Opinion

Defender la vida, bombardear la infancia

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Por: Valentina Cerón Berján

Hay países donde, después de la jornada escolar, los niños se van a raspar coca. Hay lugares donde no pueden correr ni jugar libremente porque el suelo puede esconder una mina antipersonal. Hay contextos donde a las “niñas bonitas” las enamoran para que abandonen la escuela y se vayan al monte. Hay esquinas donde un agua de panela es la única fuente de energía en todo el día. Hay territorios donde la educación es tan precaria o inexistente que la guerra parece el único proyecto de vida posible. Colombia encarna todos esos lugares.

En Colombia, 18.333 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de reclutamiento y utilización (SIEVCAC, 2025). Esa cifra por sí sola debería bastar para que la protección de la niñez fuera un consenso mínimo, no un recurso discursivo.

Detrás de esas estadísticas hay experiencias de guerra. Es más, para entrenarlos, son necesarias múltiples violaciones graves a sus derechos a través de castigos duros, sobre todo si son percibidos como “débiles”. “El 98% de los niños y niñas reportó haber sido maltratado permanentemente, forzado a presenciar atrocidades o a ejecutarlas” (Springer, 2012, p. 41). No son simplemente víctimas pasivas: son niños expuestos a los horrores de la guerra hasta el punto de ser arrastrados a ejercerla.

Y, aun así, en campaña electoral la defensa de la vida se invoca con facilidad, mientras se normalizan decisiones que pueden ponerla en riesgo. Colombia también es el país donde precandidatos presidenciales autorizarían bombardeos aun con la sospecha de la presencia de menores. La pregunta no es solo estratégica, es moral: ¿qué significa defender la vida si se acepta que la de algunos niños pueda ser un costo asumible?

La indignación pública ante el reclutamiento infantil es necesaria. Pero reducir la tragedia a que “los únicos responsables de las muertes de niños son los criminales” (haciendo alusión —supongo yo— a los actores armados ilegales) es vaga. Omitiendo por completo que el reclutamiento no ocurre en el vacío; ocurre donde el Estado no llega con educación, salud, oportunidades ni presencia efectiva.

El 2003 fue el año con el mayor número de víctimas y casos de reclutamiento forzado (SIEVCAC, 2025), mientras el gobierno de turno negaba por ocho años (2002-2006 y 2006-2010) la existencia de un conflicto armado interno. Mismo espectro político de precandidatos que osan decir que bombardearían a menores, olvidando que se fueron al monte porque no encontraron otra opción, que están ahí, aunque no quieran.

La contradicción no termina. Según el Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad ICESI (2025, p. 9), “1 de cada 2 jóvenes en edad de cursar la educación media en Colombia no está efectivamente escolarizado en ese nivel”. ¿Dónde está la defensa irrestricta de la vida cuando la mitad de los adolescentes queda por fuera del sistema educativo? La vida no se protege únicamente evitando la muerte violenta; también se protege garantizando las condiciones mínimas de dignidad (como el salario vital, al que en un comienzo se oponían y hoy mágicamente lo respaldan).

Aún más incómodo les resulta recordar a ese espectro político que las Fuerzas Militares en la historia del conflicto armado interno han hecho múltiples ofrecimientos a los niños a cambio de información. De hecho, “en febrero y marzo de 2009, en Valle del Cauca, miembros del Ejército Nacional de Colombia ofrecieron comida a unos niños para conocer detalles sobre la presencia de grupos armados en las zonas rurales. Y en mayo de 2010, en Chocó, se informó de que una niña de 13 años había sido utilizada como informante por efectivos del Ejército en una operación militar que duró tres días.” (Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2012).

Ofrecer alimento en un país donde la desnutrición alcanza niveles críticos a cambio de convertirlos en informantes no es protección: es instrumentalización. Hace dos años nada más se registraron “21.867 casos por morbilidad asociados a desnutrición” (Procuraduría, 2024). Es una violencia silenciosa, estructural, que no necesita fusiles, pero que también mata. Esa violencia rara vez ocupa el centro del debate electoral.

Entre 2002 y 2006, las estrategias para vencer militarmente a las guerrillas incluyeron recompensas a civiles que proveyeran información, transgrediendo límites del Derecho Internacional Humanitario y exponiéndolos como objetivos militares (Fiscalía de la Corte Penal Internacional, 2012). Es más, la Fuerza Pública utilizó la marginalidad como excusa para crear “redes de informantes y reclutadores de futuras víctimas”, de las cuales el 21,4% eran menores de edad (Bonilla, 2017). Menores. Niños convertidos en piezas de una lógica de guerra.

La hipocresía aparece cuando la defensa de la niñez se convierte en un eslogan, cuando la indignación depende de quién causa el daño, cuando se acepta que algunos niños pueden ser “daños colaterales” si la causa parece correcta.

Antes de volver a las urnas, la respuesta no debería ser más mano dura, sino quién está dispuesto a asumir coherentemente que la vida de los niños no puede ser negociable, ni por omisión, ni por estrategia, ni por cálculo electoral. Protejan que los niños, niñas y adolescentes no pasen de ser víctimas (de la violencia estructural) a ser victimarios o asesinados por una de sus bombas.

 

Bibliografía:

Bonilla Mora, A. (2017). ‘FALSOS POSITIVOS’ DIEZ AÑOS DESPUÉS: DISCURSOS ANTAGÓNICOS Y LÍMITES TEÓRICOS. Bogotá: PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA. Obtenido de https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/22317/CONTENIDO.pdf?sequence=1

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (2012). Informe del Secretario General sobre los niños y el conflicto armado en Colombia. Obtenido de https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2011/7455.pdf

Fiscalía de la Corte Penal Internacional. (2012). Situación en Colombia. Obtenido de https://www.icc-cpi.int/NR/rdonlyres/3D3055BD-16E2-4C83-BA85-35BCFD2A7922/285202/OTP2012035032COLResumenEjecutivodelReporteIntermed.PDF

Sistema de Información de Eventos de Violencia del Conflicto Armado Colombiano (SIEVCAC). Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) – Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Periodo de la información 1944 – 2025 (1900 corresponde a hechos en los que no se conoce el año de ocurrencia). Hecha de corte: 2025 – 09 – 30. Información sujeta a actualizaciones. Obtenido de: https://micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co/observatorio/portal-de-datos/el-conflicto-en-cifras/reclutamiento-y-utilizacion-de-menores-de-18-anos/ 

Springer, N. (2012). Como corderos entre lobos. Del udo y reclutamiento de niñas, niños y adolscentes en el marco del conflicto armado y la criminalidad en Colombia. Bogotá: s Naciones Unidas para la Protección y Promoción del Derecho a la Libertad de Opinión y de Expresión. Obtenido de http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informe_comoCorderosEntreLobos.pdf

Observatorio de Realidades Educativas – Universidad ICESI. (2025). Informe Cobertura y abandono escolar en educación media en Colombia. Obtenido de: https://www.icesi.edu.co/wp-content/uploads/2025/09/informe-cobertura-y-abandono-escolar-en-educacion-media-agosto-2025-1.pdf

Procuraduría General de la Nación. (2024). Boletín 1356 – 2024. Desnutrición infantil en Colombia cobra 149 vidas en 2024: Guajira, Chocó y Antioquia las regiones más afectadas. Obtenido de: https://www.procuraduria.gov.co/Pages/desnutricion-infantil-colombia-cobra-149-vidas-2024-guajira-choco-y-antioquia-regiones-mas-afectadas.aspx

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