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Un grafiti convertido en símbolo de memoria y resistencia en Colombia y el mundo

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En Medellín el hallazgo de restos humanos en la Escombrera, lugar señalado como una de las mayores fosas comunes urbanas de Colombia, ha reabierto el debate sobre la memoria y la verdad en el país. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) confirmaron que los restos encontrados pertenecen a víctimas del conflicto armado desaparecidas durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez en la Operación Orión, en la que jóvenes fueron asesinados por militares y paramilitares. La aparición de dichos restos en la ladera, que fue un vertedero de basuras hasta el 2019, es un hecho que le da voz y la razón a las denuncias de cientos de familiares que han buscado por décadas a sus seres queridos.

Ante este escenario, un grupo de artistas en Medellín plasmó en un mural la frase “Las cuchas tenían razón”, en honor a las mujeres que han exigido justicia por sus hijos e hijas desaparecidas. Sin embargo, la intervención artística fue borrada por las autoridades bajo la instrucción del gobierno local en cabeza de Federico Gutiérrez Zuluaga, lo que desató una ola de indignación y llevó a que la obra fuera replicada en varias ciudades del país como Bogotá, Cali, Pereira, Pasto y Barranquilla.

Dicha iniciativa trascendió las fronteras de Colombia y llegó, entre otras, a ciudades del exterior como Barcelona, Valencia, Santiago de Chile, Londres, Nueva York y Berlín, donde colectivos y activistas reprodujeron el mensaje como un acto de solidaridad con las víctimas y sus familias.

El pasado domingo 2 de febrero la consigna fue pintada en el Mauerpark de Berlín, en un espacio aproximado de 50 metros. Este es un parque público de la ciudad sobre un remanente del antiguo Muro de Berlín y la zona antiguamente conocida como Franja de la Muerte. El fragmento de muro, al igual que muchos otros fragmentos en la ciudad, está dispuesto legalmente en el espacio público para ser intervenido de manera libre por cualquier persona.

El espacio específico escogido para la realización de este mural es el único segmento del antiguo Muro de Berlín en el cual está permitido hacer intervenciones artísticas hoy en día, la superficie fue designada por las autoridades locales como espacio para la realización de obras artísticas, y, especialmente, intervenciones que realcen el valor de la memoria histórica y la no repetición. Este espacio es un símbolo de la transformación de narrativas urbanas y de la libertad de expresión consignada en la constitución alemana.

Las personas que participaron en esta acción en la capital europea pertenecen a la diáspora colombiana y decidieron llevarla a cabo de manera independiente, uniendo esfuerzos colectivos desde sus diferentes áreas de conocimiento y aprovechando sus redes sociales para convocar a otras personas de la diáspora y a la ciudadanía en general a solidarizarse con las Madres Buscadoras de La Escombrera. De esta manera, los recursos económicos se gestionaron a través de un evento cultural y de donaciones de personas interesadas. Ninguna de las personas participantes cobró por su trabajo y el dinero reunido fue utilizado para la compra de materiales y como aporte a colectivos en Medellín para que puedan continuar con su lucha. Así, aprovechando la condición de carácter público del espacio elegido, su valor simbólico y la necesidad de contribuir al fenómeno cultural que ha desatado la acción artística en la capital antioqueña, sus autores buscaron reafirmar el llamado a la memoria y a la resistencia, incluso en un contexto internacional.

El mensaje plasmado en el mural en Berlín no solo exige el reconocimiento de los crímenes ocurridos en La Escombrera, también alza la voz a favor de la paz en otros territorios afectados por la violencia como el Catatumbo y Gaza. Además denuncia el avance del fascismo en distintos lugares del mundo como Alemania y Estados Unidos. De esta manera, la frase que nació como un homenaje a las Madres Buscadoras, se ha convertido en un símbolo de la lucha global por la verdad, la justicia y la memoria.

La acción del 2 de febrero fue registrada en fotos y videos que aún no han sido publicados oficialmente por el grupo realizador. Sin embargo, registro gráfico hecho por los y las asistentes fue difundido en redes sociales de manera acelerada, logrando un alcance mayor al esperado cuando el senador Ariel Ávila lo compartió en sus redes y, sin confirmar con el colectivo realizador la veracidad de la información, dio nombres propios de personas no pertenecientes al grupo.

A raíz de la difusión de la publicación del senador Ariel Ávila, apareció una supuesta denuncia contra los creadores, lo que posteriormente generó especulaciones acerca de la existencia de una orden de captura y hasta deportaciones, informaciones todas falsas e infundadas.

Los nombres publicados no corresponden con ninguna de las personas del grupo realizador, por tanto, no existe hasta el momento ninguna notificación policial. Por esta razón, no se revela el nombre de ninguna persona ni se actúa de manera individual, reafirma el grupo realizador.

Como parte de la diáspora colombiana en Alemania, las y los autores del mural “Las cuchas tienen la razón” en Berlín aclara que la acción partió del deseo de apoyar una causa que merece visibilidad y solidaridad en el contexto internacional. Las noticias que rápidamente recorrieron el internet no fueron autorizadas por parte del grupo. Las supuestas denuncias y demás acciones criminales no son reales. Asimismo, el grupo manifiesta que seguirá trabajando por la memoria, la verdad y la reparación, defendiendo el derecho a la libre expresión y siendo firmes en la lucha por la visibilización y reconocimiento de las víctimas del conflicto armado y del Estado colombiano.

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