Por Angy P. Bedoya R
El municipio de Argelia (Cauca) es de atardeceres rosados y violetas, de flores vibrantes y colores intensos. Su gente es amable, pero esquiva, los niños juegan a toda hora en la calle y les fascina estallar pólvora. Allí, como en todos los territorios mágicos de Colombia, el conflicto armado ha salpicado a gran escala los sueños de paz.
Fotografía: cortesía del festival Sobre Fondo Blanco
Faltaban quince minutos para las diez de la mañana, cuando Martín y Coco llegaron con el muralista Sebas (quien viajaba desde Boyacá) a recogernos en una camioneta blanca 4×4. Con Shagu y Niño (artistas de Alpa Jaguar) subimos rápidamente las maletas, aerosoles, vinilos, extensores, brochas y rodillos, porque a las diez en punto arrancamos de Cali rumbo a Argelia.
Al fijarme en los conductores caigo en cuenta que ambos están de jean azul, camiseta, tenis blancos y con el carnet que los acredita como agentes escoltas de la Unidad Nacional de Protección dentro del bolsillo de su camiseta. Coco era el más chistoso y burletero, aunque eso no quiere decir que Martín fuera aburrido o serio. Los dos cantaron rancheras y vallenatos durante el viaje.
Ninguno de los artistas que íbamos en ese carro conocía Argelia, de ahí que la curiosidad de conocer y habitar ese territorio era inmensa. Los halcones, tangaras y águilas eran los temas de conversación, mientras los conductores evitaban hueco tras hueco, porque se conocían al pelo (muy bien) la vía.
Recuerdo que pasamos por los restos del peaje Tunía que destruyó el pueblo indígena Misak en marzo del 2021, eso queda en el tramo que comunica Santander de Quilichao con Piendamó; no hay quien regule el paso vehicular, todos pasan y nadie paga, la infraestructura quedó en cenizas. Sin embargo, es preciso mencionar que hay tanques militares y miembros de la fuerza pública custodiando lo que era el peaje.
Al cruzar el pueblo de Piendamó el clima cambió automáticamente, se puso frío y opaco; el paisaje se mancilló con los cultivos de pino (de la empresa Cartón de Colombia S.A.) que brotan de las espesas montañas (territorios ancestrales de los Misak). Además, desde la vía Panamericana se lograba detallar puentes y haciendas de arquitectura colonial (construcciones hechas a mano por esclavos africanos e indígenas) que revuelcan la memoria de los siglos XVIII y XIX.
— Ya vamos a llegar a Popayán. Allá almorzamos, reposamos un ratico y seguimos el camino, para que no nos coja la noche en la trocha, expresa Martín con voz de fuerte.
— Aunque hacemos una paradita en El Bordo, para que ellos y ella prueben una ricura caucana, añade Coco con suspicacia.
A las 12:55 del mediodía llegamos a Popayán, allí nos encontramos con Karla y Báez, integrantes del colectivo Monareta. Almorzamos arroz, pollo asado, frijol, papas fritas y limonada de panela con limón. Mientras almorzábamos llegó Natalia Currea, una mujer guerrera y comprometida con la paz, a explicarnos rápidamente las dinámicas del viaje, la seguridad y el festival de muralismo Sobre Fondo Blanco en el marco de la Semana por la Paz en Argelia.
— La cosa es sencilla, hay tres artistas que se quedan en el casco urbano pintando la galería del pueblo (que sería el colectivo Alpa Jaguar), tres artistas pintan en la vereda El Mango (el colectivo Monareta y Sebas) y la artista Isabel Guacheta pintará en la vereda el Sinaí en compañía de la Escuela Itinerante de Artes de Argelia. Para nadie es un secreto la cruda violencia que se vive en el territorio, ustedes pueden ver que las noticias solamente hablan de masacres, asesinatos y desplazamientos masivos, situaciones que no son mentiras. El peligro es alto, por eso, necesitamos estar siempre juntos y comunicados durante el festival, porque hay amenazas directas contras las actividades de la Semana por la Paz, en especial, las programadas en las veredas El Mango y Sinaí, señala Natalia con claridad.
Evidentemente, el conflicto armado y la mafia de la droga continúa determinando sustancialmente el comportamiento y acciones de las comunidades argelinas, desde los gustos hasta los precios del mercado.
— A cada rato hay desplazamientos forzados y masivos, salen de todas las veredas (incluidas las que visitaremos), la gente está conmocionada y temerosa por esa descontrolada guerra que hay en el territorio. Mucha gente prefiere no salir ni saludar a nadie, para evitar ser relacionado o señalado de muerte. Por eso es importante hacerle caso a Natalia y evitar salir sola o solo por ahí, puntualiza la artista Karla.
El almuerzo se alargó con la charla y mi preguntadera, hasta que llegaron los conductores a afanarnos. A las dos y veintitrés minutos salimos rumbo a Argelia. La carretera parecía una gran serpiente, curva, tras curva y más curva; los carriles se angostaron tanto que en cada giro creía que nos íbamos a estrellar contra un carro o un peñasco montañoso. Eso sí, el azul celeste del cielo combinaba estupendo con los verdes de las inmensas montañas de la Cordillera Occidental.
Fotografía: cortesía del festival Sobre Fondo Blanco
Era sorprendente y a la vez triste ver tantos perros y perras abandonados en plena vía nacional, esquivando los carros para no ser atropellados. También se veían abundantes avisos publicitarios de “Queso 7 cueros”, “Sancocho de gallina” y “Vivero”.
Por otro lado, se observan firmas de grupos armados en avisos publicitarios, señales de tránsito y en las paredes de las casas que limitan con la carretera principal, los mensajes eran: “ELN Presente”, “EPL Vive”, “AGC Presente”, “Columna Móvil Jairo Martínez / FARC-EP”, “Columna Móvil Dagoberto Ramos / FARC-EP”, “Frente Carlos Patiño / FARC-EP” y “Columna Móvil Fredy Ortiz / FARC-EP”.
— Ya vamos en la mitad del camino, de ahora en adelante es solo subida y destapada, para que se preparen para la zarandeada. Mientras tanto, bajémonos aquí (en el Bordo) y comamos kumis patiano, el mejor kumis que probarán en su vida, y el que no quiera comer que haga estiramiento de piernas, comentan los conductores.
— Vamos a probar ese manjar ¡de una! para no demorarnos mucho, expresa el artista Sebas con apuro.
Luego de atravesar el Valle del Patía y contemplar sus bosques secos desde los filos de Balboa, empezamos a descender la montaña entre espesas neblinas. Llegamos a Argelia un domingo a eso de las seis y cuarentaitrés de la noche, Omar (el artista que revolotea para que el festival Sobre Fondo Blanco se haga realidad) nos esperaba en su casa con su familia y una calurosa cena caucana.
— Bueno, muchachos y muchachas, es una alegría inmensa para mí verlos en mi pueblo, un territorio rico en flora y fauna silvestre, donde se ven pajaritos de todos los colores y cantos, dantas por doquier y un clima espectacular. En esta semana quiero que plasmen lo que vean y sientan en pro de la paz, con sus técnicas y estilos. Acá llevamos unos meses azotados por las confrontaciones entre grupos armados y las amenazas contra líderes y lideresas. Además, el tema de la coca está jodido, berraco, así que vamos a regalarles una semana de mucho color para esta gente tan resiliente, dice Omar con una sonrisa de oreja a oreja.
En esa semana nos quedamos en la finca Las Palmas de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA); “esta propiedad fue de un traqueto al que le hicieron extinción de dominio” y la Agencia Nacional de Tierras se la dio a la asociación, ya que era una de las exigencias que se pedía en los paros campesinos, explica Omar.
El espacio se ha utilizado para realizar proyectos agropecuarios y educativos. Un ejemplo es el cultivo de tilapias, cachamas y gallinas que adelantan exguerrilleros y exguerrilleras de las antiguas FARC-EP; firmantes de paz que han decidido quedarse a pesar de las intimidaciones recibidas.
Esa chispa de esperanza
Para donde mire se estrella con coca, mejor dicho, de la carretera para allá son montañas y más montañas de verde limón, lindísimas, todas llenas de coca. También hay muchos laboratorios de procesamiento de pasta base de coca, es decir, que el narcotráfico ronda los territorios de El Mango, Sinaí y el Plateado, camuflados de guerrillas y carteles. Así que el ambiente es ajisoso, complejo en varios escenarios de la vida cotidiana y social.
Por un lado, ir a la escuela es tedioso para la familia porque los caminos (que son tres metros de ancho) están minados, llenos de explosivos para ver si el ejército, las disidencias, la nueva marquetalia o los elenos caen en la trampa. Las niñas son conquistadas por los lujos que da el narcotráfico y terminan siendo manipuladas, abusadas y/o violentadas. Las juventudes, en especial los hombres, son cautivados por las armas, el dinero y el licor, porque era “normal” que cada quince días hubiera un concierto y las cantinas repletas de borrachos.
Además, la comunidad decidió, hace décadas atrás, eliminar todos los cultivos agrícolas (de café, yuca, plátano, maíz, cebolla y frutas) para cultivar coca; creyeron que era mejor tener plata y comprar lo necesario (incluida la comida) a un alto costo, pues con la coca la plata sobraba.
Por lo tanto, el narcotráfico controla económica y territorialmente el municipio y sus veredas, permitiéndoles sacar la droga por el cañón del río Micay, que nace ahí en Argelia, pasa por El Tambo y desemboca en el Océano Pacífico, en López de Micay.
— La gente recapacitó bastante con la pandemia, porque nos dio duro; si las cosas son caras (el triple o más de lo común) en crisis sanitaria fue terrible, y lo peor, sin una mata de yuca o plátano, porque solo había coca. Acá se aguantó hambre y brava. Pero eso hizo que los campesinos volvieran a cultivar sus matas, sus granos, aunque la fertilidad de la tierra ya no es la misma, está muy contaminada por los residuos químicos de la pasta, agrega Diego, un argelino.
Ahora bien, la nueva crisis que sufre las comunidades cocaleras es la poca compra de la pasta base, los narcos ya no quieren comprar y si compran es a muy bajo precio, lo que pone en jaque mate a la población; llevan meses represando y represando mercancía mientras los niveles de pobreza aumentan. Esto se debe a varias razones, empezando que los carteles de la cocaína están introduciendo cultivos y laboratorios en otros países, como Guatemala y Honduras.
Además, los narcos han implementado prácticas industriales que logran producir la misma cantidad de cocaína con menos coca, según registra el canal France 24 Español.
— Hay una sobreproducción de coca que está volviendo loca a las comunidades, muchas familias han salido de sus fincas en búsqueda de oportunidades, otras salen corriendo al quedar en medio de tiroteos, fuego cruzado, porque los grupos armados se mezclan con la población civil para cogerlos como escudos contra el Ejército y cuando se enfrentan no les importa si el pueblo muere, explica una habitante que prefiere estar bajo anonimato.
Toda esta situación ha hecho que jóvenes y mujeres se amarren los pantalones y emprendan diversos proyectos. Es por eso que ASCAMTA y la Asociación de Mujeres de Argelia (AMAR) vienen impulsando capacitaciones técnicas con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) sobre cultivos agrícolas y transformaciones del café. También hay colectivos, especialmente de mujeres, que empezaron a diversificar la hoja de coca en harinas, galletas, arequipes, tortas y abono orgánico.
Igualmente, hay colectivos que son esa chispa de esperanza, de color y vida, como la Escuela Itinerante de Artes de Argelia (EIAAR), que trabaja con más de 20 niños, niñas y juventudes en torno a la fotografía, encuadernación, serigrafía, gastronomía, comunicación digital y radio. Dicho espacio de formación permite que cada persona cuente su historia a través de expresiones artísticas, convirtiendo así, su experiencia personal en un asunto público.
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Fotografía: cortesía del festival Sobre Fondo Blanco.
El festival tuvo como resultado cuatro obras de arte que representan dignamente la riqueza natural y cultural del territorio, como también, hacen homenaje a la amabilidad de las y los pobladores
— Este proyecto nace como una forma de incentivar el arte y la cultura como herramientas constructoras de paz, pero también como una iniciativa sostenible, rentable. En el proceso hemos aprendido a tocar puertas, administrar proyectos y a trabajar en equipo. Sinceramente, la escuela significa mucho para mí, porque soy de aquí (un pueblo marcado por la violencia y el conflicto armado) y ver jóvenes que se piensan un lugar distinto a la guerra es alegría total, porque eso demuestra que hay posibilidades de paz, de transformar el chip de la violencia. Manifestó Luis Carlos Quisobony, integrante y educador de EIAAR.
La escuela fue clave para el desarrollo de la octava versión del festival Sobre Fondo Blanco “Sin raíz, no hay maíz”, allí compartieron sus habilidades artísticas y demostraron que, Argelia es una perla paradisiaca para vivir y convivir con la biodiversidad, siempre y cuando se le apueste e invierte a la paz.
— Nosotros trabajamos en transformar esa idea vaga que tienen las juventudes de hoy, de que el campo es lo peor, que es sinónimo de fracaso, y que el mejor proyecto de vida es salir a la ciudad a formarse y conseguir un trabajo de oficina, cuando la mayor riqueza es el campo y sus alimentos. Por eso, desde la escuela de artes gestionamos espacios formativos que potencialicen la creatividad y habilidades de la población argelina; aquí tenemos todo para ser felices, únicamente falta voluntad de paz por parte de los grupos armados y el gobierno nacional, expresó Edwin Quisoboni mientras repartía las camisetas del festival de muralismo.
Angy P. Bedoya R.
Periodista