ActualidadEdición 172 – Noviembre 2022Opinion

Editorial 172: Si no es ahora, entonces cuándo

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El debate no es nuevo. Durante siglos el poder económico, social, político y cultural se ha construido por medio del apoderamiento de la riqueza y de la fuerza de trabajo que la produce. Este desequilibrio, a todas luces injusto y ominoso, se ha mantenido hasta ahora por la capacidad que desarrollaron los opresores sobre las mentes de los oprimidos. Esa casi inexplicable “magia” que les permite a los primeros hacer pensar a los segundos como se les antoje, empujarlos a actuar en defensa de los intereses de aquellos que los han despojado de todo y los han convertido en una suerte de autómatas. Ideología dicen unos, hegemonía del poder, plantean otros.

Como sea, a medida que pasan los años, esa “magia” se ha convertido en un aparato, una tecnología, una máquina aceitada, una estructura jurídica, política y militar que arrasa a las buenas o a las malas la libertad de pensamiento de toda la humanidad. Es tan avanzada esa tecnología de poder, que algunos piensan que están actuando por voluntad propia y libre, cuando en realidad están siguiendo las orientaciones del sistema global que uniformó a todos y todas. En eso consiste la hegemonía, para eso son los aparatos ideológicos de Estado, para que pensemos que estamos actuando con autonomía e independencia, mientras, lo que estamos haciendo es pensando y actuando como nos dicen, estamos alimentando al monstruo que devora todo, que concentra todo, que destruye hasta el planeta.

Los medios masivos de comunicación, que en realidad son corporaciones mediáticas parcializadas, juegan un papel fundamental para que los intereses de los poderosos tengan éxito y se posicionen en la mente de toda una sociedad. Su capacidad para imponer antivalores y convertirlos en cultura de masas es demoledora. Al final todos y todas terminan pensando y defendiendo lo mismo, el poder del poderoso.

No es que no haya lucha contrahegemónica, sino que esta es muy débil frente al monstruo y su poder contaminante. En medio del esfuerzo y el desespero por combatir la hegemonía, se acude al uso de sus armas, incrementando su poder destructor. No se puede olvidar, que la hegemonía del poder ha hecho nido en las mentes de todos y todas. Los pueblos, las comunidades, sus organizaciones, sus dirigentes y sus gobiernos progresistas necesitan construir y desarrollar sus propias herramientas, sin ellas no podrán avanzar, enfrentar al monstruo, ni descontaminar al planeta y a la sociedad. Se necesita trabajar arduamente en una propuesta de comunicación popular, que construya cultura de la vida, valores de solidaridad, cosmovisión integral frente al cuidado y defensa de la naturaleza, la humanidad y todos los seres vivos. Que desmonte la cultura traqueta, paramilitar y mafiosa.

En Colombia se evidencia una lucha y un deseo por enterrar las viejas estructuras medievales que basan su poder en la concentración de la tierra y en la ostentación morbosa de la propiedad privada. Estas estructuras empresariales, burguesas y mafiosas tienen sus garras incrustadas sobre todos los aparatos ideológicos del Estado, en la religión, la escuela, la familia, las fuerzas militares y los medios corporativos de comunicación.

Aunque con Petro y Francia se tiene el gobierno, pero no el poder, no pueden esperar ellos, ni la sociedad que votó por el cambio, que sean los mismos poderes ideológicos de la burguesía los que le digan cómo, cuándo y dónde hacer las transformaciones estructurales. Los mensajes que sirven de vehículo a las ideas del nuevo gobierno necesitan de estrategias de comunicación popular y medios alternativos propios. Se requiere con urgencia una ley que democratice el entorno comunicativo y los medios de comunicación, una propuesta social, cultural y comunicativa poderosa; una práctica cotidiana, que impregne los escenarios y las políticas educativas, culturales y sociales, que imprima en el ser de cada colombiano y colombiana ese deseo de cambio materializado en valores, acciones e iniciativas transformadoras concretas.

Se debe financiar la formación de comunicadores y comunicadoras populares con enfoque crítico y humanista, fortalecer los medios comunitarios, audiovisuales, impresos, digitales, artísticos, literarios, entre otros que tengan enfoque popular y transformador, que hayan soportado y enfrentado la aplanadora mediática y hegemónica durante años, incluso aunque les haya costado su vida. Los mensajes y las propuestas del cambio necesitan de estrategias de comunicación y medios populares ya. Si no es ahora, entonces cuándo.

Periferia
Somos un proyecto de Comunicación Alternativa y Popular.

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