Opinion

La guerra nunca acabó

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Si el derramamiento de sangre se detuviera, o se disminuyera por los menos con mensajes hipócritas de twitter de un Presidente, eso simplemente se aplaudiría. Pero no es así, el Estado no toma su papel protector, no realiza su función y la gente sigue muriendo.

No es posible que sigamos siendo ajenos al dolor de nuestros compatriotas, de nuestra gente colombiana. Han pasado menos de 10 años desde que las ciudades más importantes del país como Bogotá o Medellín dejaron de sangrar evidentemente, y después a la gente, principalmente al Estado, se les olvidó que el dolor aún continúa.

Cinco personas fueron asesinadas el día de ayer en el Cauca. Según la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACÍN) la guardia indígena se encontraba realizando labores de control territorial en el sector de La Luz del resguardo de Tacueyó, cuando llegó un vehículo de color negro con integrantes de la columna disidente de las Farc, Dagoberto Ramos, quienes en irrespeto a la guardia indígena y su ejercicio legítimo, a sangre y fuego dispararon terminando con la vida de la Neehwesx Cristina Bautista, y otros cuatro comuneros, e hiriendo al menos a otros seis.

Han muerto cinco personas por fuerzas de la disidencia y la vida continúa para nosotros, pero qué pasó con la de ellos, con la de su familia. Mensualmente mueren líderes de las comunidades y ¡carajo!, al parecer prima la indiferencia en los medios de comunicación y en el gobierno. Preguntémonos ¿hasta cuándo?

Los queremos vivos, libres y en paz

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