Por: Richard Andrés Suárez
A Camilo lo conocí sin conocerlo, ¿cómo expresar esta idea? En mis estudios de sociología y ciencias sociales en la Universidad del Tolima, recuerdo muy bien una calcomanía pegada en un espejo de uno de los baños que decía: “Y cuando ellos bajaron por su fusil, se encontraron que el pueblo tiene cien mil”, esas palabras me causaron mucha curiosidad. Tiempo después, escuchando una canción, comprendí que hablaban de Camilo, por eso digo que lo conocí sin conocerlo. También llegué a saber de él por algunos grupos dentro de la universidad que se llaman a sí mismos Camilistas, que fragmentan la vida y el pensamiento de Camilo al no tocar todas sus dimensiones, es que a un hombre o mujer no se le puede dividir en pedazos de ser, pero en ese momento de mi vida como estudiante de ciencias humanas me conformé con esa imagen un poco abstracta de Camilo, pese a que siempre tuve la intuición y convicción de siempre: “la idea de la revolución estaba en todo momento”.
Muchos, al igual que Camilo, creemos que las situaciones de injusticia social, desigualdad y violencia van a cambiar. Respecto a lo que es la revolución, Camilo explicó lo siguiente: “Un cambio fundamental de las estructuras económicas, sociales y políticas, considero esencial la toma del poder por la clase popular, ya que a partir de ella vienen las realizaciones revolucionarias”.
Lo esencial para Camilo Torres
Ese fue mi primer “encuentro con Camilo”, pero ahora como estudiante de teología en un seminario mayor, lugar eclesial donde también estudió Camilo, he llegado a comprender lo que para él debió ser lo esencial, y no solo por estar en un claustro sacerdotal. Conocer a Camilo en todas sus dimensiones sin llegar a separarlo de su ser no es nada fácil, es como construir todo un rompecabezas. Camilo el sociólogo, el profesor universitario, el amigo, el hijo y hermano, el revolucionario y, lo que más amó Camilo, el ser sacerdote.
Esta reflexión, para tranquilidad de quienes nos leen, no es un sermón teológico, solo que la base del pensamiento de Camilo nace de su ser sacerdotal, una realidad que se encarna en los rostros de los más sencillos por los cuales buscó un cambio y se llenó de revolución. Todo con un fin de amor al prójimo, practicado de manera eficaz, no desde la demagogia sino con el ejemplo que se entregó en los altares del pueblo en su lucha, ese es el legado que dejó. La dimensión sacerdotal de Camilo es un tema del cual no se habla mucho, pero que a mi parecer es fundamental para entender toda su revolución y su única opción por los pobres, que lo llevó a la búsqueda de ese cambio de estructuras por el cual dio su vida.
A revisar la sotana, mi general, en las guerrillas cabe un sacristán
“Cuando existen circunstancias que impiden a los hombres entregarse a Cristo, el sacerdote tiene como función propia combatir estas circunstancias aun a costa de su posibilidad de celebrar el rito eucarístico, que no se entiende sin la entrega de los cristianos (…) Sacrifico, uno de los derechos que amo más profundamente, poder celebrar el culto externo de la iglesia como sacerdote”.
Existió en la vida de Camilo una persona que influyó mucho en él, fue un sacerdote belga Francois Houtart, quien conoció a Camilo como seminarista, y describe que lo vio muy interesado en las cuestiones sociales. Tal fue ese interés, que por recomendación de Francois va a Lovaina a estudiar sociología después de ser ordenado sacerdote. En ese lugar compartió con sacerdotes obreros que estaban muy tocados también por la gran revolución del Concilio Vaticano II.
Houtart hace referencia a Camilo y cuenta cómo después de ser retirado de la capellanía de la Universidad Nacional de Colombia, fue enviado a una parroquia y ejerció como párroco, cumpliendo sus labores con gran amor y disciplina: “Yo pasé algunos días con él. Ahí vi que Camilo se tomaba muy en serio su papel de párroco corriente, es decir, servir a la gente, celebrar misa, bautizar niños, ocuparse de la escuela primaria […] Él se había tomado muy en serio su trabajo, no era un paréntesis”.
Una gran amiga de Camilo, Leonor Muñoz, quien guardó la sotana de Camilo y la donó a la Universidad Nacional, contaba que una vez se lo encontró en la calle llorando desconsolado, luego de que fue retirado de su ejercicio en el ministerio sacerdotal. La misma Leonor expresó que “lo pusieron a escoger entre la sotana o la revolución”.
Primero, debe decirse que después del fracaso político del Frente Unido del Pueblo, Camilo tenía solo dos opciones: irse del país, pues su vida corría peligro, recibía constantes amenazas; la otra era quedarse e ir a la guerrilla, opción que toma por fidelidad a sus ideas y no defraudar a quienes creían en él. Houtart dice que le escuchó a Camilo decir: “Yo no puedo irme del país porque eso sería traicionar a la gente que ha puesto su confianza en mí”.
Camilo, al ser sacerdote e irse a un grupo armado, rompió con un paradigma que era difícil de quebrantar, la relación de la Iglesia y el Estado. Mostró una radicalidad en su accionar, pensaba que la toma del poder por el pueblo era inminente y no tardaría mucho. Luego ya todos sabemos qué fue lo que pasó, no duró ni tres meses y murió aparentemente en un combate, digo aparentemente porque el cuerpo de Camilo no ha aparecido. Hasta entonces no podemos afirmar nada con certeza, y menos cuando hicieron todo lo imposible para ocultar y desaparecer su entidad, con la justificación de no hacer del occiso un objeto de adoración por parte de grupos revolucionarios, así lo expresó Álvaro Valencia Tovar, general retirado del Ejército que ocultó el cuerpo de Camilo.
El amor al prójimo y la esencia de las luchas sociales
Para todo pensador, utilizar términos en sus reflexiones y posturas es de suma importancia, Camilo no es la excepción. Pero para él, al igual que para Levinas, cuando habla de lo infinito, el sentido del término supera al término mismo, es decir, para Camilo el amor al prójimo no era solo una idea efímera o un simple concepto, era el fundamento de su visión cristiana del mundo y de su compromiso como sacerdote para lograr hacer del amor al prójimo un acto que fuera eficaz.
Su base es la caridad, pero esta caridad estaba basada en una meditación espiritual previa, no surge de la nada, parte del amor al prójimo como el acto supremo de caridad, que tiene como fuente una vida sobrenatural, quien sale de sí mismo y hace un acto de caridad, lo hace porque tiene en su corazón una gran espiritualidad que lo lleva a la acción concreta, esta era la lógica de Camilo; pero iba mucho más allá, porque ese acto de amor al prójimo debe ser de una forma eficaz, para que sea realmente fruto de todo un proceso interno, que lleva a otro externo que es el acto concreto, una praxis del amor al prójimo tal como lo expresaba: “Si esas manifestaciones de amor al prójimo están animadas de la vida sobrenatural, además de ser indicio y condición sine qua non, se convierten en fin de la acción”.
Esto no era cuestión secundaria sino primordial en su forma de sentir, el amor es el centro de toda su vida: “El amor eficaz es el amor con poder […] Es el amor con resultados. El amor que da frutos y se puede reconocer por sus frutos. Es un amor público que debe ser mostrado para multiplicarse. Es la unión de verdad y bondad, razón y pasión”.
Para Camilo sacerdote, el segundo amor más grande era el pueblo. Ese amor hacia el pueblo es el que hace que, a pesar de no contar durante un tiempo con las facultades de su ejercicio ministerial, él se sienta aún pastor. Es por eso que lo que hizo Camilo fue elevar el amor eficaz a un grado social, darle una expansión a ese amor, que solo se podía hacer si su pueblo amado, no sufría violencia, injusticia o desigualdad. Por eso, en lo más íntimo de todas las luchas sociales está el germen inefable del amor, en especial el amor a los pobres, a los que sufren, a los marginados, a los “nadies” como diría Galeano. Camilo comprendió que luchar por los que tienen es muy fácil, pero lo realmente difícil y admirable es luchar por los que no tienen nada, es por ellos que se debe dar ese amor eficaz hasta el extremo, radicalmente dar la vida, no por una causa social, sino por cada una de las personas en particular, cada niño, cada anciano, cada mujer, cada hombre. Son ellos la mejor inspiración y valor para comprender que hace falta un cambio social, que los que luchan por el país son bienaventurados, que la sangre de los colombianos es semilla de la patria, ya que ningún sacrificio es estéril, menos el de Camilo que vive en cada líder social, en cada estudiante, en cada artista y en cada cristiano que, como él, han entendido qué es lo que nos hace prójimos: el amor eficaz.
Quien ama busca la libertad y la emancipación, así pues, la revolución se convirtió para Camilo en el acto más sublime de amor. El flagelo de la esclavitud, del poder elitista en manos de unos pocos, mientras otros muchos no poseen nada, se convirtió en su sueño y anhelo más profundo. Los medios que utilizó al final de su vida, no fueron tal vez para nuestra época los indicados, pero no podemos juzgar un tiempo en el que no vivimos, fueron así y hacen parte de la historia que es necesaria desempolvar. Camilo, al igual que muchos, tiene cosas que contarnos, ya sea desde un teatro, desde un documental, desde sus escritos o desde imaginario del pueblo, porque pertenecen al pueblo y nadie se los puede arrebatar. El cuerpo de Camilo no sabemos dónde está, pero vive en cada lucha social digna y purificada de politiquería e intereses mezquinos, en el sueño de libertad, en el sueño de la revolución.











