Por: Antonia Bedoya Zuluaga
Nancy Rojas es una mujer campesina y antropóloga. Aunque ya hace mucho tiempo no vive en el campo, hoy vive entre montañas, cerca de una reserva en las afueras de Popayán. Mantiene vivas sus raíces conviviendo con gallinas y sembrando plantas de todo tipo que le recuerdan a su hogar original.
Desde que se mudó a la ciudad capital del Cauca se encendió en ella la chispa de transformación social, una vez se volvieron evidentes todas las desigualdades entre el campo y la ciudad, y en particular sobre algunos sectores específicos, por ejemplo las mujeres y las comunidades indígenas. Con el tiempo, esta chispa se fue agrandando y llenando de bases teóricas que en la universidad aprendió.
Tras años de trabajo comunitario y liderazgo, tiene claro que lo suyo es luchar, promover y divulgar los derechos de las mujeres a donde sea que vaya. Hoy es consejera de Paz de Popayán, y miembro de la Mesa Interpartidaria de Mujeres Políticas para la Paz del Cauca (Fumminpaz), organización que promueve el diálogo, la equidad y la participación política de las mujeres.
Esto no es tarea fácil, durante el 2023 su departamento fue el primero en hechos de violencia contra lideresas políticas, sociales y comunales (10%), según un informe realizado por el Movimiento de Observación Electoral (MOE). Por eso, en el marco de la tercera Asamblea Nacional por la Paz, organizada por la Unión Sindical Obrera (USO) Periferia habló con Nancy Rojas sobre la situación de la participación política de las mujeres y la importancia de esta lucha en la región del suroccidente.
Pregunta: ¿Cuál es la situación de las mujeres del Cauca en el contexto político ?
Respuesta: Cauca es un territorio demasiado complejo por lo que conjuga muchos factores de violencia: microtráfico, grupos armados, minería ilegal y todos estos residuos que quedaron y otros que han surgido de los grupos armados. Eso hace supremamente conflictivo ejercer el liderazgo en los territorios cuando se es mujer, y sobre todo mujer indígena o mujer rural. Es tremendo porque usted sabe que el poder está destinado para los hombres, no para las mujeres, el sistema patriarcal lo ha concebido así. Y máxime cuando ya se vienen las contiendas electorales, cuando hacemos encuentros de mujeres para que cuenten cómo les está yendo en las campañas, ¡eso es terrible! La estigmatización, la violencia por medios o chismes, y la violencia física, todo eso es cotidiano y hasta se naturaliza.
P: ¿Y esa violencia también se ve reflejada en lo doméstico?
R: En lo doméstico también, claro. Muchas mujeres que aspiraron a ser concejalas, a ser diputadas, a algunas les tocó separarse de los maridos, porque les decían cosas como “ya te vas a ver con el mozo”; o los vecinos decían “esa mujer que es lo que anda buscando en la calle”. Inclusive las mismas mujeres comentan “no, pero ustedes tienen que estar es cuidando a sus hijos, cuidando a su marido, usted porque está por acá todavía en la noche perdiendo el tiempo”. Y en el hogar muchos esposos incrementan la violencia física, psicológica. Hasta los mismos hijos les dicen “mamá, pero usted cómo va a dejar el hogar tirado por irse a voltear, a perder tiempo”.
P: ¿Qué otras barreras existen en el Cauca para que las mujeres puedan participar en espacios de poder y toma de decisión?
R: Una de las principales barreras, que es la base de todas, es la sociocultural, la estigmatización, o los estereotipos que llaman. Porque a las niñas las han educado para el cuidado de la familia, pero no para las relaciones de poder. Otra, es la económica, que las mujeres de la base generalmente están en condiciones económicamente limitadas. Los partidos y los movimientos políticos no tienen un verdadero compromiso con las mujeres. En las campañas no les dan para marketing, ni para publicidad, ni para nada, y el que diga que hace campañas sin dinero es paja, eso es imposible, así sea para un desplazamiento se necesita plata. Además, la política es muy centralista, las decisiones están centradas allá a nivel nacional, y son tan sinvergüenzas, que de allá dicen: vea, es Juanito y Pepito el que va a ir en esta lista. Imponen.
Y como son hombres, ahí sí aparece plata para las campañas. Pero cuando son mujeres no, para las mujeres no tienen ni para un lápiz. Definitivamente las que han llegado han sido muy verracas. Han llegado porque se han endeudado, o porque la familia las han apoyado. De resto, muy difícil. Además, a las mujeres se les exige más. A las mujeres sí le están diciendo: ¡ay, es que esa no es nada!, ¡ay, es que esa no esa profesional!, ¡ay, es que esa no tiene nada! Pero los hombres sí pueden ser alguien que esté en la calle, que no sepa ni leer ni escribir, y no se le está diciendo nada.
P: ¿Cómo combaten ustedes desde Fumminpaz la violencia contra las mujeres en las contiendas electorales?
R: Visibilizando, vamos a las emisoras, hacemos encuentros, comprometemos a los directivos de los partidos y de los movimientos políticos a que apliquen el protocolo. Por la ley 1475, todos los partidos deben tener unos protocolos para la prevención y atención de la violencia política. Pero eso es un saludo a la bandera, eso no aplica. Entonces es una lucha eterna y permanente. Nosotros también intentamos con la MOE implementar desde los consejos municipales esos protocolos, pero falta diseñar entre la institucionalidad, las organizaciones sociales, los partidos y movimientos políticos, una ruta conjunta de protección y prevención de la violencia política. Para que la mujer sepa dónde acudir y con quién apoyarse. Inclusive hemos pensado que también en los momentos de las campañas electorales, se requiere un espacio de atención psicosocial con las universidades que tienen los muchachos pasantes para poder hacer ese abordaje. Porque eso es mucha carga: violencia en el hogar, violencia en la calle y violencia en los partidos. En los partidos también, porque si usted es una mujer en una lista, a usted la dejan en la cola, sí, a la cola la tiran. Y tiene que hacer esa campaña sola.
P: ¿Y esa violencia física, verbal o las amenazas, se dan explícitamente por el hecho de ser mujer, o se encubre?
R: Son directas. [Nos] tratan de “PM”, de “perra”, de todo. ¿A quiénes les dicen putas o perras?, a las mujeres. “Vaya cocine, o vaya cuide hijos”. Eso es violencia directa. Porque con todo ese vocablo, cuando amenazan, cuando mandan sufragios virtuales o a la casa, es violencia directa por el hecho de ser mujeres, porque a los hombres no les dicen perra, ni puta, eso es solo a las mujeres. Y nos mandan a cocinar por ser mujeres, y ponen en duda nuestra dignidad porque somos mujeres.
P: De por sí la participación política de las mujeres es difícil, ¿es aún más difícil cuando esa participación política está atravesada por el feminismo?
R: Es bastante complejo, porque no hay una apertura de las mujeres. Puede ser mucho más fácil dependiendo de cómo se va a posicionar ese tema, no hacerlo tan evidente, sino un poco maquillado, hasta agradable y jocoso. No abiertamente, porque cuando los hombres olfatean que somos feministas, dicen no, esas viejas son unas locas. Entonces toca posicionarlo un poco camuflado.
P: ¿Qué crees que es lo más clave para fomentar el liderazgo para las mujeres?
R: Lo fundamental es la confianza en sí misma, la formación y el diálogo entre mujeres. Pero no siempre es fácil entablar diálogo y confianza entre mujeres porque el sistema patriarcal nos ha creado como enemigas, no como aliadas. No es fácil, a veces hay que hacer centros de escucha, hay que sanar. Eso también lo hemos hecho, encuentros de sanaciones y eso ayuda muchísimo porque allí salen muchas problemáticas que han enfrentado las mujeres desde niñas. Violaciones, discriminaciones. La gran mayoría de mujeres han sido violadas desde niñas en estos territorios, y eso ha mermado el liderazgo, la confianza en sí misma.
P: ¿Qué papel tiene la USO en el fomento de los liderazgos en el Cauca?
R: La USO es supremamente importante porque tiene un nombre, tiene un reconocimiento social de lucha por la defensa de los derechos laborales y de los derechos humanos. El hecho de que la USO convoque a organizaciones y a líderes y lideresas, está coadyuvando a fortalecer, a potenciar esas capacidades y ayudar a la construcción de país. Porque todos los liderazgos ya tienen un camino, un recorrido, unas luchas, unos conocimientos y unos reconocimientos. Y eso nos legitima como actores sociales y políticos trascendentales y fundamentales para decidir y construir un proceso de paz y diseñar las políticas. Es muy interesante y legítimo lo que hace la USO, hacerlo con la sociedad desde la base, porque nosotros somos los que colocamos el dedo en la llaga sobre cómo están los territorios y los derechos humanos, sobre cómo están esas desigualdades que se perpetúan y que sostienen la guerra y la violencia.
P: ¿Cuál es la importancia de la participación política de las mujeres en la construcción de paz?
R: Las mujeres tienen que participar en todos los escenarios, desde el diseño. Porque las mujeres son las que han sufrido mayoritariamente la violencia, y como han sido víctimas, son las que tienen que decir qué es lo que se debe corregir en el Estado y cuáles son las falencias. Qué medidas de protección debe haber para las lideresas, qué falta, qué programas, qué proyectos para reducir la vulnerabilidad, para cerrar las brechas de la desigualdad, para generar ingresos, para generar empleo, qué es lo que se requiere para que las mujeres puedan avanzar en los procesos de formación.
P: ¿Usted cree que la USO ha hecho esfuerzos valiosos?
R: La USO está empezando a hacer esos esfuerzos, y me parece muy importante. Porque inclusive las propuestas, la incidencia, está teniendo en cuenta el enfoque de género y diferenciado. Eso es supremamente valioso porque es entender la realidad de unas asimetrías que se deben corregir a través de la inclusión.
Para leer los demás artículos del especial sobre la 3ª Asamblea Nacional por la Paz: https://periferiaprensa.com/category/especial-uso/