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Venezuela: entre el asedio y la autodeterminación de un pueblo

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Aproximaciones a la agenda pública del Caribe (edición 63)

Por Caribe Investigación

Vecino, hermano y aliado

Hace tres semanas afirmábamos que Venezuela era un país clave para el proceso de paz colombiano. Desde la década de 1990, distintos gobiernos se han solidarizado con los procesos que el Estado colombiano ha entablado con las guerrillas: primero con el M19, luego con las FARC-EP, posteriormente con el ELN y en los últimos meses con la Segunda Marquetalia.

Esto lo entiende a la perfección el presidente Gustavo Petro que, al calor de la coyuntura electoral venezolana y de la campaña internacional de descrédito contra el gobierno de Maduro, optó por el diálogo entre los actores confrontados, abogó por el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano y se desmarcó de la política injerencista de otros países de la región como Argentina, Chile y Perú y de la propia OEA, en fin, de los áulicos de los Estados Unidos.  

Algo que la derecha regional sabe y calla convenientemente, porque sus intereses se alinean con los de Estados Unidos en el continente, Petro lo sabe de memoria y lo expresó en los últimos días: así como Venezuela ha sido clave para la paz de Colombia, la estabilidad de nuestro vecino país también es clave para la estabilidad no solo de Colombia sino de toda la región. 

Ese es el mensaje que debe prevalecer hoy, del diálogo y del respeto al otro, de la solución pacífica y política de las diferencias, de la no intromisión en los asuntos internos de Venezuela, del respeto a sus instituciones (incluyendo al Consejo Nacional Electoral). Lo demás es ruido e intervencionismo. 

Desde hace más de 20 años, la campaña contra Venezuela se ha tejido con la misma fibra: fraude electoral (cuando la derecha pierde), golpe de Estado y guarimbas, saboteo a su infraestructura, intervencionismo de los Estados Unidos y los gobiernos afines, sanciones económicas y robo de sus activos en el exterior (Monómeros, Citgo, reservas de oro en Inglaterra, entre otros).

En conclusión, si la opción que representaba María Corina Machado llegaba a la presidencia, el papel de Venezuela en la paz de Colombia sería incierto y sombrío. Basta con recordar que sectores económicos y políticos venezolanos llevan dos décadas utilizando a Colombia y sirviéndose de sus gobiernos (Uribe, Santos y Duque) para atentar contra la paz de Venezuela.

Importancia geoestratégica 

Las andanzas fasistoides de la extrema derecha de ambos países desbarataron el importante intercambio comercial binacional hasta el punto de afectar los intereses de ambas oligarquías, y también la vida y dinámicas de los pueblos fronterizos; el objetivo se convirtió en un dogma irrenunciable: abajo la dictadura. Esto también lo entendió Petro al asumir la presidencia e invirtió la lógica por dos razones que pesan hoy en el concierto regional e internacional.

Venezuela es un país clave en la geopolítica internacional. Esta fue una conquista del presidente Hugo Chávez, quien tejió una serie de alianzas regionales e internacionales basadas en el principio de la solidaridad de los pueblos con el propósito de romper con la hegemonía de EE.UU. Además, protagonista en la región por su posición geoestratégica y las reservas con las que cuenta: tiene la segunda reserva de oro de América, ocupa el segundo lugar en el mundo en reservas probadas de petróleo y octavo lugar en reservas de gas. 

Cuenta también con importantes reservas de hierro, coltán, cobre, bauxita, carbón, níquel, zinc, titanio y arena de sílice, mineral indispensable para la fabricación de baterías de litio y paneles solares, esto permite entender las razones para que el multimillonario Elon Musk se pronunciase contra el gobierno de Maduro.

Tanto la posición geoestratégica de Venezuela como sus reservas energéticas y minerales han beneficiado el desarrollo comercial de Colombia. Para el período enero-julio de 2021, cuando las relaciones entre ambos países aún estaban congeladas y Venezuela apenas comenzaba a recuperar su economía, nuestro vecino exportó hacia Colombia los siguientes siete productos:    

Fundición, hierro y acero (14,44 millones de USD); productos químicos orgánicos (2,64 millones de USD); materias plásticas y manufacturas (1,81 millones de USD); productos químicos inorgánicos (1,45 millones de USD); aluminio y sus manufacturas (0,87 millones de USD); combustibles y aceites minerales y sus productos (0,24 millones de USD); y productos diversos de las industrias químicas. 

Según cifras del DANE de 2023, el año pasado Colombia le vendió a Venezuela un total de US$673,4 millones, que representó un aumento de 6,5 % en relación con 2022, un crecimiento de 8,4 %. Hasta noviembre de 2023, el comercio entre ambos países (exportaciones más importaciones) alcanzó US$710,5 millones, un crecimiento del 9,3 % comparado con el mismo periodo de 2022.

El total de las exportaciones de Colombia hacia Venezuela realizadas entre enero y marzo de 2024 se ubicaron en US$182 millones, un incremento de 26 % en comparación con el mismo periodo del año anterior. Los principales grupos de productos exportados hacia Venezuela fueron: alimentos, bebidas y tabaco, productos químicos y materias plásticas.

Las importaciones provenientes de Venezuela durante enero y febrero de 2024 fueron de US$26 millones, una disminución de 9 % en comparación con las compras externas realizadas durante el mismo periodo de 2023. Otra vez fundición, hierro y acero encabezaron la lista de productos de mayor demanda. 

A ninguno de los actores económicos de Venezuela y Colombia les conviene una ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países, mucho menos la continuidad de la política coercitiva de sanciones contra la economía venezolana porque esto tendría un impacto en varios frentes: migración y derechos humanos, movilidad y desarrollo de las economías populares fronterizas, intercambio comercial y proceso de paz. 

Acuerdos estratégicos 

En la actualidad Colombia es importador de gas natural. Según datos compilados por Bloomberg, hasta agosto de 2023 Colombia había importado 309.000 toneladas métricas de gas natural (60 % más que 2022); entre octubre y noviembre del mismo año importó 204 millones pies cúbicos día a través de la terminal de regasificación de Cartagena, equivalente a 17% de la demanda nacional.

Hoy, a través de la plataforma de regasificación de Cartagena, entran al país entre 200 millones y 300 millones de pies cúbicos por día de gas, equivalente a 20% y 30% de la demanda nacional, según estimaciones de Ecopetrol de marzo de 2024.

Cuando en agosto de 2022 la exministra de Minas, Irene Vélez, asomó la idea de comprar gas a Venezuela, todos los sectores representados por la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas se pronunciaron en contra para alertar sobre lo que denominaron una peligrosa dependencia con Venezuela, como si no fuese erróneo comprar gas caro a Estados Unidos y Europa.

Ante este panorama, Venezuela se presenta como el principal proveedor de gas barato para Colombia, sobre todo por el existente gasoducto Antonio Ricaurte que conecta los estados fronterizos Guajira en Venezuela y La Guajira en Colombia, actualmente en fase de recuperación. 

A finales de 2023, Ecopetrol anunció que la Oficina de Control de Activos de Estados Unidos (OFAC) autorizó a la estatal colombiana para realizar operaciones de petróleo y gas con Venezuela. En marzo pasado, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, informó que en 2025 la estatal colombiana importará 60 millones de pies cúbicos de gas venezolano para cubrir un déficit de 17 % en la demanda de gas en Colombia.

Estamos hablando de acuerdos estratégicos con el país que cuenta con la octava reserva de gas y la segunda reserva de petróleo del mundo, un país con el cual compartimos vecindad, lazos culturales e históricos; un país que, por su posición estratégica e importantes recursos, es codiciado por los Estados Unidos.

No olvidemos tampoco que la empresa Monómeros, propiedad del Estado venezolano, atiende 40 % del mercado de fertilizantes en Colombia. El robo de esta empresa protagonizada por la derecha venezolana y auspiciada por la administración Duque casi que consigue liquidar a precio de huevo este importante activo que, debido a su ubicación estratégica (Barranquilla), permite abastecer sus productos desde el norte hacia el interior del país vía río Magdalena. 

Que la derecha de ambos países y de la región le pidan al gobierno de Gustavo Petro se sume al “concierto internacional” para denunciar la “tiranía” de Maduro, se presenta entonces como un acto de hipocresía por parte de aquellos que nunca han apostado por el diálogo en Venezuela. Se traduciría en un atentado contra la paz de ambas naciones, en la culminación o retroceso de los acuerdos estratégicos y comerciales binacionales suscritos los últimos dos años.

Como lo denunció el presidente Hugo Chávez en la década de 2000, el Plan Colombia se diseñó para controlar a las guerrillas colombianas y, en contrapartida, para controlar militarmente a Venezuela. Los hechos de las últimas dos décadas coinciden con tal denuncia: Colombia ha servido como escenario para la coordinación de planes de desestabilización internacional contra Venezuela. 

Lo que debe prevalecer entonces es el llamado al diálogo entre los sectores políticos confrontados en Venezuela, el respeto a la soberanía y al derecho a la autodeterminación de Venezuela.

 

 

 

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