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Primer Campamento Nacional Pedagógico y Popular: un respiro para la lucha del magisterio colombiano

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Por: Juan Alejandro Echeverri

Fotos: Ana Sofía Ramírez

Universidad Pedagógica Nacional, BOGOTÁ/ Al momento de la evaluación final, uno de los maestros que tomó el micrófono dijo que debía regresar décadas atrás para recordar un encuentro así. El pasado 14 y 15 de junio, más de 400 profesores y profesoras de Nariño, Putumayo, Huila, Tolima, Cauca, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Cundinamarca, Meta, Casanare, Bogotá, Boyacá, Arauca, Santander, Norte de Santander, Antioquia, Magdalena, La Guajira y Atlántico reflexionaron sobre aquellas políticas nacionales e internacionales que pervierten su oficio, pero también compartieron estrategias pedagógicas propias que se arriesgan a proponer una educación emancipada del mandato neoliberal.

Antes de hacer una radiografía común sobre el régimen legal que década tras década ha precarizado la labor docente, las y los participantes escucharon las cátedras de tres referentes teóricos que reafirmaron el rol de la escuela como un campo de disputa, influenciado por la geopolítica global y los estándares epistémicos exigidos por el capitalismo.

Ana Esther Ceceña, especialista en geopolítica de la Universidad Nacional Autónoma de México, señaló en primer lugar que la geografía es clave para entender el poder. En ese sentido, la profesora mexicana argumentó que en la raíz de los conflictos globales, en especial el que se libra en Medio Oriente, se encuentra el traslado y transporte de mercancías y materias primas. Ante un mundo que empieza a develar una relativa escasez de recursos, y en el que Estados Unidos y sus aliados europeos tienen temor de perder la hegemonía de canales y rutas claves para el comercio planetario, Latinoamérica corre el riesgo de sufrir presiones extranjeras y convertirse en un nuevo frente de confrontación entre potencias extranjeras que quieran ampliar sus posibilidades de conexión y saqueo: “Si arrasan a Palestina, los siguientes seremos nosotros”, recalcó Ana Esther, quien además agregó que para desneoliberalizar la educación es importante entender los problemas como partes de un todo y romper con “la epistemología capitalista que nos ha hecho pensar que la economía es por un lado, que la política es por otro… el planteamiento positivista del conocimiento, que nos separa las cosas y nos impide entenderlas. Regresemos a la complejidad. El mundo y todo lo que estamos viviendo es muy complejo, no quiere decir muy difícil, quiere decir que está teniendo muchos elementos que confluyen, que lo determinan, que lo pueden cambiar de orientación. El mundo es así de complejo”.

Por su parte, Marco Raúl Mejía comenzó su intervención citando a Paulo Freire, tal vez el pedagogo más importante del canon latinoamericano: «La educación no cambia la sociedad, pero cambia las personas que van a cambiar la sociedad». El investigador y educador popular, quien ha escrito basta literatura sobre la materia, mencionó luego que además de separar al ser humano de la naturaleza y convertirse en un vector cultural, el neoliberalismo instrumentalizó la escuela para apropiarse y homogeneizar nuestro proyecto ideológico, convirtiéndola en un lugar de control. “El gran triunfo del neoliberalismo es construir subjetividades individualizadas y autistas. Porque cada uno se siente lo mejor del mundo haciendo lo suyo. […] Hoy el Banco Mundial no está en Washington, la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico] no está en Paris, está en la última escuela de la última vereda de este país, en el último barrio más popular donde hay un maestro y una maestra que fue formado en ese autismo y que para ser un buen maestro réplica todos los estándares, y que presenta todas sus evidencias para que el rector no lo vaya a echar. Ahí le estamos dando forma a ese sujeto neoliberal”, sentenció el académico. Marco Raúl también les advirtió a los maestros y maestras que las nuevas pedagogías escolares no surgirán de las dirigencias gremiales ni de organismos nacionales o internacionales, “las propuestas deben nacer de abajo hacia arriba”.

En el primer Campamento Nacional Pedagógico y Popular realizado en la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, los maestros fueron por un momento los escuelantes. Tal como lo ha hecho durante toda su vida, la reputada pedagoga Lola Cendales les dio a cientos de educadores colombianos una cátedra rápida en la que hizo un recuento de la función social de la educación, mencionó algunos principios básicos de la educación popular y retó a quienes le escuchaban y se preguntaban, entre otras cosas, cómo implementar todos esos elementos en instituciones académicas con marcos normativos monolíticos.

Lo primero que señaló la profesora Cendales fue que la educación es un hecho político, por lo tanto, resulta imposible ejercerla desde una supuesta neutralidad. Se trata de una vocación en la que no se puede escoger: o se educa para perpetuar el orden social determinado por el mercado capitalista —en el que se concibe la educación como una mercancía, mas no como un servicio—, o se generan entornos de aprendizaje para transformar la realidad.

Para la formadora, «la educación bancaria», tal como la llamaba Paulo Freire, es la responsable de que hoy se formen jóvenes sin futuro y sin pasado, juventudes agobiadas por un presente fugaz que se esfuma: “Llenamos de información a las personas, pero no para pensar, sino para que las devuelvan luego en un examen”. Cendales también planteó algunos asuntos urgentes que deberían ocupar a las y los asistentes. Primero, debatir al interior del gremio cómo formar en la ética, que a su juicio “antecede y acompaña a la crítica”, y que no es nada diferente a “invitar al otro a construir algo distinto”; segundo, apostar por la lectura y la escritura como vehículos para “formar la autonomía, construirse como personas y presentarse tal cual se es”.

Dado que las categorías de ayer no son suficientes para problematizar el rol de la educación en épocas de revolución tecnológica, y no es devota de las fórmulas estandarizadas que sean aplicables a todos los contextos por igual, Lola Cendales, quien se ha caracterizado por el valor dado a la investigación para mejorar las prácticas educativas, retó a los y las profesoras a convertir los problemas en un objeto de investigación. “Más allá de los saberes técnicos, lo importante es la convicción de lo que hacemos […] Si nosotros los educadores no tenemos un sentimiento hacia las personas a las que les enseñamos, no somos cómplices de sus ideas, de sus anhelos, lo demás se cae… esa convicción debe ir acompañada de una formación rigurosa”.

 La reputada profesora colombiana les recomendó también “entender la diferencia sin tratar de aplastar la realidad”; recurrir al “diálogo cultural como propuesta pedagógica elemental de la educación popular, porque la cultura va más allá del poder”; además identificar esas fisuras institucionales para desarrollar en sus colegios y escuelas aquello que la tradición institucional les impide hacer, al fin y al cabo, “la educación popular es el horizonte de toda educación”.

El elefante en la sala de la casa

Los problemas del sistema educativo y del magisterio colombiano son estructurales. Pese a ser una de las fuerzas gremiales más importantes en el país, las recurrentes movilizaciones y las consecuentes negociaciones con los diferentes gobiernos han dado como resultado medidas paliativas que postergan las soluciones de fondo.

Durante el Campamento, Willy Carmona, profesor y miembro del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), presentó un diagnóstico general de la situación: pese al aumento hecho por el actual Gobierno, el presupuesto destinado al sector todavía resulta insuficiente para subsanar los rezagos en infraestructura, planta docente, dotación, alimentación, entre otros aspectos; la atención en salud es defectuosa, incluso teniendo un régimen especial, debido a la intermediación de los operadores y la falta de especialistas de segundo nivel en las regiones, por mencionar solo algunos motivos; el barullo y la competitividad que provoca la existencia de dos estatutos docentes —el 2277 de 1979 y 1278 de 2002— que regulan la profesionalización y otros derechos; así como la violación a la libertad sindical por parte de algunas instituciones educativas o el castigo con traslados constantes y arbitrarios a profesores críticos con el modelo actual, lo que supone un riesgo para su estabilidad laboral.    

El líder gremial hizo especial hincapié en el nuevo modelo con el que se quiere evaluar a los docentes, del cual dependen los ascensos, los aumentos salariales, la posibilidad de una pensión digna, y hasta su permanencia en el magisterio. Carmona dejó claro que no se oponen a la evaluación, la que considera válida y necesaria. Sus reparos son a los criterios capitales y mercantiles, por ejemplo la calidad, el rendimiento, el merito, con los que se les quiere poner a prueba: “La evaluación de desempeño docente es una evaluación punitiva. La calidad se le mide a los objetos, no a las personas”.

Aunque el Estado es el principal responsable de las crisis en el sector, dada su condición de garante constitucional del derecho a la educación, hubo tiempo y capacidad para reconocer aquellas prácticas sindicales que agravan la situación. En las intervenciones del Campamento fue reiterativo el mea culpa por la crisis ideológica que sufre la agremiación de educadores, la cual se manifiesta, principalmente, en su dirigencia. Varios asistentes manifestaron que FECODE ha perdido su condición de clase, pues al interior del organismo que agrupa miles de docentes de las instituciones públicas, existen fuerzas mayoritarias que se conforman con lo mínimo y despejan el camino para que se apliquen contrareformas neoliberales y modelos importados de los mercados extranjeros.  Algunos maestros denunciaron en la actividad que directivas sindicales se han convertido en ansias personales por acceder a sobresueldos y otras prebendas.

Otra escuela posible

Colombia es el primer país del continente que construye, de manera concertada, un decreto que reconoce y establece un Sistema Educativo Indígena Propio. Si bien la medida plantea en adelante el reto de armonizar las identidades culturales y los derechos laborales, abre la puerta para reconocer también a los etnoeducadores campesinos, afros, raizales y rom, para contemplar la posibilidad de una escuela territorializada, democrática y con currículos acordes con las necesidades de cada contexto.

Más allá de las normativas rimbombantes, en la práctica cotidiana existen experiencias estimulantes que se valen de la economía popular, el arte y metodologías lúdicas para materializar una escuela liberadora y transformadora. Uno de los casos más inspiradores compartidos durante el Campamento fue el de la Asociación de Institutores y Trabajadores de la Educación del Cauca (ASOINCA), organización que agremia a más de 6.000 docentes del departamento sureño.

La asociación creada en 1939 se ha convertido en referente del sindicalismo a nivel nacional. Su lucha se da en las aulas de clases, pero, como es integral, escala al ámbito económico. Gracias a su disciplina financiera e ideológica, ASOINCA hoy es dueña de un supermercado que abarata los costos de la canasta familiar para sus afiliados; dueña de tres gasolineras donde los profesores tanquean sus motos; y ha sido capaz de materializar 4.000 opciones de vivienda para las familias de sus institutores. ASOINCA toca las fibras del gran capital. Su propuesta contempla también un modelo de cero reprobaciones y cero repitencias, iniciativas de restauración ecológica, de siembra y soberanía alimentaria, porque para sostener una movilización se necesitan personas, pero, sobre todo, comida.

Según Miguel Andrés Burbano, dirigente sindical de la organización, son tres los principios en los que se sustenta su acción política: “ASOINCA pasó por todas las transiciones habidas y por haber. Pasando por el Partido Liberal y el Partido Conservador, hasta esa gran diversidad de tendencias políticas que se apoderaron de los sindicatos. Incluso hoy en FECODE hay más de 13 tendencias políticas que no le permiten al magisterio restablecer un mínimo de derechos. ¿Qué ha sucedido durante todo este tiempo? Primero, hacer posibles los principios clasistas; vivir y materializar la lucha de clases en la huelga. Segundo principio, el bien colectivo; una política financiera que les demuestre a los afiliados que sus recursos son utilizados única y exclusivamente para la huelga, de ahí en adelante todas las cosas que sean necesarias, pero nada en favor de los intereses personales. Y un último principio, la ética popular, en donde se dice qué es lo que queremos ser, y lo demostramos con lo que somos. Nosotros somos huelga. Nosotros somos movilización. Nosotros somos la base. La dirigencia representa la base, y no da un paso sin que la base lo avale”.

Los mismos y las mismas maestras reconocieron que dos días se quedan cortos para abordar los retos que enfrenta hoy la educación y el sindicato de educadores. Sin embargo, el Campamento revitaliza un sector que necesita superar su enfoque gremialista y articularse con otros actores bajo la perspectiva de unidad de clase. Y, sobre todo, encontrar la manera de comunicar y explicar a los estudiantes, padres de familia y sociedad en general, la necesidad y validez de su lucha para que no se conviertan en los detractores que dicen: “Otra vez los niños sin clases”.

El tiempo fue suficiente para dar un respiro y regresar a las aulas convencidos y convencidas de que necesitamos una escuela que descolonice el pensamiento y forme sujetos políticos conscientes de lo que está sucediendo en cada territorio. Un motivo más para ambientar una futura huelga general de educadores.

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Un Campamento Nacional Pedagógico y Popular para imaginar otra escuela

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