Edición 176 – Enero - Marzo 2024

100 años de la Sonora Matancera

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Por Jorge Reales

Fue en la Calle Salamanca No 41 del Barrio Ojo de Agua en la Ciudad de Matanzas, en la parte noroccidental de la mayor de las islas del Caribe, en donde un ya lejano 12 de enero de 1924 nacía, por iniciativa del mulato tresero Valentín Cané, una de las agrupaciones musicales más consagradas de América Latina: la legendaria Sonora Matancera, conocida también como “el decano de los conjuntos musicales de Cuba”.

El nombre de Sonora Matancera se asumió definitivamente a partir del año 1935, desde su fundación se había conocido primero como Tuna Liberal, por ser la orquesta que amenizaba las fiestas y actividades culturales del partido Liberal Cubano. Posteriormente se llamó Septeto Soprano, y luego Estudiantina Sonora Matancera. El nombre de la agrupación se deriva de su predileccion por la ejecución del género del son y por ser el gentilicio de quienes son originarios de la ciudad de Matanzas.

Hasta el año 1948, la Sonora Matancera se mantuvo solo con músicos cubanos, y su influencia en el ambiente musical latino y caribeño no trascendía de la isla. Ese año, arribó a La Habana Daniel Santos Betancur, procedente de Puerto Rico. La llegada de “El Jefe”, como también era ampliamente conocido en el mundo artístico, marcó el inicio de la época de mayor esplendor de la Sonora, el inicio de una hegemonía musical sin par.

A finales de la década del 40, y hasta el triunfo de la Revolución Cubana, la Sonora Matancera creó una enorme ola de seguidores en gran parte de los países de América Latina y el Caribe, que hoy todavía deliran con sus sones, guarachas y boleros en los múltiples programas radiales que siguen programando la música del conjunto cubano.

Esta pasión profesada por las hoy en su mayoría octogenarias personas, es lo que permitió acuñar el uso de la expresión “Matanceromanos”, y el surgimiento de diversos grupos en donde se habla, se debate y se trata de preservar el legado musical de la Sonora, como el creado en 1976 por el fallecido medico anestesiólogo Héctor Ramírez Bedoya en la ciudad de Medellín, llamado “Corporación Club Sonora Matancera de Antioquia”.

La presencia de Daniel Santos en la Sonora abrió las puertas para que voces de otras nacionalidades hicieran parte del conjunto de Matanzas, así, entre otras, llegaron también sus compatriotas Carmen Delia Dipini y Bobby Capo, los Argentinos Leo Marini y Carlos “Argentino” Torres, el Dominicano Alberto Beltrán y el Venezolano Víctor Piñero.

Capítulo aparte merece el barranquillero Napoleón Pinedo Fedullo, conocido en el ámbito “Matancero” como Nelson Pinedo, quien se incorpora a la Sonora Matancera en el año 1953, inicialmente para suplir de manera temporal una de las tantas ausencias injustificadas de Daniel Santos. Pero debido al no retorno del Boricua y al convencimiento que causó en Rogelio Martínez, director de la agrupación, luego de una presentación en el barrio Rebolo, este optó por integrarlo como uno de los vocalistas de planta.

La llegada de Nelson Pinedo al epicentro de las grandes ligas de la música del Caribe permitió posicionar también algo de la música producida por intérpretes de la región Caribe colombiana en el mayor centro de radiodifusión de la música de estas latitudes como lo fue entonces la radio cubana. Fue así como empezó a difundirse a nivel continental “El Vaquero” y “Mompoxina” del Maestro José Benito Barros (El Banco – Magdalena), “El Mochilón” del Maestro Efraín Orozco Araujo (Soledad – Atlántico), y el inolvidable tema “Trópico” autoría del Barranquillero Luis Carlos Meyer, en donde se describe musicalmente un entorno alegre y festivo alrededor de una población en la ribera de nuestro río Magdalena.

Otro momento importante para el posicionamiento de la música del Caribe colombiano interpretada por la sonora Matancera, lo constituyó la participación de Nelson Pinedo en la producción Cubano – Mexicana “Una gallega en La Habana”, grabada en 1955. En esta película producida en la entonces meca del cine latinoamericano, “El Pollo Barranquillero”, como también llamaban a Nelson, gracias a las cámaras dejó para la memoria de los “Matanceromanos” el tema “Me voy pa La Habana”, composición de otro Barranquillero, el maestro José María Peñaranda.

Yo no soy de por aquí,
Yo soy muy Barranquillero.
Yo no soy de por aquí,
Yo soy muy Barranquillero.
Nadie se meta conmigo,
Que yo con nadie me meto.
Ay me voy pa” La Habana
Y no vuelvo más
el amor de Carmela me va a mata.

Posterior al triunfo de la Revolución Cubana, la Sonora Matancera realizó una gira por México en 1960, y es allí cuando varios de los cantantes y músicos deciden no volver a Cuba. Luego, la mayoría, dentro de las cuales destacaba la figura de Celia Cruz, se instalarían principalmente en Nueva York y Miami, la capital mundial de la contrarrevolución. Otros músicos de la agrupación decidieron volver y quedarse definitivamente en la isla.

Es en esta nueva etapa cuando, dice presente en la Sonora otra persona nacida en Colombia, la Cartagenera Gladys Julio Palmera, quien en 1968 grabaría las canciones “Dolor que mata” y “Playa Blanca”, ambas escritas por Rafael Escalona. Rogelio Martínez, su histórico director, se encontraba aún al frente de la Sonora, y está contaba con varios de los grandes músicos y cantantes de antaño, pero el nuevo periodo del grupo estuvo lejos del esplendor alcanzado en la etapa previa al advenimiento de la Revolución liderada por el Movimiento 26 de Julio.

Han transcurrido 100 años, y la mayoría de los músicos y cantantes ya han fallecido, pero la música de la Sonora sigue ahí, sonando fuerte, vigente en las esquinas de barriadas enteras en el Caribe y América Latina, en los altares donde los nostálgicos atesoran sus viejos pero valorados acetatos, en la programación diaria de muchas emisoras, resistiéndose a dejarse vencer por otras sonoridades que, como el yogurt, tienen garantizada fecha de vencimiento, que son productos mediáticos o simples modas. Por ello los Matanceromanos celebramos este acontecimiento diciéndole al decano de los conjuntos musicales de Cuba “felices 100 primeros años”.

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