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La memoria colectiva se pinta a varias manos

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Por: Wilmar Harley Castillo Amorocho

El pasado lunes 20 de enero se reunieron cientos de jóvenes y adultos para pintar el mural “las cuchas tienen razón”, debajo de un puente de Ibagué, ciudad capital de Tolima. Precisamente, en el puente que está en medio del Éxito y el Homecenter, en la calle 80 de la comuna 8. Los dos carriles del puente están separados entre sí, pudiendo ver una glorieta en la parte de abajo donde está la escultura La flautista, y, en ambos extremos que sostienen el puente, había dos murales realizados por encargo de un monopolio de “limpieza” urbana (1). Estos dos muros, de aproximadamente cinco metros de alto por quince metros de ancho, fueron el objetivo de lxs muralistas.

Los antiguos murales, alusivos al folklore tolimense, sufrieron el paso del tiempo y el azote de la humedad, ya que, en el diseño del puente, sacaron una parte del desagüe por estas paredes, canalizando las aguas lluvias por los murales. Esto, además de la exposición al sol, hizo crecer moho y plantas aéreas entre las fisuras.

Como una avalancha, el artivismo se ha tomado varias ciudades del país para apoyar a las madres de las víctimas de la Operación Orión, que nunca se cansaron de gritar que en La Escombrera de Medellín había enterrados los “resultados” de esa nefasta acción estatal-paramilitar, que sería replicada en el resto de las ciudades y territorios del país durante el régimen de Álvaro Uribe. Además del apoyo a las “cuchas” de la Comuna 13 de Medellín, también se recordó en esta acción muralista nacional que Álvaro Uribe Vélez fue quien “dio la orden”.

Para el caso del Tolima, las organizaciones de Derechos Humanos afirman que existen 284 casos registrados de ejecuciones extrajudiciales (2). Lamentablemente, estas cifras estaban en el olvido voluntario o impuesto hasta el lunes, donde se plasmó en rojo y grande esta cifra que retumba de nuevo en la cotidianidad de lxs ibaguereñxs y tolimenses. Pero con la excusa de no tener permisos para pintar en el espacio público, la institucionalidad municipal en cabeza del Secretario de gobierno, Leandro Vera Rojas, junto a su escudero, el director de Espacio Público y Control Urbano, Jhon Ferley Amaya Rivera, intentaron impedir la pintada de los murales, estrellándose con la fuerza colectiva que no escuchó sus reclamos leguleyos, devolviéndose ambos a su despacho a pedir ayuda a los patrocinadores de la alcaldía, es decir, a los gremios económicos (3).

Son varias las problemáticas, injusticias y discusiones en la gesta de estos murales, que no pueden ser tapados con normativas amañadas sobre el espacio público. Por ejemplo, mientras pelaba yucas con sus compañeras para cocinarlas luego en la olla comunitaria, la estudiante de Historia de la Universidad del Tolima, Luisa Fernanda Ayala manifestaba:

“Hacemos la olla porque estamos apropiándonos de estos espacios, que es un espacio público. Hay una pregunta muy significativa: ¿De quiénes son los muros? Si no son para los ciudadanos de Ibagué ¿para quiénes son?, ¿son del Estado? ¿Son de los mandatarios? Parece que los funcionarios son los dueños de los muros. La alcaldesa decide que se pinta y que no. ¿Quién construye la memoria? Nosotros como estudiantes de Historia tenemos que preguntarnos esto, por qué el mural y la estatua que tenemos atrás son lo que nos están imponiendo como memoria. Y es muy importante recordar que las cuchas tenían razón.”

Otro aspecto que se plasmó en cada brochazo fue la falta de espacios culturales para la juventud y la niñez, como lo explica la directora de la editorial popular Dulima, Marcela Higinio: “Estamos en la comuna 8, el puente de la 80, que es muy importante porque aquí se está expandiendo la ciudad. En cada barrio vemos que hay muy pocas escuelas populares, hay muy pocos salones culturales. Pero sí encontramos muchas iglesias evangélicas y encontramos muchos espacios de evangelización, pero no encontramos espacios para la cultura. Por eso es muy importante resaltar la confluencia artivista este día, alrededor de la olla comunitaria, porque también queremos hacer una reivindicación a la alimentación soberana y a la libertad de consumo”.

Hay intereses de clase detrás de las paradas y pronunciamientos de los funcionarios públicos que se oponen a estos murales, así lo recordó Christian Rojas, defensor de derechos humanos y miembro de la Campaña Defender la libertad, asunto de todxs: “Obviamente, hay intereses políticos para que la memoria no siga siendo visible y se borre, o ni siquiera se le pueda presentar a la gente de a pie”.

Por eso, gracias a la lucha de las cuchas de la Escombrera se reactivó el tejido artivista en Ibagué y en otras ciudades de Colombia. Alrededor de los murales se grita nuevamente a los clanes familiares regionales y a los victimarios de uniforme militar, que el país de a pie exige justicia, verdad, reparación y no repetición. También se le recuerda a la gente que debajo de estas tierras hay por encontrar cuerpos de jóvenes asesinados. Además se posiciona de nuevo los debates sobre otras injusticias que siguen vivas en los barrios y veredas del Tolima y Colombia, las que deben ser resueltas integralmente y a varias manos.

 

Notas:

  1. https://www.elolfato.com/ibague/jhony-y-camilo-los-artistas-detras-de-los-murales-de-la-calle-80-en-ibague
  2. https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/la-jep-abre-tres-nuevas-subsalas-para-resolver-la-situacion-juridica-de-aproximadamente-6-mil-comparecientes-no-seleccionad.aspx; https://caracol.com.co/radio/2021/02/22/judicial/1614016972_910672.html
  3. https://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/ibague/524734-polemica-por-mural-de-las-cuchas-tienen-razon-que-pintaron-en-ibague

 

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