Por Anónimo
15 de febrero de 2023, Avenida Oriental de Medellín. El centro de la ciudad recibe a múltiples personas que son convocadas para movilizarse en contra de las políticas del actual Gobierno. Es notorio el alto número de adultos mayores que portan distintivos patrióticos y religiosos como la bandera nacional, la camiseta de la selección Colombia de fútbol, carteles de Jesucristo o camándulas.
A diferencia de las movilizaciones que la ciudad está acostumbrada a presenciar, en esta hay un comportamiento diferente con relación al espacio que se transita. La mirada de la mayoría de personas expresa sorpresa mientras recorren la Oriental con destino a San Juan, las personas miran y señalan diferentes fachadas, calles y callejuelas del centro, como conociendo por primera vez esta zona de la ciudad. Esta mirada turística pone sobre la mesa elementos importantes frente al carácter de la movilización convocada, habitada principalmente por personas de estratos altos.
Camisetas con la cara tachada de Ernesto “el Che” Guevara, carteles con el rostro intervenido de la vicepresidenta Francia Márquez, las ministras Carolina Corcho e Irene Vélez, gorras, pantalones y camisetas con distintivos militares fueron algunas de las imágenes que dejó la jornada de protesta. Una tarde donde las personas caminaron desde la Avenida La Playa hasta La Alpujarra escuchando la carroza donde permanentemente hablaba el congresista Miguel Polo Polo y su equipo, haciendo uso de diferentes discursos de odio.
Los discursos racistas y sexistas en las elecciones presidenciales del año 2022, los ataques xenófobos sufridos por personas de Venezuela, las golpizas e insultos en restaurantes a parejas de la comunidad LGBTIQ+, los ataques contra las campañas sobre la legalización del aborto, la estigmatización a las lideresas y líderes sociales, los ataques a las personas que participaron en el Paro Nacional y una lista larga de relatos nos han hecho testigxs de este tipo de mensajes que son considerados como “discursos de odio”.
Un discurso de odio es aquello que por medio de la palabra, la escritura, u otro lenguaje, expresión o medio de comunicación, atentan contra la dignidad; justificando, validando y promoviendo la violencia u odio hacia una persona o colectividad, ya sea por raza, etnia, nacionalidad, género, color o religión. Los discursos de odio son complejos en tanto que están arraigados en la cotidianidad, aunque estén asociados con ideologías políticas de extrema derecha, difícilmente se asocian a estas, y más bien se sumergen en el marco de la libertad de expresión u opinión, pero atentan contra los derechos humanos.
Muchos sectores sociales insisten en la continuidad de estas ideas, como normas de conducta ética y moral sin una reflexión previa sobre la violencia y la agresión que ejercen de manera concreta, palpable, sensible en cada cuerpo, contra grupo de personas o territorios. Estamos hablando entonces de agresiones que comprometen la vida y la dignidad.
El centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información de la Universidad de Palermo, Argentina, propone tipificar así los discursos de odio: “Discurso de odio” en singular, cuando el discurso se articula directamente con prácticas de incitación a cometer actos de violencia que atentan contra la vida y la seguridad de una persona o grupos de personas. “Discursos discriminatorios”, buscan que las personas sean excluidas, discriminadas y que no puedan ejercer sus derechos civiles, no atentan contra la vida o integridad física pero sí su dignidad, por lo general son mensajes difamatorios que manipulan emocionalmente. “Discurso hostigador”, pretende impedir o limitar el uso de la palabra en el espacio público. Este tipo de discursos buscan atentar el derecho a la libertad de expresión a través del acoso o amedrentamiento, es un tipo de práctica muy común en redes sociales.
Con el ánimo de participar en los debates sobre discursos de odio y tratar de entenderlos en nuestro país, recogimos frases de carteles que fueron usados para la marcha del 15 de febrero de 2023:
“Señor llévate a Petro y devuélvenos a Diomedes.”
No olvidamos a Doris Adriana Niño, mujer que fue víctima del feminicidio en el que participó Diomedes Díaz, a raíz del cual fue sentenciado a doce años y medio de prisión, por el delito de homicidio preterintencional. Díaz estuvo prófugo de la justicia por dos años, por favorabilidad le sentenciaron 6 años, de los cuales terminó pagando 3. Doris Adriana fue asesinada el 15 de mayo de 1997, ella también fue víctima esa noche de acceso carnal violento y a su cuerpa la intentaron desaparecer. Durante 25 años, ella y su familia han transitado un camino doloroso y revictimizante, la falta de claridad en el proceso de Diomedes Diaz es un reflejo de esto.
Difícilmente en los medios de comunicación o en producciones audiovisuales sobre el cantante vallenato se le nombra como lo que es: un feminicida. Esta frase nos parece que hace parte de los discursos de odio contra la mujer porque se da en el contexto de un caso de feminicidio en el que no hay verdad y reparación, es un mensaje que refleja la inoperancia, la frialdad y la falta de empatía del Estado colombiano en estos hechos; sobre todo sabiendo que en los primeros dos meses del año 2023 han ocurrido 25 feminicidios, razón por la que el movimiento de mujeres pidió declarar emergencia nacional por violencia machista.
“Mi cuerpo yo decido, su cuerpo yo lo cuido.”
“El aborto no soluciona tus problemas, paga el más inocente por tus malas decisiones.”
Las frases anteriores hacen alusión al aborto y constituyen un mensaje de odio, ya que están manipulando de manera emocional y ejerciendo presión sicológica a las receptoras del mensaje. Desde la ética, la moral y la religión, estos mensajes relativizan las razones del porqué una mujer o niña elige o tiene que abortar para salvaguardar su vida e integridad. Este mensaje no tiene en cuenta que abortar es un derecho humano, que negar el acceso es un tipo de discriminación, y es violencia contra las mujeres y las niñas porque restringe su autonomía, su libertad de conciencia y religión. En muchas ocasiones se pone en riesgo su salud física y mental, se les somete a tratos crueles e inhumanos, y se niega el derecho a la información. Obligar a una mujer o niña a tener un hijx producto de un abuso sexual u acceso carnal violento es profundamente revictimizante y trae consecuencias irreversibles.
Con este ejercicio resultaron preguntas que valen la pena hacerse entre amigxs, familias o colectividades: ¿hacen parte estos mensajes dentro de los discursos de odio?, ¿hasta qué punto nuestra sociedad los ha normalizado?, ¿hasta dónde la dignidad de una colectividad o un territorio está en discusión?, ¿hace parte de una transición hacia la paz la reconfiguración de estas ideas?
Creemos que el diálogo puede aportar las reflexiones necesarias para este escenario de relatos, animamos entonces a alimentar estos debates desde cada lugar de enunciación, con la creatividad de cada persona y con la fuerza de cada colectividad. Que los mensajes de odio se conviertan en escenarios conciliadores de transformación, de la calle a la casa y de la casa a la calle.