Edición 173 – Marzo 2023Opinion

Petro en las redes (gobernar en un mar de tiburones)

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Por Memo Ánjel

—No me extraña que él trasnoche —dije, y salí por la puerta siguiendo al chófer.
Philip Kerr. Violetas de marzo (trilogía Berlín noir)

Cambios de gobierno en América Latina
Gobernar es administrar unos recursos, unas industrias, la educación, las relaciones internacionales y los comportamientos civiles de una sociedad. Y, para esto, se construyen constituciones (pactos entre ciudadanos), se legitima la democracia y se ponen en marcha unos presupuestos ideológicos acordes con los tiempos que se viven. Así, no hay una sola forma de gobierno ni de administración. Todo depende de las circunstancias presentes: el estado de la economía (infraestructuras y viabilidades de abastecimiento y transformación, empleo y capacidad de consumo), vacíos del Estado (en la legalidad y la estructura social), situación de la modernidad (estado de las ciencias, las tecnologías y la técnica) y condiciones culturales (producción artística, creatividad, visiones de la vida, etc.).

Un gobierno, si quiere funcionar, debe generar desarrollo y crecimiento, confianza y convivencia. Y estar a la par de los tiempos en asuntos de cambios. Las sociedades mutan, los intercambios varían, la política establece equilibrios y el gobernante (el ejecutivo, el que ejecuta) es la voz que dirige y el oído que oye. Ya las figuras del dictador, el rey, el sátrapa son parte de la historia. Y si bien hay gente que siente nostalgia por este tipo de gobernantes (hoy aparecen remembranzas nazis, fascistas, stalinistas), un país moderno ya no se mueve bajo estos parámetros. Basta mirar los países africanos y algunos del Caribe.

Después de la pandemia (muchos dicen que sigue), se presentaron en el mundo cambios que ya parecen irreversibles: formas de trabajo electrónico en redes, necesidad absoluta de ruralización para los debidos abastecimientos de comida, cuidado en serio del planeta, decrecimiento en actividades peligrosas y presencia activa de los jóvenes en el desarrollo y crecimiento del país. Y si bien mucho de esto ya se había tenido en cuenta antes de la aparición del Covid19, ahora no es un discurso sino una realidad. La vida (con lo que es y contiene) se impone sobre cualquier tipo de codicia.

Con base en lo anterior, las antiguas formas políticas entraron en crisis, especialmente las de derecha que seguían el modelo de posesión de tierra (fisiocracia), tradición en las costumbres, religión como calmante y ejército. Latinoamérica, que nunca se independizó, sino que siguió operando con modelos coloniales, se fue atrasando o, como en el caso de Argentina, obligada al atraso por las potencias. Con gobiernos de derecha, supeditados a la estructura colonial, se permitió que todo este territorio fuera convertido en puntos de explotación de materia prima para llevar a los países que la transformaban y luego devolvían en forma de productos y tecnologías dependientes, a más de formas educativas que llevaban a reconocer la cultura y ciencia de las metrópolis como el camino a seguir a través de ideas ajenas a nuestro contexto. De esta manera, el pensamiento racional fue producto de los países explotadores y a nosotros nos quedó la ficción en propiedad, esa que se representa en Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez, y de alguna forma en las ideas de Castro y Chávez, que al final se deformaron. Gente acalorada es lo que somos, eso se dijo.

Este modelo conservador, opuesto a cualquier tipo de liberalismo, se ejerció en las capitales (Bogotá era un centro de poetas) que gobernaban para las élites sin importarles nunca las periferias, a no ser para reprimirlas. Y como sucede en el mundo de las cortes (el de los áulicos), la corrupción hizo carrera, tanto en cuestiones de dineros por debajo como en educación controlada.

Pero nada es eterno en el mundo (cantaba Darío Gómez) y la globalización (que en este momento se desmorona) hizo posible que llegara mucha información y, con esta, muchas preguntas acerca de las maneras de gobernar y las infraestructuras requeridas para el desarrollo económico y el debido convivir entre las sociedades. Informaciones que permearon la manera de pensar, que filtraron la educación y crearon posturas vanguardistas, entre ellas las de la nueva izquierda (el liberalismo progresista), que busca reformas profundas en el sistema de los gobiernos anteriores (paradigmáticos y de intereses personales) y los resultados producidos por estos. Mentalidad crítica que ahora actúa en países como Brasil, México, Chile, Argentina y Colombia, haciendo el intento de crear países más justos y competitivos.

Gustavo Petro y su medio año de Gobierno
La campaña de Gustavo Petro se centró en Colombia, potencia mundial de la vida. Y con base en esta premisa (que es posible porque toca al ser humano sobre la Tierra y no a la cantidad de armas que tenga) el presidente apareció en varios foros internacionales (entre ellos la ONU), explicando en qué consiste su propuesta: habló de cuidar el ambiente a toda costa y adelantar el proceso de paz que se había estancado, abanderar el decrecimiento para no destruir el planeta y ruralizar el país para lograr la independencia alimentaria; preguntar qué es más peligroso, si las drogas o las partículas nocivas que contiene la contaminación ambiental, y mirar a las potencias ya no como centro de pensamiento y cultura sino de extracción desmesurada (si es del caso usando la guerra) de materias primas para el uso de industrias contaminantes o sistemas bancarios que buscan volver al patrón oro para controlar los desbarajustes de sus monedas.

Lo anterior, que hace parte de la discusión de cómo gobernar hoy en día, en algunos lugares fue bien visto y en otros se tomó como una manera de destruir el país. Y en especial en el nuestro, en el que la polarización llega a extremos ridículos y peligrosos, como ya pasó en la Guerra Civil española, donde un nacional decía: entre que mi hijo sepa y crea, prefiero que crea.

Un gobierno sin oposición es una dictadura. Y cuando la oposición es buena, pues hace propuestas mejores que las del Estado, es bienvenida y luce la democracia. Pero en este medio año de gobierno, asistimos a una oposición desordenada, carente de ideas aplicables y recurrente a todo tipo de emociones, acusaciones de piso frágil, y mentiras si es del caso. Y esto que hacen los opositores (valiéndose del bajo nivel de educación de los colombianos, más dados a la credulidad que al saber), crea confusiones, delirios y deseos de que la economía se venga al suelo para demostrar que sus frases tienen razón. Un caso claro es el del dólar, que los opositores dijeron que llegaría a los diez mil pesos (no ha pasado de los cinco mil) debido a la aparición de un gobierno de nueva izquierda (liberalismo progresista), negándose a aceptar que la fluctuación del valor de esa moneda depende de muchos factores externos como la devaluación de este en el mercado norteamericano, la escasez de transporte para las importaciones, los nuevos costos de producción, los efectos generados por la guerra entre la OTAN y los rusos, la desaceleración en inversiones, etc. De igual manera, la oposición se va contra el proceso de paz (al que hubo que resucitar y un recién resucitado todavía da palos de ciego), clama por seguir haciendo exploraciones para la obtención de hidrocarburos (algo que hoy ya se cuestiona debido a su efecto contaminante), acusa cualquier idea de decrecimiento y defiende intereses económicos de unos pocos, haciendo creer que problemas generados y no resueltos en el anterior Gobierno solo aparecieron con el de Petro, desconociendo toda historia y la prospectiva de esta. Y algo muy risible: que los ricos se iban a ir del país con sus bienes e industrias, cosa que no ha pasado porque si se van no harían sino perder y convertirse en ciudadanos de segunda. Ya el mundo no está por conquistar, ahora es un sitio para competir.

En medio año es muy difícil que un gobierno de resultados. Por lo común, en los primeros meses se ponen cartas sobre la mesa, se hace lobby, se reestructuran relaciones y se ponen a prueba propuestas en el Congreso. Recuerdo cuando la revista Semana, al año del gobierno de Iván Duque, titulaba que estaba aprendiendo a gobernar. La foto de la portada parecía la de un niño emocionado con un juguete. A Duque se le perdonaba, pero a Petro no le perdonan que en medio año no haga de este país algo que la oposición quiere: volver a sus predios.

No soy de izquierda ni de derecha (soy un amable burgués con conciencia) y durante mi vida he vivido en ciudades que, por diversos factores, han cambiado costumbres (el narcotráfico es uno de los factores), manejado diferentes tipos de propaganda y de gobiernos; he visto cómo se mueve la corrupción y cómo de los periódicos que hacían análisis serios pasamos a la infodemia de los celulares, que son una caja de delirios (como la de Pandora) en los que las especulaciones son más que una información debidamente confrontada. Y en este estado de cosas, la historia ha sido el sostén de mis opiniones. Y si me preguntan qué opino del Gobierno de Petro, diría: sus postulados de gobierno han sido de izquierda liberal (liberalismo progresista muy parecido al de Alfonso López Pumarejo) y se viven en una democracia (libertad de prensa, de empresa, educación para todos) en la que se discuten libremente la economía con sus líneas de producción y cargas impositivas, el asunto de la salud, el decrecimiento en todo aquello que afecte el medio ambiente (especialmente los combustibles fósiles), la posibilidad de infraestructuras más competitivas como las que hacen posible el tren, la necesidad apremiante de un país en paz para poder convivir, los subsidios para los menos favorecidos y el uso de recursos naturales sin intermediación de terceros, a más del cuestionamiento a los Tratados de Libre Comerio y la libertad de relaciones internacionales, igual que el tomar partido en una guerra que no nos pertenece.

Pero todo lo anterior (el producto de medio año), son cartas sobre la mesa, asuntos que se barajan y ahí se pierde y se gana, diálogos que buscan llegar a un acuerdo, aperturas de fronteras, posiciones sobre el papel de Estados Unidos (hasta dónde llega el sometimiento) y reestructura de relaciones internacionales en medio de un ambiente de oposición política que, asumiendo posiciones políticas (lo que incluye al fiscal de la nación), llega a usar astrólogos para decir qué será de Petro y el futuro del país, lo que ya es realismo mágico enfermo de fiebres delirantes.

Un medio año de gobierno Petro, con una inflación que va en casi el 14% (al final del Gobierno de Duque ya estaba en el 10,21%), un valor del dólar que alcanza casi cinco mil pesos (en el gobierno anterior se manejó desde 2.898 pesos hasta llegar a 4. 337 pesos), lo que ha hecho el nuevo gobierno, además de cuadrar ministerios e instituciones y de afianzar una reforma tributaria no muy clara, ha sido aparecer en el escenario internacional con discusiones serias (el medio ambiente, el asunto de la guerra ineficiente contra las drogas, la unión entre países del bloque sur del continente, la no extrema dependencia de otros) y encontrar la manera de detener el conflicto de orden público heredado, para dar paso al manejo de tierras productivas. Y en estos meses, ha habido controversias (las tarifas eléctricas), se ha entrado en la guerra del Twitter (en la que las lenguas se zafan), la mujer del presidente ha propuesto gente que no sirve y los horoscopistas de la oposición buscan cuadraturas maléficas y planetas mal situados para crear noticias en revistas.

En estos meses hubo extradiciones, subió la rentabilidad de los CDTs, se ha oído a congresistas que más que propuestas lo que hacen es delirar, han corrido toda clase de rumores y las credulidades han sido muchas. Mientras tanto, sigue la guerra de Ucrania (que parece una feria armamentista), en el Perú las protestas no paran, Vargas Llosa ha ingresado a la Academia de la Lengua Francesa, la inflación en la Argentina se parece a la de cuando existía el Austral, las subas en los precios (falta control) han sido la constante, igual que la aparición de hechos de corrupción heredados, que más parecen gusanos de cien patas.

Esperemos un año de gobierno, para decir otras cosas. Hay prospectivas y también gente que genera sustos. Somos un país de tierra caliente.

Somos un proyecto de Comunicación Alternativa y Popular.

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