Por Jessica Arcila Orrego
Hasta hace algunos años en Colombia, tan solo el 15% del hábitat de las dantas de montaña estaba protegido. Eso, a causa de las extensiones ganaderas y además que este mamífero no contaba con el mismo grado de atención con el que sí han contado sus parientes más cercanos, los rinocerontes y équidos silvestres.
En Pereira, cruzando montañas y llegando a la cuenca alta del Río Otún, se encuentra Fraybel Giraldo Londoño con su esposa, un par de campesinos que han dedicado su vida al trabajo de la tierra, y en ellos particularmente, el cuidado a los ecosistemas y sus animales, como la danta y otras especies que llegan hasta estas montañas.
Ellos viven en una casa patrimonial, la Hacienda Lisbran, uno de los ecosistemas catalogados como un éxito en restauración ecológica en la región. En el pasado, afirma don Fraybel, más de setenta años atrás, el hacendado Hector Angel Arcila donó los terrenos donde viven actualmente a muchos de los desplazados que estaba dejando la violencia en el país. De ahí en adelante, esa tierra vivió diferentes transformaciones, desde cultivo de hortalizas y actividad ganadera, hasta plantaciones de pino. Con eso, las tierras tuvieron diferentes retrocesos y desgastes, hasta hace 14 años, donde la Empresa de acueducto del municipio compró los predios e inició un proceso de restauración y conservación de toda la zona, algo a lo que hoy se dedica incansablemente Fraybel, quien conoce esa tierra mejor que nadie, sus montañas son como una parte de él mismo. A sus alrededores conviven diversidad de fauna y flora, y además, como si no fuera suficiente, la montaña que queda justo detrás de la finca, es denominada La montaña del amor, el lugar donde las dantas de montaña, o tapir como también es conocido, se aparean y tratan de mantener viva a toda una especie.
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