Por Pablo Oviedo
Hoy a más de 20 años las murallas, el barrio Getsemaní y hasta la refrescante brisa marina siente tu ausencia y todavía te extraña. Todavía la heroica llora tu partida, por tu explosiva risa fiestera al momento de sonreír y por robarle las alegrías a la vida. Tú, maduro, seguro y sereno, humilde y de alma noble, el más luchador, el más fraterno y revolucionario. Así eras, así eres Alonso, así te añora tu Cartagena del alma.
Eras ese muchacho moreno, de gafas redondas que trataba de cambiar el rumbo de la historia como muchos en Colombia, tus únicas armas siempre fueron tu conciencia, tus ideales y la fuerza de tu palabra, del debate, tus ideales, tus sueños. Le brindaste la mano al que lo necesitaba. Es así como te recordamos los que tuvimos la oportunidad y la dicha de conocerte, hermano.
No esperábamos que ese 15 de enero de 1996 salieras a cumplirle una cita a la muerte, luego de recibir una llamada y salir de la pensión en el barrio Getsemaní donde habitabas. Fue el último día que te vimos con vida. Saldrías para nunca más regresar. Nueve días después, el 24 de enero, tus restos fueron encontrados en una bolsa plástica en la bahía de Cartagena, Bolívar. Paramilitares te cortaron las manos y la parte baja de tu abdomen y luego te ejecutaron, a ti, estudiante de filosofía en la Universidad de Cartagena, a ti, Alonso Corrales Hernández, profesor también de ciencias sociales en el colegio INESI y uno de los fundadores de la Asamblea Nacional de Estudiantes Universitarios (ANEU), además dirigente de la Juventud Comunista (JUCO) y la Unión Patriótica UP, ex integrante del Consejo Estudiantil de la Universidad de Cartagena.
Sigue en la más completa impunidad tu vil y cobarde asesinato a manos de un estado paramilitar, torturador y asesino. Se equivocaron los que te mataron porque no te enterramos: te sembramos, y a más de dos décadas sigues germinando en nuestros corazones y en cada revolucionario que existe; seguimos con tus banderas adelante cambiando las cosas con la fuerza de la razón. Hoy en día en la universidad de Cartagena existe el centro de estudios políticos y filosófico Alonso Corrales Hernández. Gracias hermano, camarada, compañero, por tu ejemplo. Hoy sigues vivo. Representas también a las miles de víctimas de crímenes de Estado. Tu único pecado era “ser un soñador”.