Edición 181 Abril – Junio 2025Homenajes

Orlando Fals Borda: la construcción del poder desde abajo

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Por: Alfonso Insuasty Rodríguez

En el centenario del nacimiento de Orlando Fals Borda (1925–2008), se hace más urgente que nunca recuperar y releer su legado teórico, político y ético. En un contexto latinoamericano marcado por la persistencia —y sofisticación— de las desigualdades estructurales, el resurgimiento de discursos y prácticas neofascistas, y la creciente normalización de la represión estatal, el pensamiento de Fals Borda ofrece claves fundamentales para comprender, resistir y transformar estas realidades desde una perspectiva popular, emancipadora y territorial

Su pensamiento crítico no fue un ejercicio académico aislado, sino una práctica comprometida con las luchas populares, con una apuesta clara: construir poder desde abajo, desde la comunidad organizada, en dirección a un proyecto emancipador que él denominó socialismo raizal.

La tarea del movimiento popular: no resistir solamente, sino construir
Para Fals Borda, el papel del movimiento popular va más allá de la resistencia o de la mera reacción frente al Estado: debe ser sujeto activo de transformación estructural. Como sostuvo con claridad, “el poder popular no es el poder del Estado, sino aquel que se construye en las comunidades, con las comunidades, a partir de su propia cultura, saberes y aspiraciones” (Fals Borda, Descolonizar el saber: La paz y la organización popular. Ediciones Desde Abajo.). Esta afirmación, aún vigente, desafía los intentos de cooptación o de integración subordinada de las organizaciones sociales a las lógicas institucionales, sean lejanas o cercanas.

Desde esta perspectiva, la hegemonía se construye desde las bases, no como una copia de modelos externos, sino como producción colectiva de saber, organización y acción política que emerge de las realidades territoriales. La organización popular no debe confundirse con partidos, ni con gobiernos “progresistas”, pues –nos advierte Fals Borda– su naturaleza es profundamente subversiva, en el sentido de que busca transformar las raíces mismas de las relaciones sociales, económicas y culturales (Fals Borda, 1985, Ciencia propia y colonialismo. Ediciones Gatear.).

Territorio, identidad y socialismo raizal
Uno de los aportes más potentes de Fals Borda es su defensa del arraigo territorial como fundamento de la emancipación. En su propuesta, el territorio no es un simple espacio físico, sino un tejido vivo de cultura, memoria, lucha y saber. Las comunidades, portadoras de conocimientos ancestrales, campesinos y populares, son en esencia protagonistas de un proceso histórico que debe reconocerse en su complejidad.

El llamado “socialismo raizal” que propone Fals Borda implica pensar un modelo de sociedad justo, pero no impuesto, ni universalizado de forma abstracta. Se trata de un socialismo construido desde los saberes y prácticas locales, que respete la diversidad cultural y la autonomía de los pueblos (Fals Borda, 2003, El poder y el conocimiento en las comunidades populares. Editorial Leo.). Es una apuesta que combina justicia social con territorialidad, autonomía con organización, y que rompe con los moldes coloniales del pensamiento único.

Epistemología insurgente desde los pueblos
En una época donde el conocimiento sigue siendo monopolizado por las élites académicas o institucionales, Fals Borda nos recuerda que la ciencia no es neutral, y que el saber también puede ser una forma de poder.

Su propuesta de investigación-acción participativa no fue solo una metodología, sino un posicionamiento político que pone en el centro los saberes populares como herramientas de liberación. Para él, “el conocimiento nace en la comunidad, en sus prácticas, sus luchas y sus discursos, y puede convertirse en un elemento de resistencia y de emancipación si es apropiado por ellas” (Fals Borda, 1985, p. 144). Esta afirmación impulsa la creación de una ciencia desde abajo, que articule las voces silenciadas y las convierta en insumos para la acción transformadora.

La subversión ha de entenderse así, como estrategia legítima de transformación. A contracorriente del discurso hegemónico que criminaliza la protesta y santifica el orden, Fals Borda defendió la subversión como una forma legítima de transformación. No como violencia sin sentido, sino como ruptura creativa del orden injusto.

En su visión, la rebelión popular es una herramienta necesaria para descolonizar tanto la realidad como el pensamiento, para imaginar y construir alternativas que respondan a los intereses y valores de los pueblos. Este proceso apunta a la gestación de un nuevo orden social, sustentado en la autonomía, la justicia, la dignidad de la vida y el cuidado del territorio. Un orden que revalorice las culturas originarias, los saberes campesinos y las formas de vida comunitaria como pilares de una sociedad más humana y equitativa.

Organizar, resistir y construir desde abajo
A cien años del nacimiento de Orlando Fals Borda, su pensamiento resuena con fuerza ante la crisis civilizatoria, el colapso ambiental, el auge del neofascismo y la cooptación de los movimientos sociales por los aparatos estatales. Su advertencia sigue vigente: el poder popular debe mantenerse autónomo, crítico y enraizado en los intereses de las comunidades. No basta con ocupar cargos o incidir en políticas públicas si no se construye una hegemonía contrahegemónica, desde la base, con vocación de ruptura y reconstrucción.

La historia reciente demuestra que, cuando el movimiento popular es absorbido por el poder institucional, pierde fuerza transformadora. De ahí la urgencia de reforzar la organización autónoma, de multiplicar los espacios de formación, de resistir colectivamente, y de continuar la lucha por un socialismo con rostro propio, con raíz en nuestras tierras, lenguas y luchas.

Orlando Fals Borda no solo nos dejó conceptos. Nos dejó un camino. En tiempos de incertidumbre, volver a él no es nostalgia, es necesidad.

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