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Defender a los defensores

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Por Gauthier Alexander HERRERA

Teófilo Manuel Acuña Ribón y Jorge Alberto Tafur Acuña fueron dos líderes campesinos. Téo y Tafur, como se les conocía en las regiones campesinas, eran voceros de la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del Cesar, Sur del Magdalena y Procesos de los Santanderes. Los dos líderes habían denunciado las amenazas provenientes de grupos de extrema derecha paramilitar contra las comunidades campesinas de dichos municipios. Teo y Tafur no pudieron ver su sueño de vida digna para los campesinos de la región. En efecto, los dos líderes fueron asesinados a mansalva en la noche del 22 de febrero del 2022 dejando un profundo dolor en los sectores de asociaciones y organizaciones sociales que con las “uñas” estaban defendiendo los territorios y reclamando vida digna.

 

La defensa de los derechos humanos y de los derechos ambientales y ecológicos no solo es una actividad muy peligrosa, sino que igualmente se realiza como una ardua labor, llena de constancia y compromiso. Teo y Tafur, lo hicieron durante décadas sin tener recursos, ni financieros ni materiales, para defender la vida en los territorios. En general, pocas ONG’s han apoyado este trabajo. No solo en esta región sino en todo el territorio nacional. Sin embargo, la característica principal de este apoyo es que los recursos son precarios; de hecho, muy extraordinariamente se ha podido financiar algunos talleres y procesos para que la comunidad entienda el alcance de sus derechos, organizándose en su defensa. Derechos reconocidos, por lo demás, por la Carta Constitucional.

 

Lejos estaban Teo y Tafur de imaginar que un día sus nombres aparecerían en los gigantes avisos luminosos del Time Square en la exclusiva y excluyente ciudad de New-York City. Ocurrió durante el mes de septiembre del 2023 junto con otros cientos de líderes defensores mundiales de cuatro continentes. Si Teo y Tafur vivieran, estarían igualmente lejos de imaginar el costo en dólares de dichos avisos publicitarios, de la puesta en escena comercial suponiendo que esta tuviera un impacto sobre los miles de pasantes de dicha esquina. Los que sin duda están lejos de tener la sensibilidad y solidaridad para acompañar la experiencia de vida de estos líderes mundiales. ¿Qué hubiera sucedido si la apuesta por visibilizar a los líderes se concentra no en el desperdicio de kilowatts de energía sino en darle recursos a las comunidades para que se defiendan? ¿Cuántas muertes se podrían evitar si los recursos de una campaña, que se hizo en medio de cocteles y a manteles blancos en un lujoso edificio de Manhattan, se destinarán en primer lugar para proteger y salvar la vida de los líderes? Sin esperar a que sean asesinados para ser mostrados como trofeos de la barbarie de las economías extractivistas que funcionan en todas las regiones del sur explotado.  Teo y Tafur, igualmente, no hubieran jamás imaginado que contarían con un inesperado y locuaz aliado.

 

En efecto, la campaña “Defender a los defensores, ¿Cómo el mundo puede proteger a los que protegen nuestro planeta?” (por su nombre en inglés: Defend the defenders: How can the world protect those protecting our planet?) desarrollada por la ONG Global Witness, tuvo una ceremonia en el piso 23 del edificio de la fundación Ford el pasado miércoles 20 de septiembre. El objetivo de la reunión era el de dedicar este espacio a los defensores del planeta y honorar el trabajo, especialmente de aquellos que fueron asesinados. El objetivo de la campana, según de Global Witness, es el de documentar y denunciar oleadas de amenazas, violencia y asesinatos de defensores de la tierra y el medio ambiente en todo el mundo. En el reporte anual de Global Witness, se puede observar que el 84% de sus ingresos, que ascienden en 2021 a 10’129.000 £ libras esterlinas, fue aportado por el sector privado (trust & fondations) y solo el 9% por los gobiernos (por ejemplo, el departamento de asuntos extranjeros de Irlanda, la agencia para el desarrollo y la cooperación de Noruega, y la fundación europea para el clima). Numerosas organizaciones privadas como la Fundación Ford o Fundación comunitaria de Silicon Valley entre otras son enunciadas igualmente como donantes. Según dicho informe, el 18% (1.383 £) fueron dedicadas para la campaña Defensores de la tierra y el medio ambiente.

 

Los invitados a dicha ceremonia, muy bien vestidos y de modales elegantes, lejos estaban de la realidad de recorrer a pie los territorios, entre barrizales y casuchas, para defender los derechos de las poblaciones campesinas. Desde la altura del imponente edificio, se podía observar en esplendor la ciudad, pero no el esplendor de la lucha campesina y de amplios sectores populares que comprendieron rápidamente que al planeta hay que salvarlo. Estos luchadores seguirán, así nunca sepan que una página entera pagada en el prestigioso The New-York Times (septiembre 21 de 2023) con los nombres de cientos de defensores ambientales mundiales asesinados fue publicada un día después.

 

En dicha reunión, hizo presencia el nobel de Paz Juan Manuel Santos, quien se declaró héroe de guerra y defensor consagrado a la defensa de los líderes sociales y particularmente defensor de la cultura indígena, con quien dice él, “anudo una estrecha relación” que cambió su manera de ver la relación con los territorios y la naturaleza. Todo quedó, de boca de los presentes, como si al expresidente hubiera sido el paladín del reconocimiento a la defensa de los derechos humanos, de la vida de los líderes sociales y de la defensa del territorio contra la explotación extractivista; particularmente la relacionada con el petróleo. Asombrados estarían Teo y Tafur de escuchar esas palabras de quien se declaró inicialmente incrédulo1 al respecto de la existencia de los falsos positivos o de quien justificó como legítimos los bombardeos a campamentos de las FARC en pleno proceso de paz y en donde incluso murieron niños2. Defensor acérrimo de la política de Seguridad Democrática, Santos nunca dio muestras reales de preocuparse por los cientos de denuncias de las organizaciones que pedían a gritos que se parara el asesinato de los líderes sociales potenciado por el clima de guerra que como ministro de la defensa instauró él antes de ser declarado Nobel de Paz3.

 

Al final de la reunión de la prestigiosa organización, los aplausos y el coctel dieron paso a un intercambio ameno entre quienes asistían. Pero los muertos siguen. Líderes como Teo y Tafur continúan su trabajo recorriendo veredas, aguantando el calor o la lluvia, organizando a las comunidades para que defiendan sus derechos sin siquiera ver los recursos necesarios para apoyar su defensa. Líderes que están lejos de la lujosa “capital del mundo” y de aquellos que se presentan como sus defensores, ebrios de una arrogancia que origina justificaciones para la guerra facilitando el clima de la violación a los derechos humanos. Más allá de eso, ¿podrán algún día beneficiarse directamente de la incidencia internacional los líderes y liderezas de las organizaciones sociales que hacen un trabajo directo con las comunidades, a su propria cuenta y riesgo, sin siquiera saber que lejos de ellos se mueven muchos intereses económicos?

 

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