Dice un conocido tango: …20 años no es la nada… para nosotros como proceso de comunicación alternativa y popular significa mucho. Periferia nació entre octubre y noviembre de 2004 con el propósito de retar las políticas fascistas del gobierno más nefasto que haya tenido Colombia, proyecto que en ese momento se encontraba en su cúspide. El título de esa primera edición impresa decía “¿estás informado o uniformado?”, hoy es aún válida esta pregunta. Son 179 ediciones y 20 años invitando que el movimiento social entienda la importancia de la comunicación popular en la lucha contrahegemónica y la constitución de un nuevo sujeto político.
Hace dos décadas fuimos testigos del “embrujo autoritario”. Padecimos el cinismo de los medios corporativos de desinformación, propiedad de las familias más ricas, ancladas a las grandes corporaciones transnacionales mediáticas, que sumaban esfuerzos y recursos millonarios para posicionar una cultura individualista, competitiva, patriarcal, mafiosa, y demás antivalores representados en el paramilitarismo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las cuales crecían como espuma gracias al patrocinio de empresarios, la clase politiquera y las fuerzas militares. El asombro, el miedo y la rabia que sentíamos nos animó a materializar lo que hoy es Periferia.
En principio, como lo han pensado la mayoría de honestos periodistas y comunicadores, consideramos que la tarea era construir un medio fuerte y masivo. Sin embargo, el momento histórico mundial y regional nos fue quitando la venda de los ojos. La infraestructura física, administrativa, profesional y tecnológica podría costar miles de millones. Poco a poco, fuimos perfeccionando un pensamiento del que hoy seguimos convencidos: no es solo un medio de comunicación lo que se necesita para enfrentar la hegemonía mediática del capital, se requiere una articulación contrahegemónica de todas las formas de comunicación, discursos, mensajes y contenidos de clase. Hay que disputar y ganarle sus audiencias, sus auditorios, hay que sacudir la humanidad para que mire la realidad con otra perspectiva.
¿Pero cómo lograrlo? No es fácil. Sin embargo, hay que empezar por reconocer que los y las protagonistas de la comunicación no son los y las periodistas subordinadas al gran capital y sus corporaciones mediáticas. Las protagonistas deben ser las comunidades, ellas deben recuperar el derecho a comunicarse, a producir sus contenidos, sus mensajes, sus historias, sus narrativas y compartirlas con su gente, ponerlo al servicio de su pueblo, de la sociedad. Casi siempre, quienes componen ese pueblo y están en la periferia geográfica, económica y política; aislados del poder y de la posibilidad de construir nueva hegemonía, de transformar y generar cambios en el sistema. La comunicación popular es una propuesta de poder político e ideológico.
Este enfoque de la comunicación ha progresado desde el punto de vista cualitativo, pero seguimos siendo marginales en el mundo mediático, que en estos 20 años ha caminado de la mano con la ciencia, la tecnología digital y audiovisual al servicio de la acumulación y la explotación. Derrotar la hegemonía, construir sujetos críticos y una nueva hegemonía es cada vez más complejo.
La velocidad y el vértigo del capitalismo nos condena a rutinas desesperadas donde no hay lugar para lecturas extensas con contexto, ni reflexiones profundas. La inmediatez es la medida. La posverdad gana elecciones. Y la guerra mediática se libra entre productores individuales de contenido, youtobers y otra cantidad de comunicadores y comunicadoras que compiten con algoritmos para seducir a millones de seguidores.
La crisis civilizatoria, la lucha por el apropiamiento de los minerales para la transición energética y la depredación ambiental que tiene colapsado al planeta, deja ver que el imperialismo se tambalea y otras potencias le empujan para que se caiga. A pesar de ello, la disputa por un mundo multipolar no es esperanza de una transición a otro modo de producción, a una nueva relación con el planeta, y a la derrota definitiva de la hegemonía capitalista.
Los pocos gobiernos de izquierda o progresistas, como el de Colombia, luchan con pies y manos por existir. Su prioridad tampoco es la construcción de una propuesta contrahegemónica de comunicación popular, no existe o simplemente no les interesa hablar de ello. Tampoco le importa al movimiento social y popular materializarla. Tantos los unos como los otros siguen construyendo por separado propuestas de comunicación gremiales sin horizonte estratégico; o disputando un pequeño espacio en un medio público decente. En el peor de los casos, acuden a comprar la masividad de un medio ruin o mafioso, como RCN, Caracol, El Tiempo o Semana, creyendo que por allí sus mensajes van a alcanzar más oídos y seguidores.
Seguimos remando contra la corriente, buscando el cadáver río arriba. Todos y todas al unísono denunciamos la perversidad de los medios de comunicación corporativos y el daño que provocan. Lo hacemos al mismo tiempo que miramos las noticias de las corporaciones mediáticas del capital o escuchamos los patéticos programas de La W, Blu radio y demás voceros del sistema y la ultraderecha.
Pese a todo, insistimos en la construcción colectiva de una propuesta de comunicación popular contrahegemónica. El análisis de la base material del capitalismo nos explica muy bien como es que nos explotan y se apoderan de la riqueza y los excedentes que produce nuestra fuerza de trabajo, pero todavía no hay comprensión de cómo opera la superestructura donde se fabrica el discurso y las narrativas para convencernos de que no podemos derrotar al sistema, que no hay nada que hacer, que la revolución no es posible y que no es necesaria una estrategia para descontaminar las mentes sometidas por la hegemonía capitalista.