Por Johan Perdomo
Ante las nefastas propuestas de resolución en contra de las semillas y los biopreparados, que elaboró el ICA y AGROSAVIA bajo el amparo del Ministerio de agricultura, vemos con preocupación la visión de cambio y sus contradicciones internas.
Mientras en modelos como el mexicano las comunidades autodeterminan quienes son campesinos y cómo deben trabajar en las tierras ejidatarias o tierras comunales. En Colombia nos persiguen y nos dicen que debemos hacer en nuestras tierras; y eso con quienes las tienen porque otros fueron despojados.
Mientras que en Brasil los camponeses (campesinos) se autocertifican, y determinan quiénes están bajo dinámicas de agriculturas para la vida basado, cuya verificación depende de la no utilización de agrotóxicos y no de la inocuidad. En Colombia nos persiguen con prácticas que un ingeniero desarrolló en una oficina sin nunca haber sembrado un frijol en algodón.
Mientras que en el Ecuador y Bolivia reconocen los derechos de la naturaleza para la soberanía y comunión entre los pueblos. En Colombia tratan de estandarizar hasta los procesos del origen de la vida.
Mientras en Rusia prohíbe los transgénicos y los organismos genéticamente modificados, en Colombia los promueven organizaciones que no investigan, ni reconocen la diversidad vegetal, cultural y genética.
Mientras se habla de cambio y colapso climático en Colombia, las instituciones recalcitrantes que no cambiaron, ni fueron orientadas para el cambio, persiguen las agriculturas para la vida que enfría el planeta, que promueve alimentos nutracéuticos.
Mientras hablan de reformar la salud para proteger la vida, se promueve la producción de alimentos con fertilizantes químicos, que elevan los contenidos de nitrosaminas y radicales libres en los alimentos de los agronegocios.
Con más de 12.000 años de agricultura asociada a los suelos ecuatoriales, a la microbiología tropical, a las tierras petras amazónicas, los suelos aluviales y volcánicos, nos quieren imponer de nuevo la revolución verde fracasada.
Mientras 1 de cada 3 colombianos sufre de hambre, pretenden perseguir a los seres ultrasociales que por años alimentan sus pueblos sin ninguna ayuda del Estado, y sin ningún interés en el agronegocio.
Mientras exportan flores, azúcar, aceite de palma africana y demás productos del agronegocio, mueren de hambre niños por toda Colombia, en especial en la alta Guajira. Pero nosotros, los seres ultrasociales alimentamos más del 70% de los colombianos.
Mientras buscan la paz nos hacen la guerra. Nos hacen subversivos y asumiremos serlo. Seguiremos siendo clandestinos, nuestra producción será sana sin reportarle a nadie, no nos interesa el protagonismo, ni el dinero del comerciante eugenésico, que solo da alimentos sanos a los ricos que
pagan. Seremos fieles a nuestros principios y a nuestras formas del ser campesino.