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Hablar de paz en medio de las balas

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Por Juan Alejandro Echeverri

Pese al riesgo que para muchas y muchos implicaba, decenas de indígenas, afros y campesinos de la región Pacífico Sur asistieron al encuentro realizado por el Comité Nacional de Participación en Tumaco. Mientras los participantes enumeraban las garantías —materiales, humanitarias y metodológicas— mínimas para participar en los diálogos entre el Ejército de Liberación Nacional — ELN y el Gobierno colombiano, se escuchaba a los militares disparar en el polígono de tiro del batallón, ubicado a pocos metros del hotel donde se realizó el evento.

Con el evento desarrollado el 3 y 4 de mayo en la capital costera de Nariño, inició la recta final del Comité Nacional de Participación — CNP, instancia que después de 78 pre encuentros y encuentros regionales y sectoriales deberá presentar, a finales de mayo, las recomendaciones y el modelo de participación de la sociedad civil ante la Mesa de Diálogos.

La paz sigue movilizando por más que incumplir lo que se acuerda sea política de Estado. “Qué irónico que las víctimas seamos las que sí creemos en la construcción de paz… porque la necesitamos”, aseguró una de las participantes en una de las mesas de trabajo.

En Tumaco, las víctimas del conflicto armado sentaron su posición sobre las transformaciones que debe traer consigo cualquier negociación de paz. Entre ellas, la designación de personas idóneas en cargos fundamentales, “hay enlaces étnicos que no saben de leyes ni jurisdicciones étnicas”. También una reforma urgente a las leyes y decretos que determinan las medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado, pues les resulta indignante que para ser priorizadas y acceder a su derecho a la Reparación Administrativa deban cumplir con los requisitos establecidos en la resolución 582 de 2021: ser mayor de 68 años, padecer una enfermedad terminal o una discapacidad.

Además, hubo reparos al régimen político. Uno de los participantes aseguró que “el régimen centralista que se ejerce desde las capitales, dificulta el quehacer de los pueblos. En el Pacífico Sur hemos venido reclamando un nuevo ordenamiento territorial del país; la creación del departamento Pacífico Sur, o lo que nosotros hemos llamado la gran comarca afro-pacífico”.

El tema más reiterado durante el encuentro fue la crisis humanitaria que confina, pone en riesgo la vida, prohíbe la libre circulación, amenaza, y siembra el terror en la región desde hace varios años. “Aquí existen tres tipos de gobierno: las comunidades, en defensa de sus derechos; el Estado colombiano, sin mucha decisión de transformar las condiciones de vida; y los grupos armados, que luchan por el control del territorio, por la economía del narcotráfico y el saqueo de la biodiversidad”, manifestó un campesino.

El cerco armado en el Pacífico Sur no solo deja muertes, desplazamiento y territorios silenciados, las comunidades también son testigos de la degradación ambiental que están sufriendo sus territorios por los monocultivos, la siembra de coca con fines ilícitos y el aumento de la minería ilegal de pequeña y gran escala debido a las reducciones en el precio de la cocaína. La frontera agrícola, plantearon los asistentes, avanza con agravio sobre los páramos, “estamos llegando a un momento de no retorno”. En los ríos y los manglares que son las vías de comunicación en la selva, así como fuentes de sustento, son evidentes los impactos: “Antes sacaba 1.000 conchas en el manglar. Ahora, en un día, saco 200 y quedo con las uñas cansadas”, manifestó una mujer afro.

No basta una paz entre dos actores armados. Para July Caicedo, joven lideresa del pueblo indígena Awá, propuso que es necesario hacer la paz con el territorio: “Es necesario sanar el territorio, hay que armonizarlo, y para ello hay que hacer un ejercicio transversal con la medicina tradicional, con nuestra cultura. Tenemos que ir al territorio, pero también tenemos que pedir permiso, pedir perdón. La paz para nosotros es el buen vivir. Vivir en armonía como comunidad con nuestro territorio. Poder sostenernos de nuestro territorio. Es decir, que haya mayor inversión, que se vean los cambios, que volvamos a recuperar Katsa Su, nuestra casa grande; que se generen oportunidades para nuestras comunidades étnicas, para que podamos implementar otras formas de vida, para que nuestros jóvenes se sigan educando y puedan tener un futuro mejor y diferente”.

Ramon Montejo, gestor de paz del ELN, dijo durante el encuentro que “el mundo entero está hablando de guerra, mientras nosotros hablamos de paz”. Es muy probable que cuando se publique este artículo, sigan sonando los disparos en el polígono que la armada tiene en Tumaco. También en alguna montaña o en algún meandro de los ríos que serpentean por entre la selva del Pacífico Sur. En el teatro de la paz, las balas son la música de fondo.

*Se omiten algunos nombres por razones de seguridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por respeto al pueblo, no se levanten de la mesa

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