Con una nutrida participación de procesos sociales, organizaciones de base, mujeres campesinas, trabajadoras, lideresas barriales y disidencias sexuales, se llevó a cabo en la ciudad de Cúcuta la Cumbre Nororiental Antipatriarcal, una jornada de análisis, denuncia y articulación política centrada en los impactos del patriarcado, la guerra y el modelo económico sobre las comunidades populares del nororiente colombiano.
Este encuentro, organizado por la Convergencia y Lucha Popular, reunió a delegaciones provenientes del Catatumbo, Norte de Santander, Arauca, Santander y ciudades de la región. Todas con un objetivo común: profundizar el análisis colectivo sobre las múltiples formas de violencia estructural y construir una agenda política antipatriarcal desde abajo.
El contexto territorial fue uno de los ejes centrales de la reflexión. El nororiente colombiano es una de las zonas con mayores niveles de militarización, violencia armada, abandono institucional y conflictividad social. Las participantes de la Cumbre coincidieron en que estos fenómenos no son hechos aislados, sino expresiones de una crisis estructural, donde confluyen el despojo territorial, el extractivismo, la precarización de la vida y la represión estatal.
Desde esta perspectiva, la violencia patriarcal no puede entenderse como un fenómeno privado o doméstico, sino como parte de un entramado que reproduce el sistema de clases y la dominación sobre los cuerpos y los territorios.
La Cumbre se estructuró a partir de una metodología que combinó momentos de reflexión personal, análisis político-teórico y construcción colectiva. Las participantes abordaron preguntas orientadoras que permitieron identificar cómo las violencias estructurales impactan sus vidas y comunidades.
Posteriormente, en una plenaria conjunta, se consolidó la Declaración Política de la Cumbre Nororiental Antipatriarcal, donde se reafirma que la lucha antipatriarcal es inseparable de la lucha contra el modelo capitalista y colonial que impera en Colombia.
“Esta es una guerra de clases donde nuestras vidas son utilizadas como moneda de cambio. Nosotras decimos: no más. No vamos a seguir siendo las sacrificadas del sistema. Esta es una lucha por la vida, por la dignidad y por un futuro distinto”, señala la declaración.
Como resultado de la Cumbre, se definieron once líneas de acción que componen una agenda antipatriarcal regional, entre ellas:
- Impulsar economías populares cooperativas con enfoque feminista.
- Disputar el sentido común desde la cultura, el arte y los medios comunitarios.
- Construir justicia popular desde los territorios.
- Denunciar y resistir la militarización y el paramilitarismo.
- Tejer redes de memoria histórica que fortalezcan la identidad política del movimiento de mujeres populares.
Las propuestas no se limitan a lo local. Plantean desafíos nacionales y buscan incidir en la construcción de un proyecto político que trascienda el cortoplacismo y la fragmentación organizativa. Para las participantes, el camino es claro: unidad popular, construcción desde la base y articulación como horizonte de transformación.
La Cumbre Nororiental Antipatriarcal no fue un hecho aislado, sino la expresión de un acumulado organizativo que se viene gestando desde años atrás en la región. Un proceso que, en medio de la violencia estructural, apuesta por el diálogo político entre mujeres diversas, la consolidación de redes territoriales y la construcción de poder popular desde una perspectiva antipatriarcal.
Frente a la exclusión, la estigmatización y la instrumentalización de las luchas de género, las organizaciones del nororiente afirman con fuerza:
“Nuestra lucha no es por ser aceptadas en este sistema, sino por transformarlo desde sus raíces.”











