Por: Antonia Bedoya Zuluaga y Natalia Bedoya Alcaraz
En los últimos meses, Medellín ha estado en alerta por los casos de explotación sexual de niños, niñas y adolescentes (ESCNNA) que han salido a la luz pública. Las autoridades locales han buscado tomar medidas urgentes y la ciudadanía parece estar en total acuerdo a la hora de rechazar y condenar estos actos, aunque la práctica indica lo contrario.
Según el Informe de Cifras sobre ESCNNA y trata con NNA en Colombia de Valientes Colombia ONG, en los primeros cinco meses de 2024 se han registrado 529 casos y 787 víctimas; una cifra alarmante si consideramos que para mayo apenas van 152 días del año, lo que significa un aproximado de 5 víctimas por día.
Las razones por las que las víctimas de ESCNNA pueden sufrirlo son complejas y muy diversas. Felipe Muñoz, docente de la Universidad de Antioquia y miembro de la secretaría técnica de la Mesa Intersectorial contra la ESCNNA de Medellín, explica que en esta problemática influyen, tanto en víctimas como en victimarios, asuntos relacionados con la subjetividad como las historias de vida y los ideales de consumo; así como asuntos estructurales incluyendo el patriarcado y el capitalismo.
Además, es determinante el factor económico, pues, al tratarse de un negocio que mueve dinero, termina lucrando otros sectores como la hostelería y el turismo. También existen aspectos de corte político y social que llevan a normalizar la problemática y entorpecer la concreción de políticas públicas y mandatos normativos que buscan romper las cadenas de explotación.
Hoy por hoy, tiende a estar relacionada, sobre todo, con el fenómeno turístico que surgió después de la pandemia; sin embargo, la ESCNNA no es nada nuevo ni tampoco es un asunto que solo afecte a Medellín. También habita otros territorios periféricos y mucho más abandonados que no han sido el foco de la opinión pública. Por ejemplo, los datos de Valientes indican que por encima de Antioquia (28,8), el Guaviare (49,4) y Bogotá (45,5) son los departamentos con mayor número de víctimas por cada 100 habitantes menores de edad, entonces, ¿por qué solo se está hablando de la capital antioqueña?
Jazmín Santa, docente investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana y compañera de Felipe en la secretaría de la Mesa, dice que si se tuviera que hablar de lugares de riesgo, la respuesta sería “todos”, solo que la naturaleza de ese boom mediático traslada la problemática, los recursos y las medidas de prevención a un solo sector, cuando en realidad no sucede solo en este departamento, o en zonas rosa como El Poblado, sector muy concurrido por los extranjeros que visitan Medellín.
En su último informe, publicado en febrero del 2024, la Mesa identificó que entre los escenarios de riesgo para la inducción o captación de víctimas no solo están los bares, discotecas y hoteles como se suele creer, sino que están involucrados incluso aquellos espacios que deberían ser entes protectores: las instituciones educativas, los clubes deportivos, los centros recreativos, hasta sus propios hogares y otros espacios cotidianos. Además, los casos de abuso mediados por el uso de las redes sociales, plataformas de modelaje webcam y aplicaciones digitales ha venido en aumento porque facilita el contacto previo y les da a las víctimas una ilusión de seguridad por estar detrás de una pantalla.
Sin embargo, el peso de todas estas vulneraciones y desprotecciones que nos impulsan colectivamente a proteger a la víctima, parece desvanecerse de un momento a otro cuando esta llega a la edad de “consentir libremente”.
Problematizar el consentimiento
En Colombia la edad mínima para el consentimiento sexual son los 14 años, siendo uno de los países de Latinoamérica en los que está contemplado antes de los 16. Aunque este consentimiento excluye a la explotación sexual, porque cualquier intercambio comercial sexual con menores es un delito en Colombia, esto sí termina influyendo en la percepción de la sociedad en cuanto a la voluntad de los menores para consentir este tipo de abusos.
Esto termina beneficiando a los victimarios que pueden escudarse en los y las menores, forzándoles o persuadiéndoles a que se identifiquen como sus parejas a las que simplemente les “regalan” cosas. Pero, también lleva a algo mucho más grave: que las víctimas de este tipo de delitos no se reconozcan como tal. Lo que afecta no solo la caracterización del problema, también dificulta la intervención y la activación de los pocos mecanismos de protección existentes.
Para Jazmín, este uno de los factores que atrae a extranjeros y pedófilos a hacer lo que en otras partes consideran inapropiado, y permite que surjan miradas que invisibilizan el problema, como pensar que “a ellas les gusta” o “es que ellas son muy brinconas”. Además, aquí fácilmente se pasa de nombrar a un explotador como “cliente”, “novio”, o simplemente a decir “es mi proyecto de vida”. Pero, ¿realmente un niño, niña o adolescente tiene suficientes garantías para afirmar que esa es una decisión autónoma y no amparada sobre cualquier otra fuerza?
Por otro lado, Claudia Quintero, lideresa, defensora de Derechos Humanos, y directora de Empodérame, fundación que lucha contra la explotación humana en todas sus formas, dice que “se ha llegado a normalizar este tipo de explotación como si fuese un problema de abandono familiar, culpa de los papás, o de que las niñas son desaplicadas y les gusta la plata fácil. Pero no se mira como parte de un sistema opresor, un sistema de violencias. Se ha desensibilizado mucho la sociedad colombiana porque se acostumbró a sacar crédito de la ESCNNA y de las mujeres”; por lo que para ella el consentimiento no exime al criminal.
“Muchas veces engañadas las víctimas consienten esas cosas y otras veces no. Muchas veces forzadas por pistolas simbólicas que son el hambre, la pobreza, la falta de educación, la falta de afecto, en fin, hay un montón de condiciones sociales que empujan a las mujeres y a las niñas a la explotación”, agrega.
¿Y qué pasa con los y las mayores de 18?
Como vemos, las víctimas de ESCNNA vienen por lo general de un ciclo de violencias anteriores de todo tipo. Por lo que, lo más probable, es que la mayoría de edad solo sea un día más que no marca realmente ninguna diferencia.
En Colombia, país en el que la prostitución es legal, para una persona de 18 años aquello que se consideraba explotación y de lo que la protegían —al menos en el papel— por su carácter de víctima, de un día para otro pasa a considerarse trabajo, y a llevarla incluso a una estigmatización y marginalización.
Felipe cuenta que en su trabajo investigativo, la Mesa ha hecho una asociación entre la prostitución y la explotación sexual, la cual denominan como “la reproducción intergeneracional de la prostitución”. En ella identificaron que muchas de las personas que en este momento se encuentran prostituidas fueron víctimas de explotación sexual y de abusos sexuales a edades tempranas; y que su círculo familiar también está en mayor riesgo de ser víctima de explotación sexual comercial.
Aunque son pocos los datos que pueden encontrarse sobre prostitución, hay uno relevante que respalda el estudio de la Mesa. En 2017, salió un informe del Observatorio de Políticas Públicas del Concejo de Medellín que dice que, según el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia de la Secretaría de Seguridad (SISC), “cuando se indaga con la mujer en ejercicio de prostitución sobre a qué edad empezó, el 80% empezaron siendo menores de edad. Fueron víctimas de ESCNNA, llegaron a la adultez y siguieron en prostitución”.
Y si para el Estado es difícil brindar garantías de prevención y atención en la ESCNNA para quienes sí son consideradas víctimas, seguro habrá muchas menos para quienes busquen salir de la prostitución cuando ya es considerada un trabajo.
Un debate necesario
Bajo la postura regulacionista, la ESCNNA y la prostitución no tienen mayor relación. Por un lado, existen trabajadoras y trabajadores sexuales que ofrecen su cuerpo y el Estado debe otorgarles los derechos laborales correspondientes y por otro, están los niños, niñas y adolescentes que son víctimas de explotación sexual comercial.
Sobre esto, Jazmin dice que “uno no quisiera que ninguna mujer tuviera que acostarse por plata con nadie, pero la realidad también es otra. Si hay chicas que le apuestan a eso, no las puedo meter a todas en el mismo costal”.
En cambio, posturas abolicionistas como las de Claudia plantean que, al contrario, “los clientes de la explotación sexual adulta son los mismos clientes de la ESCNNA, y son tu papá, tu abuelo, tu tío, tu hermano, tu marido. Ellos son los responsables y son los que usufructúan el cuerpo de los niños y las niñas. Por ellos es que existen los proxenetas, por ellos es que existe la trata de personas, y por ellos es que existen las víctimas de trata de personas y de explotación sexual”. Además, afirma que hay discursos a favor de la prostitución como trabajo porque favorecen a los lobbys de industrias proxenetas que, en realidad, llevan a desatender a las víctimas.
Sobre esto, Felipe menciona, como punto de vista personal, que la relación entre la ESCNNA y la prostitución es clara. “El mercado del trabajo sexual perpetúa el mercado de la explotación sexual comercial. Los determinantes son muy parecidos y los cambios de figura son muy superficiales”. Así mismo, referencia un trabajo de investigación que plantea que el término explotación sexual comercial es un término que el capitalismo ha venido acuñando para perpetuar las prácticas de explotación sexual, denominándolo como un trabajo, para alivianar el peso moral político que tiene el concepto prostitución.
Y los victimarios, ¿si son los mismos?
Hasta hoy no hay una caracterización particular de ellos. Para el caso de la ESCNNA, en las bases de datos consultadas por la Mesa para su informe, solo dos de ellas contenían información sobre presuntos victimarios: la de la Fiscalía General de la Nación (FGN) y la del Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA).
Existe también el sistema de Inteligencia Turística de Medellín, que da pistas sobre sexo, edad, gastos, alojamiento, sitios de interés, entre otros datos sobre los extranjeros que entran a la ciudad. Sin embargo, sigue siendo muy ambiguo y debatible, ¿quién va a reconocer ante la institucionalidad que viene a Colombia por sexo?
Según esas dos bases de datos, la Mesa identificó algunas pistas. Por ejemplo, sobre la relación víctima-victimario, el 43% son desconocidos y el 15,1% conocidos(as) sin ningún trato. Los presuntos victimarios son en su mayoría masculinos, y los grupos de edad más reportados fueron de 29 a 59 años (adultos) y de 18 a 28 años (jóvenes). Además, determinó un incremento sobre la figura de niños, niñas y adolescentes que fueron víctimas, y luego se convierten en victimarios.
Sobre esto, Claudia nos plantea una posición muy clara: el responsable y a quien deberíamos dirigir toda la mirada punitiva es a quien compra y demanda sexo.
Por eso, en ningún caso esta discusión es un tipo de traslado de la culpa hacia la víctima. No es que la prostitución y las mujeres que la ejercen sean culpables porque en ella se perpetúa la ESCNNA o viceversa; sino que es culpa de quien está dispuesto a consumir y mercantilizar cuerpos. Cualquier mirada desde la protección debe estar dirigida a las víctimas.