Como una de las especies, individualmente hablando, más indefensas en sus primeras etapas de desarrollo y crecimiento, el ser humano necesita mucha protección y cariño para poder sobrevivir en ésta, cada vez más peligrosa, sociedad. Los padres tratan, en su burbuja de cristal, de aportar y direccionar lo que más pueden en el cuidado y la protección a la salud de sus pequeños. Esto es muy vital en esas etapas incipientes de nuestro proceso de vida, pero luego aparecen otras circunstancias o condiciones que van a influir en el estado de salud por el resto de nuestras vidas. Y esas condiciones son: nuestro auto-cuidado y el papel del sistema social en que nos tocó vivir.
En lo referente al auto-cuidado la situación es muy compleja y variada. Digo compleja, porque allí confluyen un sinnúmero de factores sociales que se mezclan e interactúan para tener resultados maravillosos o desastrosos, según sea cada caso particular. Entre esos factores se tienen las costumbres, las culturas, los mitos, las supersticiones, los caprichos de cada familia, el nivel educativo, la situación económica; factores que en su conjunto pueden tener como producto una llamada filosofía de vida que direcciona todas las decisiones que a diario tenemos que enfrentar.
El auto-cuidado, ya en lo concreto, tiene que ver con aspectos como: qué comemos, cómo dormimos, qué deporte practicamos, dónde y cuánto trabajamos, cómo nos divertimos, cómo hacemos el amor, qué estudiamos, qué nos preocupa, etc. Decidir en cada uno de esos aspectos debería ser un acto consciente y fácil, que realmente nos ayude a llevar una vida saludable. Pero la realidad es otra, muchas de esas decisiones no las tomamos nosotros, las toma la televisión, los amigos, la publicidad, la escuela, la economía, el ministro de agricultura o de hacienda, los padres o las compañeras, pero muchas veces no decidimos ni libre ni conscientemente.
Ahora, que quede claro que yo en este artículo no le voy a resolver el intrincado problema de tomar decisiones correctas en cada uno de esos aspectos. Eso debe ser una decisión sabia que tenga como base unos sólidos conocimientos y largas reflexiones que permitan llevar una vida alegre y saludable. ¿Qué tanto comer? ¿Qué comer? ¿Qué beber? ¿Cuánto beber? ¿Qué tanto dormir? ¿Qué tanto deporte hacer? ¿Qué con condón? ¿Qué con todas? ¿Qué cómo divertirme? ¿Qué vivir relajado? ¿Qué lo que importa es tener mucho dinero? ¿Qué qué pereza el trabajo? ¿Qué trabajen los burros, los obreros y los campesinos? ¿Qué fumar es una delicia? ¿Qué para que vivir 70 años? ¿Qué a la lata y sin calzones? ¿Qué para qué cuidarnos si siempre nos vamos a morir? ¿Qué lo mejor es comer como marranos? ¿Qué vivan los vegetarianos? ¿Qué qué va?
Supongamos que cuando estamos grandecitos somos niños muy juiciosos, que reflexionamos muy bien y tomamos las mejores decisiones del mundo, somos todos unos sabios y aprendemos a vivir porque somos los más sanos del planeta. Toda una maravilla y no nos cambiamos por nadie. Ahí es donde se empieza a notar el otro factor que nos ha acompañado a lo largo de la vida y que nos puede llevar prematura y rápidamente a la muerte: el sistema social que nos han impuesto.
Tomemos a un joven de 20 a 30 años en Colombia en pleno siglo XXI, muy sano y saludable, además de juicioso, trabajador y estudioso. Todas las decisiones que ha tomado frente a su auto-cuidado son correctas y excelentes, tiene toda una larga vida por delante y su futuro es muy promisorio. Pero así sea difícil aceptar y comprender todas las porquerías que pasan a nuestro alrededor, debemos ser conscientes que no basta con tener un buen auto-cuidado para llevar la gran vida larga que nos merecemos. Hay fuerzas y factores externos a nosotros que son más decisorios en nuestra vida que las propias decisiones que podamos tomar. Es decir, se nos cagan en la batica de cuadros y es mentira eso de nuestra libertad y auto-determinación, aún en cosas tan sencillas como nuestra vida individual, que tanto resaltan los corifeos de las bondades del capitalismo.
La salud colectiva es un derecho que todos los Estados y los sistemas sociopolíticos deberían garantizar. Ya sabemos que en nuestro país eso no importa ya que hay otras prioridades que son definidas por las clases burguesas y terratenientes que han estado en el poder. La salud colectiva es una mercancía en los negocios capitalistas y tiene que generar rentabilidad a unos pocos aliviados.
De que sirven tantos cuidados y auto-cuidados para preservarnos saludables si hay un montón de problemas no resueltos y sin esperanzas de solución en este podrido sistema capitalista que nos han impuesto. Paso a enunciar unos cuantos ejemplos de dichos problemas: a pesar de muchos cuidados y cariños, los niños se siguen muriendo de desnutrición y de enfermedades curables; siguen matando a miles de jóvenes y niños con balas perdidas y no perdidas; se mueren miles de adultos por falta de tratamiento médico por la ineficiencia, la burocracia y el negocio del sistema de salud; se van a morir miles de pacientes con la aplicación de los nuevos decretos de la tal emergencia social en salud.
Por la descomposición social generada por el sistema social hay una cantidad de desequilibrados mentales que matan por nada, alcohólicos al volante que matan personas sanas y juiciosas; en las grandes ciudades “turísticas” como Medellín, atracan en pleno centro de la ciudad aunque se le pague salarios y prestaciones a miles de policías y efectivos de seguridad (¿Dónde está la tal Seguridad Democrática?); miles de jóvenes y adultos saludables llegan al suicidio por saber que no hay futuro ni presente; millones de personas pierden su salud y bienestar por la contaminación y el cambio climático que produce devastadores fenómenos naturales.
En conclusión, ojalá tome muy correctas decisiones en cuanto a lo del auto-cuidado para ser un ser saludable y sano. Usted define lo que considera ser saludable y sano, y que no lo defina otra persona o la sociedad con todas las formas que tiene de manipular. Pero no se quede tranquilo que aún estando con muy buena salud, usted mañana puede estar muerto por otras razones que no dependen de usted, como las enunciadas en el párrafo anterior y muchas otras que conocemos. Hasta que este sistema social putrefacto no se haya transformado en otro al que si le importe la salud y el bienestar colectivo, usted y todos los demás estamos, a todo momento, en graves peligros. ¡OJO! ¡OJO!.