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Reflexiones en movimiento sobre la lucha armada de ETA y los Tupamaros

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

Aunque ya no prevalezcan las organizaciones que emplean la lucha armada, como en el siglo pasado en Nuestra América y el mundo, son los movimientos sociales de diversos matices quienes tienen el protagonismo en la pelea contra el capitalismo y la construcción de las alternativas de sociedad. La intención de este artículo es compartir algunas reflexiones sobre dos experiencias guerrilleras que puedan ayudar a seguir fortaleciendo las luchas sociales y populares de nuestramérica. 

Otra cuestión que llama la atención y motiva este artículo es la estigmatización de la rebeldía por parte de los ricos y de sectores progresistas que bajo las banderas de la paz y el “desarrollo económico”, señalan a cualquier protesta como fuera de la ley y desestabilizadoras del orden social vigente, estrategia que sirve para encubrir los privilegios que esos sectores políticos han reunido dentro del modelo capitalista. Cualquier acto rebelde es una clara amenaza a su modo de vida. 

¿Por qué se empuñaron las armas? 

Algo que caracterizó al siglo XX fue la intervención directa e indirecta de los imperios capitalistas europeo y norteamericano en la vida de los pueblos del sur mundial, bajo figuras de colonias, dependencia económica y dictaduras militares desplegadas por el bloque occidental, encabezado por Estados Unidos, para acomodar la geopolítica mundial a su favor y ganarle la guerra a la potencia soviética. Este contexto produjo que nacieran las organizaciones rebeldes para acabar con el sometimiento económico, político, social y cultural del imperialismo occidental.

Otro rasgo común que motivó la creación de las diversas organizaciones subversivas en Nuestra América, y tuvo un efecto dominó en otras latitudes del mundo, fue la revolución cubana, que propuso una forma alternativa de lucha popular para construir la sociedad socialista, respecto a las formas específicas de organizaciones como los partidos comunistas, quienes tomaron distancia de muchas luchas impulsadas por los pueblos. Ojo, la revolución cubana implosionó a la izquierda nuestramericana porque motivó a muchos sectores sociales a calcar esa lucha, a apartarse de la lucha reformista y a poner en tela de juicio las formas tradicionales que la izquierda usaba para criticar y destruir al capitalismo. 

En ese paisaje están vivas las revoluciones mexicanas (1910) y rusa (1905-1917), que también fueron ejemplo de la insurrección popular e instauración de una sociedad divorciada del capitalismo, junto a otros acontecimientos insurreccionales como el mayo francés del 68, las medidas revolucionarias en China, la guerra de Vietnam, las autodefensas campesinas en Colombia, la batalla de Argel y el resto de acontecimientos históricos que protagonizaron los pueblos en el siglo XX. 

Además de este contexto general, hay que tener en cuenta las particularidades de los países donde surgieron el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y Euskadi Ta Askatasuna (ETA). El pueblo vasco venía de sufrir la derrota en la guerra civil española contra los militares sublevados encabezados por Francisco Franco y apoyados por los nazis y los fascistas italianos. En Uruguay, por el contrario, hubo un gobierno civil pero destapó sus garras a través del militarismo asesino para acabar con los tupamaros. 

Cabe destacar que ETA y los Tupamaros se caracterizaron por desarrollar la lucha armada en la ciudad, resaltaron la cultura popular y la historia particular de sus países, se articularon con actores de la que se conoce como “clase media” y tuvieron una durabilidad corta a comparación de otras organizaciones político militares que superaron los diez años de vida.

¿Qué aprendí de estas experiencias político militares? 

Tupamaros

La sistematización de información detallada de actores estatales y privados fue una fortaleza de esta organización, haciendo que conocieran los movimientos políticos y cotidianos de diplomáticos extranjeros, funcionarios del Estado y del gobierno nacional, de empresarios e industriales y de miembros de las fuerzas militares y policía.  

Las acciones militares tuvieron una comunicación directa con la gente, despertaron en ella aceptación, prestigio y credibilidad al proyecto de nación democrática y popular encarnada por los tupamaros. También sobre sus acciones se destaca la manera exhaustiva de prepararlas para que no hubieran detenidos/as ni muertos/as por parte de la organización ni por parte de la gente de la comunidad. 

Otro factor destacable fue la solidaridad con las luchas de otros sectores de la sociedad, como la “operación pajarito”, en donde secuestran a Pereyra Reverbel, presidente de la UTE, por razones políticas y no económicas, es decir, se le echa mano para apoyar la huelga de los trabajadores de la UTC y para juzgar su conducta explotadora contra estos. Las 96 horas que duró el secuestro sirvió para apoyar la huelga, juzgar a un oligarca criollo y motivar a otros sectores del pueblo uruguayo a luchar contra el orden social vigente. 

Esto produjo una especie de poder dual frente al Estado, con espacios e instituciones propias como las cárceles del pueblo y los juicios contra funcionarios del Estado, ricos uruguayos o embajadores; la divulgación de las responsabilidades de los implicados en estos juicios populares y la participación de la gente en cierta medida en la aprobación o desaprobación de las sentencias tupamaras tomaron mucha legitimidad entre la gente, principalmente en Montevideo y sus alrededores.

La participación y articulación con sectores de la conocida clase media como pequeños y medianos empresarios, industriales nacionales, miembros de las fuerzas militares, que vivían principalmente en la capital y ciudades aledañas, fueron conductas consecuentes con el proyecto de sociedad que no descartaba la participación directa de los actores políticos y económicos nacionales y democráticos, y con vocación de respetar las reglas de juego que se acordaran como sociedad para el beneficio general. Con esto se toma distancia de la clásica identificación del campesinado y los trabajadores como únicos actores revolucionarios que luchan contra el capitalismo, ya que también juntaron esfuerzos rebeldes con las personas que se ubican en la orilla económica opuesta, que aún así quieren y buscan el beneficio de todos y todas sin exclusión ni explotación alguna.

Con esto se evidencia la fallida manera de entender la lucha de clases y la construcción de la sociedad-otra bajo el dualismo de blanco o negro, pues los infinitos matices que confluyen y se reproducen en una sociedad complejizan la realidad y las relaciones entre los actores sociales. Este caso ejemplifica la obligación de hacer una exhaustiva lectura de la realidad. Las acciones rebeldes deben estar acordes a esa interpretación rigurosa, porque, como se dijo al inicio, los países tienen particularidades en sí a pesar de los puntos comunes de la lucha popular. Frente a esta obligación son muchas las páginas escritas al respecto pero pocos los ejemplos consecuentes con esa cantidad de papel escrito y saliva gastada. 

ETA 

Las siguientes reflexiones parten de los aportes organizativos hechos por Eduardo Mauricio Bergareche “Pertur”, que fueron discutidas y reapropiadas por ETA para enfrentar el periodo de transición de la dictadura franquista a la democracia burguesa que imperaría en todo el estado español. 

Pertur evalúa la trayectoria de ETA hasta la transición, hace críticas a la limitada estrategia conocida como “acción-represión-acción”, que concluye como inviable a largo plazo, pues consideró que cumplió su papel al desenmascarar el rostro torturador, represivo y asesino de ese régimen militar, y las consecuentes respuestas de la dictadura. Pero también la democracia burguesa y sus condiciones socio-políticas convierten la lucha armada en un boomerang que se devuelve contra la organización o colectivo que la continúe realizando. 

Bajo la premisa de acumular fuerza social y política para tomar el poder en el País Vasco, la lucha armada ya no serviría para atacar sino para disuadir a los ricos vascos-españoles y proteger las ganancias políticas del pueblo vasco. La lucha armada se usaría para hacer entender a la clase rica vasca-española que no podrían usar la guerra sucia contra el pueblo vasco, pues las acciones serían contundentes y eficaces. La lógica militarista de cumplir con listas de acciones desmedidas y fueras de contexto, desaparecerían en el nuevo escenario político y social vasco-español; la función de protección consistía en cuidar los logros que fueran alcanzando las comunidades con sus protestas y propuestas políticas, pues a pesar del carácter democrático del nuevo régimen español, no escondería su lado represivo y explotador, por el contrario, tanto los ricos y la monarquía española seguirían optando por la violencia, disimulada y encubierta, para mantener sus privilegios y formas de vida.  

La nueva concepción que dirige la lucha armada se sostiene en la capacidad de ejecución y no en la cantidad de tareas, en la agilidad de responder a las agresiones oligarcas y en una estable base logística en donde descanse la gente encargada de la lucha armada. Esta última cobra mayor importancia en esa nueva concepción para Pertur, porque en la evaluación que realiza de la operatividad de ETA antes de la transición, la infraestructura logística sufrió graves daños por la represión militar del franquismo y dejando cientos de colaboradores y militantes en la cárcel.

¿Tienen relación alguna estas reflexiones con las luchas populares en nuestros días?

Sin dudas el objetivo estratégico de otra sociedad no-capitalista, la participación del pueblo en la construcción, sostenimiento y protección de esa otra sociedad, siguen más vigentes que nunca. Es más, los medios para alcanzar estos objetivos son los que han tenido niveles de importancia según el periodo histórico y la correlación de fuerzas entre las clases sociales en conflicto. Estos objetivos estratégicos continúan siendo el marco general de la forma de vida de los sectores empobrecidos que trabajamos, estudiamos, convivimos y trasnochamos para alcanzarlos. 

De aquí se extrae la forma de entender y hacer la vida con, para y alrededor de los empobrecidos que produce el capitalismo. Porque durante el recorrido de las experiencias mencionadas anteriormente, el empobrecido ha sido protagonista esencial de las organizaciones objeto de reflexión. A esto se suma también que el empobrecido o miembro de la clase popular no es exclusivamente aquel o aquella que vive dentro de las estadísticas de pobreza y pobreza extrema, aparece en la reflexión (y debate) que existen sectores de la sociedad que a pesar de ciertos privilegios económicos, materiales e intelectuales, que los apartan de la pobreza y pobreza extrema, tienen un techo económico que les impide llegar a la vida burguesa, pero también les posibilita estar de lado de los intereses y valores populares, y por ende engrosar la bacana clase popular. 

Los conflictos sociales y armados que se abordaron poseen diferencias en los desarrollos y en los desenlaces, pero aparece un hilo rojo que los interconecta entre sí, que ayuda a entender la lucha armada de manera integral y no como el mero hecho de disparar un arma contra un blanco, a diferencia de los habladores de la impuesta teoría del terrorismo.

La lucha armada fue el medio de información de los objetivos políticos, se concibió como el mecanismo de protección de las victorias del pueblo, se pensó para disuadir a los ricos para que no usaran la guerra sucia, le quitó la máscara de pacifistas al gobierno nacional para mostrar su verdadero rostro violento y asesino. La otra cara de la moneda tiene que ver con lo negativo, pues en el caso de los tupamaros cayeron en un militarismo expresado en ataques contra policías y militares sin prever la fuerza con la que respondería el Estado, calcar la guerra de guerrillas rurales en Uruguay y menospreciar la propaganda política que desarrollaron en su primera etapa de vida. Por su parte, ETA también sacó a flote su soberbia militarista a través de la facción ETA-militar que escaló la lucha armada por caminos alejados de la voluntad y apoyo popular. 

Aunque la correlación de fuerzas con la oligarquía criolla y el imperialismo se logró tensionar hasta cierto punto a favor del pueblo, el vanguardismo armado no es una receta que sirva para aplicar a cualquier país, ya que al pueblo no se le puede tratar como al que empuja el carro, sino al que empuja, arregla, cuida, conduce, transforma y disfruta del carro.

Sobre la función de proteger las victorias o conquistas populares, se puede sintetizar que es necesaria para las sociedades-otras-en movimiento conocer, construir, implementar y reconstruir las alternativas colectivas-individuales para proteger la vida, el territorio y las conquistas que encarnan la sociedad-otra, dentro y fuera de la normatividad e institucionalidad vigentes. Cuando hablo “por fuera de la normatividad e institucionalidad vigente” no me refiero a usar las armas de fuego, sino a aquellas formas colectivas que van más allá de una normatividad concreta, me refiero a prácticas, hábitos, relaciones sociales, nuevos paradigmas, memoria colectiva, instituciones propias, marcos jurídicos propios, que conllevan a una subjetividad protectora/cuidadora y por ende a una sociedad-otra capaz de defenderse y defender.

La lucha armada fue el medio que más sonó en el siglo pasado, hoy en día está rezagada en términos jerárquicos, pero no ha desaparecido. Otras luchas y prácticas han tomado la vocería como las Primeras Líneas, las ollas comunitarias, los cierres de vías, las Guardias étnicas/populares, los tribunales populares, las redes sociales, la reapropiación de calles y avenidas, recuperación de tierras y empresas, scratcheos, software y hardware libre, y el resto que no alcanzo a mencionar pero están allá y aquí con diferentes niveles de coordinación y aislamiento entre sí. 

Conclusión en movimiento 

Las violencias y los conflictos no desaparecen de la faz de la tierra por voluntad de un gobernante o por decreto, solo se resuelven y mutan en nuevos conflictos. Dependiendo de ambos procesos tendrá espacio o no alguna violencia. A los y las empobrecidas de la historia humana nos achacan de ser violentos/as, como si naciéramos con ese letrero en la frente, sin embargo, no es por gusto sino por obligación que hemos empleado mecanismos que infringen dolor o tristeza a otros a lo largo de la historia humana. La cuestión es desde cuál orilla se entienden las causas de los conflictos sociales. 

Hoy en día la cara violenta del capitalismo es más agresiva e integradora con la vida y el planeta en general, así que nuestras respuestas al respecto siguen buscando que no apaguemos el resuello ni desaparezca la sociedad-otra que vamos sembrando. Las armas de fuego no son la batuta en gran parte del planeta como lo fue en el siglo pasado, no obstante, siguen siendo en algunos pueblos una de tantas alternativas para sobrevivir y seguir soñando. Esas otras tantas alternativas son objeto de reflexión obligatoria hoy en día, para evitar repetir los errores del pasado y aligerar nuestra caminata que seguimos haciendo en la madrugada.

 

Bibliografía: 

MLN-Tupamaros: Génesis y evolución de la guerrilla urbana (1962-1973). Jerónimo Sierra. Universidad Rey Juan Carlos (España). Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 50. Segundo cuatrimestre de 2022. Pp. 435-463. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i50.18

 

El MLN-Tupamaros y las acciones de secuestro. Los signos tras los actos. Manuel Martínez Ruesta. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, vol. 17, núm. 67, 2019 Universidad de Buenos Aires, Argentina. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=496459743002 

 

Pertur. ETA 71-76. Angel Amigo. Editorial Lur.

Fue el Estado, la sentencia de la Corte IDH en el caso Unión Patriótica

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