nos lleva a círculos de la Palabra, que nombra: “consulta previa”, entonces hablamos, otra vez, nos acercamos a su oído y allí sembramos semillas, semillas para nuevos frutos, semillas de Nuevo Acuerdo… para que la raíz llegue a los surcos de su corazón… pero, ahh, solo brotan piedras del olvido, en lugar de frutos del cumplimiento.

¿Qué haremos ahora?
La Palabra ha sido secuestrada… ¿Alguien ha dicho que la Wajiira ha sido tomada?… La han tomado fuerzas wanülüü de violencia y engaño; la han tomado fuerzas de hambre —de nombre “desnutrición”, de nombre “pobreza”—; la han tomado fuerzas de contaminación —de nombre “deforestación”; de nombre “desvío de aguas”—.
¿Seguirá, el animal-Estado, sordo a la Palabra que siembra, el acuerdo del respeto mutuo?

El pájaro iisho, que es el corazón alado wayuu, mide nuestra libertad en la extensión de su vuelo… antes era un vuelo largo… desde los cerros de Makuira hasta más allá de las cimas de Bañadero y los árboles sombríos del río Tapias, pasando por los cerros de Yoruma, Cocina y Epitsü.
¡Kaatei!, ahora, el iisho canta y vuela corto… Un bosque de molinos gigantes crecerá en este espacio de limpio azul.
¿Nos enjaulan la península con las barras de oro del “desarrollo”?

*Este fragmento hace parte del libro Recuerdo mi origen, publicado por la Comisión de la Verdad

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