Edición 50 - Abril 2010

Dos mil aniversario del asesinato de Jesús y la revolución Palestina

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La iglesia católica, para institucionalizar su lucrativo negocio, dio a la biografía de Jesús un giro torcido. Las versiones escritas sobre la vida de Jesús, libertador de Palestina, pretenden ocultar deliberadamente el pensamiento histórico del proceso político y social liderado contra una élite antinacional sumisa al imperio, y atribuirle un insignificante papel místico y litúrgico.

Nazaret,  tierra natal de Jesús, poblada de campesinos, era el centro geográfico de la actividad revolucionaria  del partido nacionalista de los Zelotas. Allí la miseria querían acabarla con la represión. Allí Jesús aprendió que la revolución la hacen los rebeldes, no los sumisos, que la revolución había que gritarla, pues al pueblo lo mantenían engañado, haciéndole creer que era pobre por mala suerte o por voluntad de Dios.

La dinámica política de Judea estaba influenciada por seis partidos políticos proimperialistas unidos en odio común contra el luchador palestino. Su evangelio de paz, amor, justicia e igualdad, resultaba altamente subversivo y revolucionario para un Estado basado en la desigualdad. Dieciocho siglos después, los principios de la revolución burguesa de Francia y los Derechos del hombre y del ciudadano, fueron resumidos en las enseñanzas del gran maestro: “justicia, paz, libertad”.

El cristianismo es una fe y un principio filosófico. El auténtico cristiano es revolucionario. Fue la religión de los excluidos, de los pobres y de los esclavos en el imperio romano. Hoy el cristianismo católico no está en el pueblo ni con los pobres ni con los indios ni con los negros. Es un cristianismo de élite burgués, es la religión de los ricos. Es una iglesia que abandonó las enseñanzas de Jesús para transformarse en fuente de racismo, oscurantismo y aliada del despotismo.

Los explotadores, históricamente, han utilizado la religión contra la revolución. Los patricios romanos la utilizaban para perseguir a los cristianos. Igualmente fue utilizada durante el feudalismo y capitalismo. Ejemplo clásico reciente: El Vaticano giró 2,3 millones de dólares al partido de la Social Democracia Cristiana y 1,9 millones de dólares al Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR – de Chile para apoyar a la extrema derecha que derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. (Documental “La batalla de chile”).

En la República Bolivariana de Venezuela la institución católica aviva los odios contrarrevolucionarios para derrocar el gobierno bolivariano de Hugo Chávez, en abierta traición al pueblo, lo cual, constituye traición a Cristo que siempre luchó por la felicidad de su pueblo. A Jesús esa iglesia no le interesó. Distante de las cadenas de la miseria, del analfabetismo, de la desnutrición, del desempleo, de las enfermedades y de la falta de oportunidades

Jesús nunca combatió a la riqueza, sino a los ricos – la riqueza es buena, lo malo es su injusta distribución -. Nunca defendió la pobreza, sino a los pobres. Hoy, en la república Bolivariana de Venezuela, el Chavismo lucha para que los pobres materiales y espirituales sean ricos, con mejor calidad de vida, brindando máxima satisfacción a su pueblo para una existencia digna en un paraíso para todos y no exclusivo de una clase propietaria rentista, que jamás quiso al pueblo, sino para explotarlo, perpetuando la ignorancia y la miseria como instrumento de sometimiento.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. El hambre es producto de la injusticia, son ellos los que harán el cambio social y no los satisfechos. Mientras haya hambre, injusticia social, falta de salud y el pueblo permanezca excluido, el reino de los cielos estará muy distante y habrá revolución. Es un sentir psicológico colectivo.

Con la llegada de Jesús a Jerusalén, la tensión llegó a su punto candente y explosivo. Detrás de ese inmenso pueblo, alma de una nación decidida a cambiar, caminaba la revolución y la voz de un hombre que hablaba de amor y de justicia social sin temer que el rey – Herodes – dijera: ¿“por qué no te callas”?
Cuando Pilatos interrogó a Jesús, no dudó estar frente a un hombre justo y calumniado, por lo que decidió someterlo a un plebiscito donde Jesús resultó perdedor ante Barrabas, un perseguido político.

Sin embargo, el secuestro, tortura y asesinato de Jesús, fue un montaje de la élite judía. Se desviaron de la Ley, fue una parodia, un acto satírico de la “justicia”: la injuria y la calumnia, han sido siempre instrumento eficaz de las élites para engañar al pueblo. Un arma de terrorismo moral y psicológico.

Jesús condenó la insensibilidad. Se necesita tener un corazón duro para permanecer indiferente mientras otros sufren, tal vez los mismos que le trabajan, los que le crean sus inmensas riquezas.

La crucifixión presunta de Jesús privó a su heroico pueblo y a todas las naciones del mundo, no sólo de un formidable luchador, sino del ejemplo de una dignidad erguida. Enfrentó las élites lacayas sin doblar su honor, sin claudicar. Y no murió por otra causa que no haya sido por sus ideales.

Siempre ha vivido Jesús en el corazón de la gente, porque la posteridad eternamente glorifica a los héroes que renuncian a su felicidad personal para conquistar la dignidad de su pueblo y la unidad de las naciones. Después de 2000 años, se ha convertido en la causa de un resurgimiento ideológico ulterior iniciado en la República Bolivariana de Venezuela, donde se reivindica a Jesús y a sus ideales revolucionarios.

Y debe figurar en la historia de la cultura humana como uno de los hombres más eminentes para inculcarlo en la mente de los pueblos, de tal modo que su nombre, en cada aniversario de su secuestro y asesinato – “semana santa” -, se convierta en emblema de lucha nacional, en el grito de los pueblos que reclaman justicia y dignidad, de esa gente humillada que no tiene voz ni fuerza para exigir sus derechos.

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