Por Juan Alejandro Echeverri
En su Biografia del Caribe, Germán Arciniegas dijo que “cuanto más absurdo, más lindo es el milagro”. Es la primera rueda de cumbia, el tronar de los tambores, lo que cada primero de enero revive a Joselito Carnaval de su resaca penitente. Durante su paso invisible pero determinante por este mundo, Barranquilla, de manera gradual, se mostrará ante Colombia y el mundo tal cual es. Hace una semana, por la calles de la ciudad se lloraba la muerte de Joselito Carnaval. Periferia habló con Wilson Castañeda un día después de que el borracho que nadie ha visto, pero que todo el mundo conoce, iniciara su merecido descanso y diera por finalizada otra versión del Carnaval de Barranquilla. El director de la Corporación Caribe Afirmativo, un referente regional y nacional en la lucha por los derechos de las diversidades sexuales, no nació en Barranquilla, reconoce que no es un experto sobre el Carnaval, pero después de vivir 15 años en la ciudad, su óptica crítica, realista, y mesurada, revela cosas encriptadas tras las vallas y el relato institucional.
Pregunta: ¿Qué representa el Carnaval para Barranquilla?
Respuesta: El Carnaval es la definición más clara y contundente de la cultura Barranquillera, bajo el entendido de que toda la construcción de sociedad que se hace en Barranquilla, se hace fundada en el Carnaval.
El Carnaval es la manifestación más espontánea de la vida en sociedad que tienen los barranquilleros, es el punto de partida y el punto de llegada de las acciones de construcción de ciudad que se hacen en Barranquilla. El Carnaval es Barranquilla y para entender a Barranquilla hay que entenderla en perspectiva de su carnaval.
Foto: Eduardo Trujillo @eduardotrujillob
¿Qué es lo que compone esa cultura barranquillera y cómo se expresa en la vida cotidiana de la ciudad?
Cuando vas al origen, o tratas de entender cada uno de los elementos del Carnaval de Barranquilla, te das cuenta que es la sumatoria de diferentes expresiones de la región. En el Carnaval de Barranquilla hay expresiones de Talaigua, sur de Bolívar; de Tamalameque, en el Magdalena; hay expresiones del norte de La Guajira; hay expresiones del Caimán cienaguero de Ciénaga; de la fiesta de la Candelaria de Cartagena; hay expresiones del río Sinú de Córdoba. El Carnaval es una síntesis de las diferentes formas culturales de la región Caribe. Barranquilla, sin el afán de postularse como la capital de la región, porque no lo es, todas las ciudades son muy importantes, a diferencia de Cartagena o Santa Marta, encuentras que es una ciudad que logra acoger en su proyecto de ciudad las diferentes expresiones de la región.
En segundo lugar, el Carnaval tiene una fuerte influencia externa, es como un sincretismo entre lo que es propio de las comunidades colombianas, tanto indígenas como afrocaribes, pero también tiene expresiones venidas de los turcos, de los italianos, de los árabes. Es una ciudad que tiene una fuerte impronta de intervención de foráneos, aquí hay un ejercicio de una migración que rápidamente se articuló con la vida de la ciudad.
En tercer lugar, el Carnaval de Barranquilla tiene un alta expresión de evento público. A diferencia de muchas fiestas y festejos en Colombia, que suelen ser fiestas y festejos para sus propios ciudadanos y ciudadanas, el Carnaval de Barranquilla es una expresión de sus ciudadanos para afuera, para otras culturas. Justo el alcalde esta mañana daba una rueda de prensa, en la que hablaba de casi 800.000 personas de afuera, que se registraron en los últimos cuatro días, y eso tiene que ver con esa tercera vocación de la ciudad, que es una ciudad muy abierta a interlocutar con el foráneo, a diferencia de otras ciudades más de la región Andina que son más cerradas.
Y la cuarta particularidad, es esta composición del valor de la tradición. El Carnaval de Barranquilla pone en el centro de sus expresiones la cumbia, los disfraces tradicionales, que tienen relación con los aprendizajes de los esclavos africanos, o con los animales que perviven en la región… Cuando miras grandes carnavales que han logrado transformarse también como expresiones tecnológicas y técnicas, encuentras el de Barranquilla todavía bailando cumbias, sentado en el bordillo, es esa resignificación de la tradición. Por eso, a pesar de que Barranquilla no tiene la historia de Cartagena o de Santa Marta, es la ciudad que tiene mayor identidad Caribe a mi modo de ver, precisamente por conservar esas tradiciones.
Si bien el Carnaval es un mes al año, terminan definiendo toda la vocación de la ciudad el resto del año, y todo lo que la ciudad proyecta como su saber social, cultural y político.
Foto: Sebastián Hernández @sepebapas
P: ¿En estos quince años has notado algún cambio en el Carnaval?
R: El Carnaval es una empresa. Carnaval S.A es una empresa en Barranquilla, eso ha logrado que mejore en términos de marketing, de funcionabilidad, si se quiere, pero sigue dejando la deuda histórica al ser un evento privado. Eso hace que muchos sectores de la ciudad que no tienen accesos a recursos, si bien viven el Carnaval porque el Carnaval se vive a lo largo y ancho del país, el Carnaval que ve la gente en la televisión, que es el de la vía 40, donde están apostados todos los esfuerzos, es un Carnaval que para ser eficiente lo han privatizado. Ese asunto de no ser público termina volviéndose un ejercicio selectivo. Muchos ciudadanos quieren ir a la vía 40 y no tienen como comprar un palco. Entonces tienen que verlo en la televisión o quedarse atrás de los palcos.
Lo que está ocurriendo es que hoy hay que hablar del Carnaval en plural. La televisión muestra una batalla de flores, pero hay muchas batallas de flores, porque cada barrio ha creado su estrategia, eso está bien, no podemos casarnos con una sola propuesta. Pero si es un poco crítico que, en aras de la eficiencia de un proyecto de ciudad, la solución sea la privatización. Y entiende uno que efectivamente cuesta mucho dinero, pero también le deja muchas entradas a la ciudad, que terminan quedando en lo privado.
Tiene sus pro y sus contra. Para mí sigue siendo una falencia que un evento que es patrimonio de la ciudad, no tenga ese carácter de ser público, entendiendo que lo público es un bien que debe primar en la sociedad, porque este asunto de la privatización tras el fenómeno de la eficiencia nos ha puesto a perder muchas oportunidades.
Los primeros años que pasé en Barranquilla, era muy marcado el clasismo en el Carnaval. En épocas del gran Carnaval, que es lo que acabamos de terminar, venía mucha gente de fuera a ver el Carnaval, pero algunas familias decidían irse de la ciudad. Y quedaba como un tufillo que se vive mucho con la figura de la reina central. Una reina elegida por decreto, suele ser una mujer que proviene de una familia adinerada de la ciudad, porque precisamente es su responsabilidad costearse todos los retos de ser reina del Carnaval, que va desde los vestidos, hasta ir a los diferentes eventos. Las reinas del Carnaval no son reinas de belleza, son reinas de talento cultural, pero está mediado también por el poder adquisitivo. Hace tres años hubo un intento para que el poder adquisitivo no fuera significativo, pero termina haciendo la diferencia. Eso como ejemplo para decir que a veces en el Carnaval hay algunas expresiones de cierto clasismo. Algunas expresiones de que el Carnaval es para ciertos sectores de la ciudad que tienen mayores niveles de ingreso, pero como toda la ciudad está en Carnaval, la que no puede ser reina del Carnaval puede ser reina popular, pero ese tufillo de diferencia termina haciendo mucho daño.
Lo otro que puedo decir, es que el Carnaval después de que fue declarado patrimonio histórico de la humanidad, hace 20 años, ha logrado entender lo importante de conectar con la vida ordinaria de la ciudad. Cuando llegué a Barranquilla, el Carnaval era un paréntesis en la vida cotidiana. Y el resto del año, si bien la gente tiene entronizado el Carnaval, había una desconexión. Una cosa positiva es que luego del reconocimiento como patrimonio de la humanidad, el Carnaval ha empezado a verse en la vida cotidiana.
Lo digo por tres ejemplos: la apertura del Museo del Carnaval y sus diferentes salas interactivas, permite que en cualquier día del año, tanto propios como turistas puedan entender la lógica del Carnaval. Segundo, la ciudad empezó a entender que en el Carnaval hay una fuente de emprendimiento y de empresa. Ejemplo de ello es el apoyo que se le hace a los hacedores de las artesanías del Carnaval, que están ubicados en un pueblo del Atlántico que se llama Galapa, y han sacado adelante sus empresas para que estas esculturas del Carnaval puedan posicionar a la ciudad. Y tercero, en los últimos gobiernos, tanto a nivel departamental como distrital, las secretarías de cultura han generando estímulos para los hacedores del Carnaval. Entonces es un buen mensaje, todavía falta mucho por recorrer, pero eso es entender que sí la razón de ser de la ciudad es el Carnaval, el Carnaval también puede dinamizar la vida cultural, política, económica e incluso la vida académica de la ciudad, y creo que estamos dando pasos en esa dirección.
Foto: Sebastián Hernández @sepebapas
P: ¿El Carnaval logra proyectar el valor de las expresiones culturales, y las expresiones de género diversas, o son aspectos “vendidos” desde la caricatura y la ridiculización?
R: Puedo dar fe de que hay una convicción, una vocación, un espíritu carnavalero en las personas de Barranquilla. La gente lleva el Carnaval en sus venas, hay un respeto profundo por los hacedores del Carnaval. Hay un aprecio por las acciones del Carnaval. La gente no se siente ridiculizada ni caricaturizada, la ciudad tiene una capacidad transformativa en torno al Carnaval. Cuando uno vive en Barranquilla y no solamente viene al Carnaval, sino que ve la cotidianidad que da como resultado el Carnaval, es un asunto que está entronizado. Eso de ser hacedores del Carnaval es una realidad que vive la gente. Tienen un respeto y una convicción profunda por la cumbia, por los disfraces, por los bailes, el vestirse y el disfrazarse es un ritual, no es una burla, pero es un ritual desde la alegría. Mi mayor aprendizaje de vivir en el Caribe es la alegría como medio de vida. En la región Andina, o por lo menos donde me eduqué, había cierto desprecio a la alegría por pensarla que era una pérdida de tiempo, de pensar que no tenía calidad, y el Caribe logra redimensionar la alegría.
Por supuesto, hay una visión externa, existe este asunto de la cosificación. Hay gente que viene dos o tres días al Carnaval, se aparta en los palcos, ve pasar la gente y se hace unas imágenes y, por ejemplo, las expresiones festivas, la chabacanería, las ridiculizan cuando hacen parte de la propia identidad.
P: ¿Qué tanta cabida e importancia tienen las personas LGBTIQ+ en el Carnaval?
R: Hay una antecedente que es muy significativo. El Carnaval de Barranquilla tuvo una expresión de movilización LGBTIQ+ inclusive antes de las marchas del orgullo gay en Colombia. La primera marcha del orgullo gay en Colombia se celebró en Bogotá en 1980, otros dicen que en el 79, pero la primera vez que salió la guacherna LGBTIQ+ en Barranquilla fue en el año 76. Y no solo está el antecedente de Barranquilla. Cuando revisas las fiestas y los festejos de este país, desde el sur hasta el norte, encuentras que en los espacios culturales populares hay expresiones de resistencia de personas LGBTIQ+. Después viene ese asunto de la marcha del orgullo, que es más impuesto, que es más estadounidense, que es más políticamente correcta, entonces hay como un mito de creer que ese el hito fundacional de la movilización LGBTIQ+, y que antes no había nada.
Eso es un error, y habría que decir, puntualmente de cara al Carnaval de Barranquilla, que en el año 1976, hace 48 años, las personas que eran de esta ciudad se abrieron espacio en la guacherna de Esthercita Forero. La guacherna es el espacio más público, a diferencia de la batalla de flores, de la parada de tradición, es la apropiación de la ciudadanía con el Carnaval. Hace 48 años las personas trans, ni siquiera los gays, empezaban a apropiarse de esto. Por supuesto que hubo dificultades, los primeros años persecución de la policía, en una ocasión tuvimos un obispo que le prohibió a la reina central del Carnaval ir a la guacherna porque iban las personas LGBTIQ+.
Después el movimiento creó su propia guacherna, que es el día después de la gran guacherna de la ciudad, algunos dicen que fue una estrategia de la misma ciudad para hacerlos a un lado. Todo eso que hay que leerlo con beneficio de inventario, deja constancia que una expresión como el Carnaval de Barranquilla, hace casi cincuenta años, ha tenido un espacio de resistencia para las personas trans. Hay una anécdota muy bonita. La canción Las tapas de Lisandro Meza, que murió hace un par de semanas, fue una canción que compuso para que las trans bailaran en la guacherna de Barranquilla.
Esos 48 años de resistencia le han permitido tres reflexiones a la ciudad frente a las personas LGBTIQ+. Primero, si lo más importante para la ciudad es el Carnaval, ahí estamos también las personas LGBTIQ+ porque también somos la ciudad, y somos lo más importante de la ciudad. Por supuesto aquí también hay marcha del orgullo LGBTIQ+, aquí también se conmemora el día de la no homofobia, pero es un mensaje muy contundente que lo más importante de la ciudad son las personas LGBTIQ+. Si vas al museo del Carnaval de Barranquilla, hay una sala permanente solo del Carnaval LGBTIQ+, que habla de su relación con la ciudad.
Lo segundo, es que es una forma diferente de leer la historia del movimiento LGBTIQ+. Nosotros hemos leído la historia del movimiento a partir de Stonewall en los Estados Unidos, a partir de la marcha del orgullo. Una lectura más gaycéntrica, más de las grandes ciudades. La guacherna LGBTIQ+ de Barranquilla permite leer una historia de la ciudad desde las personas trans, desde la cultura, desde la tradición, desde tomar el espacio público, desde involucrarse con el espacio más importante de la ciudad.
En tercer lugar, por supuesto que le genera retos a la ciudad. Esto va a sonar contradictorio: Barranquilla es la ciudad capital de Colombia que tiene mayores pendientes con las personas LGBTIQ+. Aquí no hay ninguna política pública, aquí no hay línea de base. Solamente el gobierno anterior de Jaime Pumarejo, fue el primer gobierno que habló de personas LGBTIQ+ en su plan de desarrollo, los de antes no habían hablado de eso, pero aun así no hizo nada. Cuando miras ciudades como Cartagena o Santa Marta, que las tenemos cerca, Sincelejo, o Montería, hay más trabajo con asuntos LGBTIQ+. En Barranquilla parece que solo importáramos en el Carnaval.
Es muy común ver en el Carnaval la bandera arcoíris, hay muchos eventos LGBTIQ+, las personas LGBTIQ+ siempre tienen un espacio dentro del Carnaval, la Reina y el Rey Momo van a los espacios LGBTIQ+. Pero eso se acaba con la muerte de Joselito, que fue ayer, y el resto del año hay un silenciamiento de las personas LGBTIQ+, un silencio de una ciudad que tiene mucha violencia y muchas deudas. El Carnaval, que es un espacio garante para las personas LGBTIQ+, le deja a la ciudad una tarea pendiente, y es que esto sea los 365 días del año
Tomada de la puntina no ma’
P: ¿Cuáles son algunas de esas deudas puntuales y prioritarias que tiene la ciudad con las personas LGBTIQ+?
R: La primera tiene que ver con la violencia. Es la ciudad más habitada del Caribe, y, por tanto, es la ciudad que registra mayores casos de homicidios y feminicidios de personas LGBTIQ+. En el 2022 tuvo más casos Santa Marta, y el año pasado Sincelejo, pero esta es una ciudad de mucha violencia verbal y simbólica. Las emisoras de Barranquilla, en su gran mayoría, tienen personajes que se hacen pasar como personajes LGBTIQ+, y lo que hacen es burlarse de estas personas. Hay una violencia verbal y simbólica muy fuerte, no con los niveles de asesinatos que tenemos en ciudades como Medellín, Bogotá y Cali, pero hay un asunto instalado en la ciudad de desprecio a las personas LGBTIQ+ en la vida cotidiana, que la ciudad tiene que resolver de inmediato. Sigue siendo común que las personas LGBTIQ+ de Barranquilla prefieran irse a Bogotá o Medellín, porque sienten que la ciudad es muy agreste, es muy violenta, no tanto en términos de asesinarlos, pero sí de excluirles verbal y simbólicamente, de rechazarles. Aquí falta una gran campaña de cultura ciudadana, que la ciudadanía sepa que vamos más allá del Carnaval.
La otra tarea pendiente tiene que ver con las hacedoras trans del Carnaval. Esta es una ciudad de altísima riqueza cultural liderada por las personas trans. Las personas que iniciaron el proceso de la guacherna, algunas de ellas están vivas, tienen entre 70 y 80 años, viven en condiciones de muchísima pobreza, de altísima precariedad, aquí hay un altísimo desempleo para las personas LGBTIQ+, que se agudiza con las personas trans. Hay una gran falta de oportunidades. Otra deuda pendiente de la ciudad es garantizar condiciones de acceso a derechos económicos, sociales y culturales para las personas LGBTIQ+, particularmente para las personas trans. La gente que siguió el Carnaval, vio que tenemos reina trans del Carnaval, reina internacional trans del Carnaval, reina popular trans del Carnaval, reina departamental trans del Carnaval, rey momo gay internacional, rey momo gay central, un montón de realeza LGBTIQ+, pero son personas que a partir de hoy vuelven a su vida cotidiana, marcada por altísimos niveles de precariedad en su calidad de vida. Muchos y muchas, sobre todo las personas trans, tienen que concebir su proyecto de vida en otro país o en otra ciudad, porque aquí no hay condiciones. Entonces la mejor gratitud que puede tener la ciudad hacia ellas y ellos es garantizar que puedan vivir todo el tiempo aquí en la ciudad con condiciones de acceso al trabajo digno.
P: ¿Qué piensas de eventos o fiestas como el de la puntica no ma’, un espacio al que acude mucha gente, pensado para exaltar la diversidad sexual y de género, para liberar todo eso que, tal vez, públicamente se reprime durante todo el año, pero que tiene un costo que quizás una persona homosexual o gay de una zona popular histórica como Barrio Abajo no puede pagar?
R: El ambiente del Carnaval es un ambiente donde se relajan los ánimos, donde la violencia y la discriminación no tienen cabida, pero también fruto de esos 48 años de activismo del Carnaval LGBTIQ+, Barranquilla le ha dado un espacio a esas personas. Nosotros escribimos un libro el año pasado [Con polleras y en tacones] sobre los 46 años del Carnaval LGBTIQ+, y dábamos cuenta de los grandes cambios que ha tenido. En el año 76, luego en el año 78, porque en el 77 no salieron, las personas trans que salieron a la calle fueron víctimas de burlas, de chiflidos, varias veces fueron detenidas por la policía. En los años 70 y los primeros cinco años de la década del 80, cuando terminaba la guacherna LGBTIQ+, les esperaban los policías y las capturaban, o las correteaban, o las perseguían, la gente les tiraba cosas. Inclusive ellas cuentan hoy con algo de diversión, pero es una historia dolorosa, como ir a la guacherna era ir en tacones o llevar en una maleta los tenis, porque después había que salir corriendo por los ataques de la policía o la gente que les tiraba cosas en la calle.
Ver por ejemplo la última guacherna LGBTIQ+ de Barranquilla, que la gente les acompaña, que los grupos culturales salen a presentarse en la guacherna, que la gente sale a la calle a aclamarles, habla de un cambio significativo. Eso ha dado pie a que con el correr del tiempo, muchos turistas vengan al carnaval y vean esa expresión de acogida a las personas LGBTIQ+. Eso empezó a generar espacios como el de la puntica no ma’, que es un espacio hecho por foráneos. Muchos de ellos LGBTIQ+ o simpatizantes de las personas LGBTIQ+, que se crean un espacio propio en el Carnaval para tener una expresión de género diversa, a veces apropiada, a veces simplemente de diversión, pero precisamente recogiendo esa consigna de que el Carnaval de Barranquilla es un espacio seguro para las expresiones de género.
Pero eso puede generar como tres distintas visiones. Primero, esa visión errada de pensar que la expresión de género es solo para divertirse. La gente ve a las personas trans muy alegres y muy festivas en el Carnaval, pero es una alegría y una festividad que está cargada de un contenido político, de un contenido político que se han hecho a pulso durante 48 años, los 365 días del año. Muchas veces, y reconociendo que la puntica no ma’ es muy importante para el Carnaval, la gente que está ahí lo puede hacer con la mejor intención festiva, pero no puede tratar de pensar que ese mismo asunto tan accesorio como ponerme un vestido, divertirme y volvérmelo a quitar, es el mismo que aplica para las personas que están marchando en medio de la alegría en la calle.
Lo segundo, tiene que ver con que la puntica no ma’, que hace parte de los eventos centrales del Carnaval, es un espacio pago, que suele ser usado sobre todo por personas foráneas o barranquilleros que tienen acceso a recursos, que viven fuera y vienen para acá, pero que la realidad de las personas LGBTIQ+ de Barranquilla no les da su poder adquisitivo para estar en la puntica no ma’, entonces están más tras bambalinas haciéndose su carnaval y su espectáculo.
Y en tercer lugar, bienvenidas todas las expresiones de alegría. Es muy significativo ver que hayan heladerías con personas que no solo alientan y motivan la vida de las personas LGBTIQ+ en el Carnaval, sino que al travestirse y al ver ese desfogue y esos espacios, busca una solidaridad, pero requerimos una solidaridad que sea los 365 días del año, porque la gente tomó ayer sus aviones y se regresó para la ciudad. No hay una pregunta y es qué pasa con el día a día de las personas LGBTIQ+. Entonces, chévere todos los espacios del Carnaval, chévere que exista la puntica no ma’, porque es un espacio que permite la alegría, la libertad, pero que eso no de pie a cosificar, o a pensar que la vida de las personas LGBTIQ+ es meramente un disfraz, o que todo termina con el carnaval cuando la lucha continua.
Tomada de la puntica no ma´
P: Por último, y para tratar de entender a Barranquilla, ¿cómo se le puede explicar a alguien que no vive en la ciudad, el respaldo y el éxito del proyecto político de la familia Char?
R: Hay que tener dos antecedentes claros. Barranquilla es una ciudad reciente. Esto era un corregimiento de Cartagena —de hecho era un barranco de ahí su nombre—, que empezó a usarse cuando el Canal del Dique se sedimentaba, y los barcos no podían llegar a Cartagena a recoger las mercancías, se quedaban varados en Bocas de Ceniza. Eso obligó a que el comercio de Cartagena fuera viniéndose a Barranquilla para aprovechar el río Magdalena. Ese primer dato deja constancia de que Barranquilla es fruto de una juntanza de intereses económicos e intereses comerciales. A diferencia de Cartagena y Santa Marta, que son sociedades más cercanas y tienen una historia fundacional, de esclavitud, de resistencia, Barranquilla es una cosa más accesoria en su fundación, y es un punto clave para repartir mercancías. Eso le va dando una identidad a esta ciudad.
De hecho, el que sea la ciudad más poblada del Caribe tiene dos motivaciones. Barranquilla por su río y por su puerto, aunque es más exitoso el puerto de Cartagena, tiene asentadas las mayores empresas que generan trabajo, entonces muchas personas se vienen para Barranquilla porque aquí hay trabajo para el Caribe. En segundo lugar, al no tener playas como las tiene La Guajira, Magdalena, Bolívar o Córdoba, es una ciudad con poco atractivo turístico propio del Caribe. La vocación turística del mar, Barranquilla no la tiene, porque el poquito de playa que tiene, como allí desemboca el río Magdalena, no es apta para el turismo. Eso hace que no sea una ciudad tan cara, porque el turismo de mar encarece las ciudades. Esos dos fenómenos, el comercio y la economía, hacen que sea una ciudad que crece mucho, pero la gente que vivimos en ella, vivimos por practicidad, porque es la ciudad donde hay trabajo, porque es la ciudad más económica, y porque es la ciudad que lo facilita todo.
El éxito del gobierno Char es que proviene de estas lógicas. El gobierno Char es un gobierno empresarial, ellos son los dueños de olímpica, una franquicia de supermercados y de emisoras. Son los empresarios de la ciudad, son generadores de empleo, han hecho la ciudad, y lo que hacen es poner toda su experticia empresarial al servicio de la ciudad. Y como esta es una ciudad que su razón de ser es tener trabajo, a diferencia de otras ciudades, el tema de lo público, el tema de la confrontación, el tema del debate, el tema de pensar la ciudad no está en la agenda, porque finalmente aquí estamos para trabajar. Entonces, si el que mantiene bien la empresa, puede mantener bien la ciudad, funciona.
Otra cosa que ha favorecido el gobierno de los Char, tiene que ver con que esa capacidad empresarial les ha permitido fabricar una ciudad ideal. La gente que ve a Barranquilla desde otros lugares dice que Barranquilla está progresando porque están haciendo edificios grandes, porque están haciendo grandes avenidas, porque están, si se quiere, maquillando la ciudad. Pero los temas de pobreza, de inequidad, de inseguridad alimentaria en Barranquilla, son tan graves como Cartagena, e incluso algunos indicadores peores que Cartagena. Pero como se sobrepone la vocación empresarial sobre la vocación de ciudad, son temas que pasan a un segundo nivel, y eso se detalla por dos asuntos muy puntuales.
Primero, el éxito de los Char se debe a que aquí no hay vocación política. Cuando miras las campañas políticas en todas las ciudades de Colombia, hay un montón de candidaturas, en Barranquilla es Char y Char, y el que digan los Char, y después aparecen dos o tres candidaturas de muy bajo perfil. Pero si miras la última elección, Char ganó con el 84% y no hizo campaña; y eso a pesar de que estaba pasando por un mal momento por la situación de Aida Merlano, por todo [el escádalo de los 70.000 millones que se perdieron por culpa] de Centros Poblados y la exministra Karen Abudinen, que es de su grupo político. Eso sucede porque en Barranquilla hay un sujeto empresarial, y no hay un sujeto politico. Aquí no hay quien confronte. El concejo de la Ciudad es un concejo charista, que le aprueba todo a los Char, no hay oposición.
También hay una carencia de movimiento social. La ciudad tuvo una fracción muy compleja. Aquí tuvimos un profesor que era de origen cienaguero, llamado Alfredo Correa de Andréis, asesinado el 17 de febrero de 2004. Era un docente de la Universidad del Atlántico, era un gran líder social. La muerte de Alfredo Correa de Andréis minó el movimiento social. Por supuesto que existimos organizaciones sociales, no con aquel fervor de la sociedad civil que encuentras en Cartagena, en Medellín o en Cali, no es el movimiento afro movilizándose, no ves el movimiento indígena, ves un movimiento social muy reducido porque la mayoría se replegó después del asesinato de Alfredo Correa de Andréis a otras ciudades, o terminó cooptado por la misma institucionalidad. No es gratuito que agendas tan importantes como el postconflicto y la construcción de paz en Colombia no pasaron por Barranquilla. Cuando vez los grandes debates del país, cuando se firmó la paz con las FARC-EP, Barranquilla no habló de eso. Claro que tiene los mismos flagelos, tiene el problema de las bandas criminales, los asesinatos, los feminicidios, es una de las ciudades con unos de los conflictos urbanos más grandes, pero es una ciudad que no habla de conflicto armado y de paz.
Hay una ventana de oportunidad. La ciudad se volvió receptora de muchos migrantes de origen venezolano. De la parte norte de Venezuela, Barranquilla es la ciudad grande más cercana. Y eso, en los últimos años, ha aumentado un poco el nivel de visibilidad de la agenda social, pero la ausencia de agenda social, la ausencia de liderazgos políticos, y una ciudad que se ha cultivado con vocación empresarial, y no convocación política, ha sido el caldo de cultivo para los Char.
Estamos en el tercer gobierno de Alex en la alcaldía. Él también fue gobernador, en un periodo atípico, pero entre uno y otro gobierno han gobernado los que ellos han dicho, pero ni siquiera es Alex o Arturo, un senador investigado, que es su otro hermano; o Antonio, que es su tercer hermano, que además es el director del Junior; y aquí el Junior se usa como una forma de contención ciudadana, y el Junior es de la familia Char, no es de la ciudad.
El poder que está detrás es Fuad, su papá. La ciudad está muy cooptada. De hecho, Alex no tiene discurso. Alex es muy divertido, habla del Junior todo el tiempo, pero decir cuál es su proyecto de ciudad no, no lo tiene, pero como tienen dinero y tienen infraestructura, porque son dueños de las empresas constructoras, eso es lo que los valida. Fuad Char siempre ha gobernado Barranquilla, no solo para decir quién nos gobierna, sino también cómo vota Barranquilla en las elecciones presidenciales, qué prioriza Barranquilla en sus proyectos sociales y políticos.
Pasa en muchas ciudades del mundo, Barranquilla no es la única excepción. El poder empresarial copta el poder político, y no solamente lo copta sino que destruye la vocación cívica de la ciudad a cambio de la vocación empresarial. La gente tiene como espejos a Cartagena y Santa Marta. Dos ciudades de alto costo por esa vocación turística, por la inestabilidad política, que ven a Barranquilla como una ciudad que sí progresa, pero Barranquilla progresa en términos de imagen, no hay un progreso de empoderamiento ciudadano, no escuchas las voces disidentes de esta ciudad. Pero también hay un asunto de la problemática social que se esconde. Basta que abras el único periódico que circula en la ciudad, que es El Heraldo, y vas a ver que de la ciudad no se habla mal. Y no se habla mal porque a Barranquilla le pasa lo que le pasó a Medellín en los años 90, cuando estaban en esa campaña de “quiere a Medellín”. Hoy hay una campaña liderada por la clase empresarial de la ciudad, que hay que querer a Barranquilla, y hablar de los problemas sociales de la ciudad es no querer a Barranquilla. Todo eso es el caldo de cultivo para que un proyecto que no es político sino empresarial, que es el proyecto de los Char, tenga tanta vocación de permanencia y de éxito en la ciudad.