Pueblo escucha
eres de mi patria hermosa
fuerte espina y dulces rosas
y olvida el rencor
Canto y rezo
para que Tolima sueñe
que de la montaña viene
dulce libertad
Canción: Canto al Tolima. Guillermo Valencia “el compae goyo”:
Por: Wilmar Castillo
En la cuarta asamblea nacional del Coordinador Nacional Agrario (CNA), realizada en noviembre del 2013 en el municipio de San Lorenzo, Nariño, se acordó fortalecer el componente de tierras y territorios con el ordenamiento popular y comunitario, como ruta política, a través de la declaración del Territorio Campesino Agroalimentario (TECA), los Planes de Vida (PV) y la defensa del campesinado como sujeto social, histórico, político y cultural.
El Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA) consolida su experiencia organizativa y de poder popular en el plan conocido como: Plan de vida, agua y dignidad del TECA del Macizo (TECAM). Los temas que se asumen van desde el agua y la naturaleza, pasando por la forma de cultivar, los alimentos, como también los derechos a la salud, educación, el derecho a vivir en paz, y la inclusión y reconocimiento de la juventud y mujeres campesinas macizeñas como sujetos particulares del suroccidente colombiano.
El primer eje de este plan de vida es el agua y medio ambiente, que venía desarrollándose antes de la declaración del territorio agroalimentario, a través de talleres con la niñez maciseña, en la construcción de acueductos comunitarios, por medio de los mojoneos y pagamentos (rituales comunitarios alrededor de lagunas, ríos y montañas sagrados para la vida de este campesinado), programas radiales en emisoras locales, y educación en la cosecha y siembra de aguas, como parte de las diferentes acciones de concientización comunitarias.
La siembra del poder popular
En los territorios agroalimentarios que impulsa el CNA, se construyen relaciones sociales alternativas a las impuestas por el Capitalismo. De hecho, esta figura territorial campesina es una apuesta de una nueva institucionalidad nacida desde la gente, que ayuda a garantizar la autonomía para gobernar el territorio desde los intereses/valores de las comunidades y no de grupos sociales excluyentes. Esto permite consolidar entre sus protagonistas la conciencia de transformación social y el papel histórico que desarrollan como sujetos creadores de una sociedad diferente.
Nacen los nuevos pensamientos, las nuevas prácticas, la nueva cultura popular que se fundamenta en la cotidianidad de los sujetos y por ende es una gesta de largo aliento, porque tanto estos territorios campesinos y sus hojas de ruta están en permanente contradicción con el Capitalismo, al disputarse una forma de vida, una territorialidad, una ruralidad totalmente distintos.
Llegado a este punto, se debe reconocer la importancia estratégica de los territorios campesinos agroalimentarios/planes de vida que impulsa el Coordinador Nacional Agrario, al representar la reconfiguración de la territorialidad en Colombia y a su vez el replanteamiento del modelo de Estado y sociedad impuesto desde la invasión española en 1492.
Avances y retos del Territorio campesino agroalimentario del macizo
El avance en el poder popular de esta figura territorial campesina se muestra en el arraigo del sentipensar de la comunidad tanto en la cotidianidad como en las luchas históricas en el macizo colombiano; otro aspecto que se resalta como avance es la apropiación práctica y discursiva de la protección del territorio y todos sus bienes comunes, poniendo a este como la fuente principal de vida. También el fortalecimiento de la visión anticapitalista se ha trabajado de forma constante por medio de una consigna orientada a no tratar a la tierra ni a los bienes naturales como mercancías.
Los espacios de formación política, organizativa y en agroecología son un pilar fundamental en la construcción del poder popular. Teniendo en cuenta que se involucran jóvenes y niños/as en estos espacios formativos, pues este actor es uno de los principales al considerarlos reproductores y defensores del macizo colombiano; así mismo, son importantes la juventud urbana que estudia y/o trabaja en el pueblo cuya articulación se dio en el paro nacional de 2021.
En la economía campesina también se evidencia la construcción de relaciones sociales acordes al poder popular, cuando se busca la alimentación propia y agroecológica de las familias de la comunidad campesina, por medio de las huertas caseras y de proyectos locales de transformación como abonos orgánicos. El intercambio de alimentos entre familias también es un rasgo importante del tejido comunitario porque no se reproduce la acumulación individualista sino la solidaridad colectiva, cuyo objetivo es vivir colectivamente y no bajo el aislamiento entre vecinos y vecinas. La biblioteca de semillas es otro resultado de los avances observados de poder popular, ya que desde su construcción hasta la intencionalidad participa la comunidad, respondiendo a los ejes del Plan de vida, acerca de la memoria comunitaria por medio de un espacio concreto que guarda y sistematiza el conocimiento de las semillas tradicionales de Nariño.
El haber sintetizado años de luchas campesinas por la permanencia y recuperación del territorio macizeño en el Plan de Vida, también es un logro de estas comunidades, pues se contrapuntean con el Estado y los intereses privados del capital, la forma de vida en el territorio. Esta comunidad campesina se disputa qué tipo de territorialidad sueña, y qué tipo de relacionamiento desean con los demás actores sociales, ya que aborda aspectos como la identidad, la cultura y la territorialidad campesinas, el papel de las mujeres, la educación, la memoria histórica y el fortalecimiento organizativo de la comunidad.
La junta de gobierno del territorio agroalimentario del macizo solo está fortalecida en el municipio de San Lorenzo, desde donde se ayuda a reforzar las juntas de gobierno de dos veredas de ese municipio.
En la cotidianidad, la comunidad es consciente que hace parte de un TECA a través de las actividades personales y colectivas diarias, en la apropiación de los objetivos de cuidar y permanecer en el territorio, en la lucha del reconocimiento del campesinado como sujeto político de derechos e incluso que hacen parte de una apuesta nacional organizativo, del CNA. Sin embargo, todo este tejido comunitario, organizativo, sentipensante, aún no da vida a una estructura formal que logre caminar como una figura territorial que incida directamente en el conflicto permanente de territorialización nariñense y caucano frente al Estado vigente.
Al igual que el Macizo, en los municipios de Saravena (TECA Vida y Soberanía Popular), Fortul (TECA Piedemonte Araucano), Arauquita (TECA Laguna de Lipa y Resistencia Popular) y Tame (TECA Defensores de la Vida y la Agricultura), del departamento de Arauca, se han declarado TECAs bajo el contexto e historia de estas comunidades campesinas y populares. El objetivo del CNA es declarar más TECA en los departamentos del Huila, Meta, Sur de Bolívar, Nordeste y Bajo cauca antioqueño, norte del Tolima y en los santanderes (2).
Notas
- La información utilizada para este artículo fue brindada por Robert Daza. Duby Ordoñez, Roxana Ortíz, Patricia Guzman, Germán Bedoya. También se revisaron publicaciones del CNA sobre los TECA y Plan de Vida, hechas en compañía del Instituto Nacional Sindical -CED-INS-.
- A la hora de redactar este artículo, el CIMA y la comunidad realizaron asambleas donde evaluaron su caminar y proyectaron nuevas acciones acorde a las nuevas realidades, que posiblemente busquen resolver lo analizado en este escrito que sintetiza la tesis de maestría en Desarrollo Territorial en América Latina y Caribe del Instituto de Políticas Públicas y Relaciones Internacionales de Sao Paulo, en convenio con el Movimiento de Trabajadores y Trabajadoras Rurales Sin Tierra, en el 2023.