Por Laura Arango Henao
“Just a little pinprick, There’ll be no more”, hace más de cuatro décadas la banda británica Pink Floyd nos hablaba de ese cómodo adormecimiento que la población global del siglo XXI reconoce con cierta familiaridad. El problema que se gesta en torno a las sustancias psicoactivas está requiriendo ahora, como nunca antes, un cambio de lupa, una focalización distinta, en la que no solo la lucha contra el narcotráfico debe encontrarse en el radar de los gobiernos alrededor del mundo. Es imprescindible situar la vista en el consumo de estas sustancias como un problema de salud pública, ligado estrechamente a un problema de salud mental, que no es fortuito ni azaroso, sino que hace parte de un fenómeno intenso y sofocante; las condiciones de vida que impone el sistema neoliberal en nuestras sociedades.
Es complicado no sentir hastío, cuando debes trabajar más de ocho horas diarias para recibir una remuneración que remotamente compensa tu esfuerzo, y que no te permite adquirir unos mínimos que posibiliten condiciones de vida digna. Es complejo no sentir nausea, cuando llevas más de siete años en la universidad profesionalizándote y especializándote para ser “competente”, y debes salir a enfrentarte a un mercado laboral precarizado, en el que no se avizora más que una fuerte explotación para el usufructo de unos pocos. Es difícil pedir no sentir tedio a quienes se enfrentan diariamente a sistemas de transporte público donde se deja en la puerta del bus o del tren la dignidad para poder apretujarte como en una lata de sardinas, aún con tu cansancio acuestas. Ante estas situaciones, es casi lógico que se busque un escape, una forma de percibir distinto tan gris panorama. Y es allí donde las sustancias psicoactivas tienen todo el terreno abonado para abarcar con toda fuerza y constancia la cotidianidad de las ciudades.
“Come on (come on, come on) now
I hear you’re feeling down
Well, I can ease your pain
And get you on your feet again”
“Vamos (vamos, vamos) ahora
He oído que te sientes mal
Bueno, puedo calmar tu dolor
Hacer que te vuelvas a poner en pie”
Recientemente han salido a la luz los resultados de una investigación realizada por el Hospital San Vicente Fundación, donde se indica que en Medellín la mortalidad por cocaína es tres veces mayor que la tasa mundial, y que entre los factores que robustecen la problemática, se encuentra la facilidad para adquirir dicha sustancia. Y ¿cómo no?, si para octubre del 2022 el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reportó un incremento histórico del 43% en la siembra de coca. Generando de esta manera, una aparente cercanía del consumo en correspondencia a la producción.
No solamente el consumo de cocaína enciende las alarmas respecto a los usos/abusos de sustancias psicoactivas; hay una amplia gama de drogas que circulan frecuentemente en la ciudad. El informe Consumo consciente de la Secretaria de Juventud de Medellín, que tiene como objetivo “proporcionar a las juventudes usuarias de sustancias psicoactivas información objetiva sobre los riesgos asociados a la composición de las sustancias que consumen”, documentó la composición de varios tipos de sustancias psicoactivas, dentro de las que se encuentran sustancias sintéticas como el 2CB, normalmente conocida bajo los nombre de Erox, Nexus, XTC, tucibi, tussi, synergy, bromo y spectrum, de las cuales se reseña en dicho informe que: “Es vendido en las calles como éxtasis o MDMA y rara vez se consigue de manera pura, ya que se encuentra en combinaciones con MDMA, cafeína y ketamina. En este estudio además se encontró: fenacetina, acetaminofén, fluoxetina, aminopirina, derivados de plástico y una nueva droga no comercializada en Colombia llamada 4-Fluoro-3-methyl-α-PVP del grupo de las catinonas (sales de baño) sintéticas la cual corresponde a un alucinógeno”. Vale aclarar que la ketamina es una droga disociativa, que (entre otros) es usada en tranquilizantes para caballos. Así de inquietantes son los componentes de las sustancias que diariamente consumen adolescentes, jóvenes y adultos en la ciudad, en el país y en el mundo entero.
Nos encontramos pues ante menudo problema, que nos indica que es hora de atender el uso/abuso de drogas como un asunto de salud pública. Sin embargo, poco podría ser el avance si le adjudicamos exclusivamente a la salud mental el fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas, y no reconocemos las raíces estructurales que lo incuban; las condiciones de vida que imprime el sistema capitalista.
“The child is grown
The dream is gone
And I have become
Comfortably numb”
“El niño ha crecido
El sueño se ha ido
Y yo me he quedado
Cómodamente adormecido”
Es momento de hacer una puja. La puja por que esa comodidad, ese placer, y esa “felicidad” que muchas personas encuentran en las sustancias psicoactivas, se halle en los abrazos, en las sonrisas, en tiempo de calidad para la contemplación, en el amor… una puja por que los sueños no se vayan, y nos acompañen hasta el fin de nuestros días.