Por Redacción Periferia
Álvaro Matallana decidió ingresar a las filas de la paz, a pesar de que otros jefes militares o sus antiguos subalternos puedan decirle que se “torció”. Comandó 7 batallones y se retiró hace 20 años del Ejército para dar cátedras sobre estrategia y seguridad nacional en escuelas de altos estudios militares, hoy Álvaro es una de las personas que integra la delegación del Gobierno en la Mesa de Diálogos con el Ejército de Liberación Nacional — ELN.
“Es la culminación de un deseo que he tenido toda la vida: poder llegar a la sociedad, romper muchos paradigmas y, sobre todo, superar esos atentados que se hacen con la palabra para tratar de desestabilizar un proceso tan importante como el que adelantamos en este momento con el ELN”, aseguró el coronel retirado que participó en el encuentro de la región Nororiente, realizado el sábado y el domingo por el Comité Nacional de Participación en la Universidad Industrial de Santander; el segundo de once encuentros regionales a desarrollar entre abril y mayo.
Claudia Rodríguez, gestora de paz del ELN, aprovechó la ocasión para manifestar que: “Está en nuestras manos el hacer de esta participación algo vinculante, propositivo, incluyente, amplio, diverso, escuchando a la otredad. Solo nosotras y nosotros podemos hacer eso una realidad. La mesa no lo va a hacer. Hemos dicho que el centro de la paz es la participación de la sociedad colombiana, lo que salga de su deliberación y su discusión”.
Los más de 140 estudiantes, mujeres lideresas, profesoras, ambientalistas, indígenas, campesinos y sindicalistas que asistieron a este evento realizado en Bucaramanga, hicieron una radiografía minuciosa de las conflictividades de la región que comprende los departamentos de Santander, Norte de Santander y algunos municipios de la zona sur del Cesar. La precariedad de las economías campesinas, la depredación de los ecosistemas causada por los monocultivos y la minería, las necesidades básicas insatisfechas, la mala planificación de las ciudades, las violencias económicas y patriarcales que sufren las mujeres, y la reconfiguración del paramilitarismo, fueron algunos de los aspectos mencionados por los y las participantes.
Algunas organizaciones recalcaron la existencia de una emergencia humanitaria en la región, debido a los asesinatos, las amenazas, la estigmatización, el constreñimiento, y la arremetida paramilitar. Aunque esta nueva avanzada no se expresa de la misma manera en contextos urbanos y rurales, quienes están sufriendo las consecuencias son los sectores organizados que reclaman una paz con transformaciones profundas.
Las y los asistentes al encuentro también hicieron algunas recomendaciones para materializar la participación de la sociedad colombiana en la construcción de la paz: que tenga perspectiva histórica, y que aborde temas vedados como la doctrina del enemigo interno. El Nororiente colombiano también planteó la importancia de concertar unos mecanismos que incentiven o sancionen cuando se cumple o no lo acordado, así como la construcción de una matriz de opinión en favor de la paz, apoyándose en medios comunitarios, alternativos y populares que informen de manera constante y transparente sobre los avances de la Mesa de Diálogos y el proceso de participación.
La situación humanitaria y de seguridad es el principal obstáculo para que los barrios y las veredas del Nororiente sean actores protagónicos de la paz. Por ello, la región exige que se reconozca la existencia del paramilitarismo y se avance en el desmonte de su estructura política, cultural y militar.
“Como organizaciones sociales le apostamos de manera decidida a la paz. Entendiendo la paz como algo estructural, no reducida a la ausencia de guerra, al silenciamiento de los fusiles o al desarme, sino una paz transformadora, con cambios, que nos permita hablar sobre las realidades del conflicto más allá de ese macartismo moral, más allá de la concepción hegemónica de los medios. Una paz desde los territorios, desde el barrio, la universidad, los centros culturales, la ruralidad… es así como iremos tejiendo los cambios transformadores, y para eso necesitamos el compromiso y las garantías del Gobierno nacional”, aseguró Sebastián Rincón artista e integrante de la coordinación de Ciudad en Movimiento Norte de Santander.