Por: Juan Alejandro Echeverri
Imagenes tomadas de: @barracondigitalhn
LA ESPERANZA/Honduras. El 9 de marzo de 2025, cuando los hondureños se acercaron a los puntos de votación para participar en las elecciones primarias, se encontraron con que el material electoral no había llegado. Los votantes protestaron en Tegucigalpa y San Pedro Sula, la capital y la segunda ciudad más importante del país centroamericano, donde el material tardó hasta 16 horas en aparecer. La jornada con la que los partidos políticos depurarían las candidaturas a la presidencia, el Congreso y las alcaldías, fue blanco de todo tipo de críticas porque la empresa encargada de distribuir el material electoral —misión que tradicionalmente había sido encomendada a las Fuerzas Militares— transportó las maletas electorales en busetas de transporte público.
Si las votaciones se supone uno de los pilares de la democracia, y el Gobierno y el conjunto del Estado hondureño cometen este tipo de acciones y omisiones, ¿qué se podría esperar respecto a otros temas que son igual de fundamentales, pero ocupan un lugar marginal en las agendas estatales? En Honduras, como en casi todos los países del continente, es la sociedad civil quien debe entonces asumir batallas que parecen perdidas, y que en ocasiones son obstaculizadas por los gobiernos, aunque hayan llegado al poder con banderas progresistas.
Desde 2017, Barracón Digital lidera la discusión sobre derechos digitales y seguridad digital en Honduras, país que en 2013 vendió el censo biométrico de los ciudadanos a Estados Unidos para que los gringos pudieran ubicar, perseguir y discriminar a la población migrante. Con los años, esta colectiva, hija de Código Sur, organización costarricense con amplia trayectoria en la materia, se ha convertido en una voz reputada en la escena regional e internacional. No solo por dedicarse al alfabetismo digital, a desarrollar escuelas de ciberactivismo y acompañar las agendas comunicativas de organizaciones sociales como Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), el Centro de Derechos de la Mujer (CDM), la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC), la Coordinadora de Organizaciones Populares del Aguan (COPA), entre otras; también por problematizar el acceso a las herramientas tecnológicas y la protección de datos personales como derechos humanos básicos en pleno auge de la tecnología y las inteligencias artificiales.
En su sede, ubicada en un municipio frio y montañoso del suroccidente de Honduras, Periferia habló con dos de sus integrantes: Itzel Cabrera y Cesar Escobar. Ella, una joven que antes de empezar a hacer voluntariados con Barracón en 2019, daba talleres de poesía y escritura creativa; que estaba familiarizada con las herramientas de software libre y tenía un vínculo vital con las luchas de las mujeres indígenas y campesinas. Él, un antiguo trabajador de la banca, que, gracias a una actividad a la que fue a llevar a Itzel, pudo acercarse y quedarse en el Barracón, pero, sobre todo, volver al lugar al que pertenecía: el mundo de las organizaciones sociales.

Periferia: ¿Cuál es la situación de Honduras en cuanto a seguridad digital?
Cesar Escobar: En materia de seguridad digital, el Estado no cumple requisitos, y las organizaciones mucho menos.
Itzel Cabrera: No porque no quieran, o no tengan el empuje de aprender, sino que hay una brecha digital muy marcada. Hay una brecha de género y una brecha económica muy grande. Aquí las telecomunicaciones las maneja la empresa privada, y si una quiere montar un internet comunitario, es un problema. Las organizaciones tienen muchas ganas de aprender, pero esos son los desafíos más difíciles que tenemos que escalar, porque no todo el tiempo las personas tienen el acceso al internet, o no todas las personas tienen un teléfono.
¿Cómo enseñar seguridad digital, si las personas no tienen el acceso? Una de las apuestas más bonitas, y que nacen gracias a Código Sur, es este manual que se llama La milpa digital, un manual sobre el uso de las aplicaciones y de herramientas de software libre y código abierto, que sirve para que las personas aprendan, de una manera muy popular y educativa, cómo utilizar este tipo de herramientas sin tecnicismos y sin complejidades. Sobre todo, porque muchas de las organizaciones con las que se trabaja a nivel latinoamericano tienen una brecha también con el lenguaje. No es lo mismo lo que yo enseño desde la urbanidad, que desde lo rural. Esta milpa se convierte en una herramienta muy valiosa para enseñar a esta gente, que quizás ni siquiera pudo terminar la escuela, a poder utilizar un aparato electrónico, una computadora, un teléfono de una manera bastante sencilla y bastante accesible. Esa es una de las cosas que desde Barracón le hemos puesto mucho amor.
Cesar Escobar: En cuestión de seguridad digital, a nivel de las organizaciones sociales, no nos ha tocado un caso supergrave, sino que de repente les hayan clonado información, que esa información la estén usando para armar campañas de desprestigio.
Como Itzel lo menciona, hay una brecha digital muy grande, las personas que tienen acceso a la tecnología, que son muy pocas, no tienen quien les instruya de forma correcta cómo usar la tecnología responsablemente. El tener un teléfono celular o una computadora no es solo encenderla, utilizarla y ya estuvo, hay que aprender ciertas cosas, y más en el entorno en el que se mueven las organizaciones, porque son perseguidas, son personas que están judicializadas, que usan cualquier cosita para poderlos fregar, meterlos presos y que dejen de estar molestando.
Ha habido ocasiones en que nos han escrito porque una cuenta ya no está funcionando, o hay información que les aparece dañada, y debemos buscar cómo solucionar ciertas cosas. En algunos casos, tal vez el equipo es muy viejo y se dañó, y se pierde la información, pero algo supergrave, durante estos años, no ha pasado. Sí nos han contado un par de experiencias, las mismas personas que están recibiendo los talleres, que les ha tocado pasarla muy mal, a partir de ahí es que ven la necesidad de aprender sobre seguridad digital.


P: ¿Cuáles son los errores más comunes que cometen las organizaciones sociales?
Cesar Escobar: Los patrones que son muy muy comunes es que no cambien contraseñas, que la misma contraseña la tengan durante un año, o que de repente no las utilizan.
Itzel Cabrera: O que usen la misma contraseña para todo, para el correo, para el Facebook, para el Instagram, para el teléfono, para la banca, para todo.
Cesar Escobar: Y que las redes sociales personales no las cuiden. Nos han contado que de repente están en alguna acción, alguna manifestación o alguna otra cosa, y que inmediatamente están publicando dónde están o hacia dónde se están moviendo. Eso viene siendo parte de la libre expresión, pero han aprendido que no se sacan las cosas en el momento. Para ellos es algo muy insignificante, pero hacerlo costumbre es lo difícil. Siempre se les ha dicho en los talleres: hay que ser constantes, hay que cambiar las contraseñas por lo menos una vez o dos veces al mes, no hay que usar la misma, no hay que conectarse en redes inalámbricas inseguras o que no sepamos si es segura. Líderes y lideresas que les toca salir constantemente fuera del país para compartir sus experiencias, para hacer algún llamado desde la comunidad internacional, pero que no saben que los aeropuertos es uno de los lugares donde mayormente pueden ser espiados; donde hay países que utilizan software de espionaje, así como en Honduras.
Itzel Cabrera: O el desconocimiento de las herramientas. Muchas de las personas no saben que son derechos digitales, ni tienen idea de cómo funciona. No se trata de enseñarles todas estas herramientas, sino también de que ellos las apropien. Una va, da los talleres, pero si las organizaciones y las personas no se ponen a practicar, no investigan, no realizan cada una de las responsabilidades que deberían asumir desde sus organizaciones y como líderes, eso retrocede un montón el trabajo que una hace. Y la idea es que ellas también puedan reproducir ese tipo de conocimiento y que no necesiten de un tercero para poder hacerlo. Con tantos años de estar acompañando, a la larga notás que realmente hacen las cosas que uno les dice.
El mundo está avanzando, y si uno no avanza con el mundo, por mucho que no nos guste, nos vamos a ir quedando atrás, sobre todo nosotras que no nos dan apertura, ni las comunicaciones hegemónicas hablan de lo que sucede; no se sabe si una no se mueve, si una no le expone, si una no graba un video contando lo que está pasando, si una no lo pone en un comunicado. El propósito es contar lo que pasa, pero que sean ellos los protagonistas de lo que está pasando, y no necesitar enteramente de que seamos nosotras quienes les resuelvan.

P: ¿Ustedes sienten que las organizaciones sociales sí se toman en serio la importancia de la seguridad digital, o estamos esperando que nos pase algo para llegar a esta conversación, y quizás llegar un poco tarde?
Cesar Escobar: Sí hay una preocupación, hasta cierto sentido. Aquí en Honduras somos de los que nos tiene que pasar algo malo para aprender, como decimos: el vivo a señas y el tonto a palos. Hay un par de organizaciones que le han puesto más empeño al tema de seguridad digital, pero porque ya les han pasado cosas malas. A otras personas les ha resultado un poco más difícil, porque no creen que esas cosas existen o que ese tipo de problemas pueden llegar a suceder. También notamos que, a lo largo de los años, de tanto nosotros hacer énfasis en ciertas cosas, algo se les ha ido quedando. Hemos visto que ahora ya quieren migrar, usar otro tipo de sistema operativo, que ya utilizan una autenticación en dos pasos, que ahora sí usan una contraseña correcta, no solo el 1234. Sí hay un interés por parte de las organizaciones, pero a la mitad le tocó a la buena y a la otra mitad le ha tocado a la mala.
P: ¿Y el Estado se lo toma en serio, existe alguna legislación?
Itzel Cabrera: Hay una Ley de ciberdelitos, sobre todo para las compañeras mujeres; y hay una oficina de ciberdelitos en el Ministerio Público que da seguimiento a este tipo de casos. Pero, como todo en Honduras, lo archivan. Si vos vas y pones una denuncia al Ministerio Público, y a esa denuncia no le ponen un agente o un fiscal, o lo que sea, y vos no estás detrás, detrás, lo archivan y ahí quedó. Ahora imagínate hacer una denuncia en el ámbito virtual o digital. Si desde lo presencial no se toman en serio lo que está pasando, en lo virtual mucho menos. A parte de que Honduras está muy lejos de ser un país que le ponga mucha mente a los derechos digitales, no existe.
Se sabe que existimos las organizaciones de derechos digitales. Pero que se hayan tomado el tiempo de quererse sentar y hablar de formas y maneras de cómo trabajar y legislar cosas, nunca. Nunca han dicho: ustedes son los que entienden de este rollo, cómo podemos trabajar en conjunto, cómo podemos hacer para que la gente conozca, o cómo podemos financiar, qué sé yo, escuelas, colegios, casas comunales, incluso casas ancestrales. Porque la gente, por ejemplo, la OFRANEH está construyendo su propia universidad para no perder ese recorrido histórico que han tenido y por el que luchan. El COPINH tiene una escuelita propia también. Hay muchas organizaciones que de alguna manera han tenido más acercamiento al Estado, pero nunca el Estado va a decir: nos vamos a sentar y lo vamos a discutir; de qué forma podemos legislar y hacer que estas leyes sí funcionen en el ámbito digital.
No pasa, y la violencia sigue escalando para las adolescencias, para las infancias, no hay una protección para el uso que ahora se está viendo del entorno digital, ni de los teléfonos. Ahora todos los colegios, las escuelas, las universidades te exigen que tengas un teléfono, porque todo hay que subirlo, todo hay que revisarlo, todo hay que buscarlo. No hay un control sobre eso. Siguen escalando las extorsiones, el doxing, el acoso digital y cibernético contra las compañeras defensoras, y no solo contra las compañeras defensoras, sino también contra cualquier persona o mujer que utilice sus redes sociales o el teléfono.
Se ha platicado con ellos [el Estado] de otras cosas. Por ejemplo, despejarnos otras dudas, sobre todo con este tema de los datos biométricos, sobre cómo vendieron los datos biométricos [a Estados Unidos] sin plena consulta a la ciudadanía. Tampoco te dan claridad sobre esas cosas. Entonces, ¿cómo una va a esperar que realmente se tomen en serio este tipo de temas, si el mismo Estado se prestó para vender todos los datos biométricos de la ciudadanía sin siquiera preguntar si estábamos de acuerdo o no? También te da mucha desconfianza. Trabajas desde las bases, porque sabes que por ahí no va a ser. Y necesitas buscar ayuda, cooperaciones o donaciones afuera, porque sabes que aquí eso no va a suceder. En esos términos, Honduras está muy lejos y muy mal.
Cesar Escobar: No hay a nadie que le interese y no hay tampoco cierta voluntad política para esos temas. En su momento había una mesa de tecnología y no sé qué más, el Barracón estaba metido ahí, pero solo fue el inicio, al final se quebró, no se volvió a llamar a las personas, nunca se tuvo una reunión. En el montón de legislaturas que tiene [el Congreso Nacional], no hay nada que hable acerca de la seguridad que tiene que brindar el Estado con la protección de datos. Existe la Ley de escuchas, pero se usa a favor del Estado. A mí me pueden intervenir mi teléfono o mis comunicaciones si hay una orden judicial para que me puedan estar espiando con fines investigativos si yo cometí un delito o alguna otra cuestión. Cuando uno pregunta cómo hacen, por qué están persiguiendo a las personas y cómo es que pueden tener la información así de rápido, es porque se amparan en esa Ley. Al final uno en un juicio puede preguntar: ¿cómo llegaron a tener esa información? Después te dicen que es de carácter reservado. Así lo hicieron en la consulta que hizo el Barracón al Estado Hondureño preguntando por la venta de los datos biométricos, no te dicen nada. Como no hay alguien que le interese, o se ponga a pensar que la seguridad digital y el manejo de datos también es importante, y que al final eso genera plata, como no lo saben, no le toman ninguna importancia.
Inclusive, el mismo Estado, a nivel de seguridad, también está mal. Ahorita no he intentado votar alguna página del gobierno o alguna otra cosa, por mera protección mía y de las personas que me rodean. Pero en su momento voté páginas del gobierno y era súper fácil. Ahí te dabas cuenta que, si ni el mismo gobierno a nivel de seguridad anda bien, que nos espera al resto de las personas o a las organizaciones.

P: Ustedes que se codean con personas y organizaciones del continente que se preocupan por estos temas, ¿conocen prácticas, iniciativas o leyes progresistas respecto a la protección de datos y la seguridad digital?
Cesar Escobar: Hay varias iniciativas y personas que son precursoras. Aquí en Honduras fuimos los primeros en usar el PiRogue, un dispositivo que genera una red inalambrica y analiza el trafico de datos de los dispositivos conectados a esa red. A nivel de Latinoamérica hay un montón de proyectos que se están echando a andar, otros que ya están funcionando, por ejemplo, el del internet comunitario, el de cómo montar una red de telefonía móvil, de manera que si yo estoy dentro de la comunidad, que esa comunicación sea segura, porque la misma comunidad está usando la tecnología en favor de los de los pueblos. Hemos pensado que ese tipo de cosas se puedan replicar aquí en Honduras.
Itzel Cabrera: A nivel latinoamericano, Colombia, México, Brasil son los países que tienen leyes específicas de protección de datos, o donde al menos hay organizaciones. En Colombia existe Karisma, una de las organizaciones que más le da importancia a todo el tema de derechos digitales, y que ha trabajado para que ciertas leyes se tomen en serio y se pongan a debate o discusión en el Congreso; y de alguna manera han logrado pasitos chiquitos, pero también diferencias grandes, sobre todo de protección de datos con temas de género.
México tiene una ley de protección de datos muy parecida a una que hay en la Unión Europea, Brasil también. Si nosotras quisiéramos, y se pudiera, sería maravilloso, pero son potencias, son países grandísimos y con legislaciones completamente distintas a las de Honduras. Muchas de las personas que legislan, quiero creer que estudian para hacer ese tipo de trabajos acá. Acá cualquier persona puede ser diputado y quedar, si tenés la plata, lo lográs y ya está. No solo es repensarse las propuestas correctas para estas leyes, mientras no haya personas correctas en el Congreso, que se tomen el tiempo de leer una propuesta de Ley, no vamos a tener una Ley de protección de datos como la que tiene México, Brasil o Colombia. Yo lo veo muy difícil, más no imposible. Considero que todo es un tejido, y todo funciona mejor si se hace de esa forma.
Acá lo veo difícil ahorita, porque muchas de las personas que toman las decisiones sobre la población hondureña, son personas muy conservadoras, muy ortodoxas, muy de quedarse en el tiempo donde las tecnologías no tenían la importancia que ahora tienen. Eso es un atraso bárbaro, y seguimos siendo un país en desarrollo. Mientras esas cosas no cambien, no va a avanzar nada de las propuestas que cualquier persona pueda tener en temas de tecnología o de seguridad digital.


P: Muchos relatos sobre este tema son muy apocalípticos, ¿ustedes son optimistas o igual de pesimistas?
Cesar Escobar: No es por ser negativista o fatalista, eso lo uso como un mecanismo de protección para que no nos agarren con los calzones abajo. Muy honestamente, desde el caso hondureño en específico, no quiero mencionar otros países que van por el mismo camino, no creo que vayan a dejar que esas leyes pasen, porque no hay voluntad política. También cuesta mucho tener un padrino o una madrina que se tome el tiempo de escuchar. A nosotros nos da un poco de temor, por lo menos a mí, que logremos encontrar a esa persona que nos ayude a meter esa Ley, pero que no dé la pelea suficiente, que a la primera que se vote, ahí lo dejó. Sí lo podemos lograr, pero tenemos que buscar a las personas correctas o buscar la coyuntura correcta, pero así como va ahorita, es muy difícil que se pueda tener algún avance significativo. Más ahora que hay más persecución, que hay más de un montón de cosas, no siento que vayamos por un buen camino. Porque al no tener estas leyes, quien quiera hacer daño, tiene la puerta más fácil para poderte joder.
Itzel Cabrera: A pesar de que en Honduras no hay forma de que eso suceda, hay comunidades que sí están dispuestas a apoyar. La línea de ayuda de Access Now; otras compañeras como Derechos Digitales en Chile y Ecuador; las compañeras de Código Sur; la gente que está en México, Social Tic, R3D, que son organizaciones que pasan muy pendientes. Si llegara a pasar algún problema, una sabe que puede apoyarse en ellas y te van a resolver cualquier problema que pueda existir en Barracón o en las organizaciones que acompañamos. Desde acá no se puede hacer, pero no quiere decir que no hay otras formas de resolver las cosas que aquí no se pueden.
Muchas cosas también pasan por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Hay muchas formas de buscar resolver conflictos, esas alianzas son fundamentales. Si hay que apostarle a algo, es tratar que esas alianzas crezcan. Si lo pensaras desde el fatalismo, como vos nos preguntabas, nosotros no tuviéramos esas alianzas, ahí si te digo que no hay forma de que nosotras levantemos esto. Eso hace que el trabajo sea un poquito más llevadero y que haya esperanza de que se pueda lograr en algún momento. Hay que buscar formas de escuchar las experiencias de ellas, cómo legislaron, cómo construyeron, esas alianzas son importantísimas.
P: ¿Se podría decir que la lucha por los derechos digitales es tan importante como luchar por el agua, o es una comparación muy exagerada?
Itzel Cabrera: Claro. No solo hay extractivismo de las minas o despojo de las tierras. Hay una minería de datos en el mundo digital. Todo lo que nosotros utilizamos, subimos, buscamos, escuchamos, y vemos en el entorno digital, supone un valor económico para las empresas dueñas de estas plataformas o de estas redes digitales. Claro que es necesario que la gente sepa que estas empresas se lucran de los datos que nosotros constantemente estamos manipulando, subiendo o buscando. Hay un extractivismo digital, y no todas las personas son conscientes de eso, hasta que te parás y les decís: ¿saben que cada una de las cosas que ustedes tienen en sus teléfonos tiene un valor económico, y se vende y nadie sabe para qué? Uno entiende que la mayoría de datos se vende para publicidad o para empresas privadas, restaurantes o Amazon, porque por ahí se hace todo un estudio. Y ahora con el boom de las inteligencias artificiales, todas estas cosas se están alimentando de lo que nosotros buscamos o de lo que nosotros compartimos. Ahora vos te metés a cualquier cosa en Facebook o Instagram, y ya te sale etiquetar una inteligencia artificial. ¿Qué tanto somos conscientes de lo que nosotros le estamos regalando a estas computadoras y a los dueños de estos servidores?
La gente tiene que saber que todo lo que hay en el ámbito virtual, también tiene un valor económico. A mí, por ejemplo, me sorprendió darme cuenta de que una aplicación que solo me sirve para llevar mi calendario menstrual, venda mis datos a las empresas que venden productos de higiene femenina, toallas íntimas, copas menstruales, tampones, empresas farmacéuticas que venden medicamentos para el dolor menstrual, para los anticonceptivos. Para mí fue una bofetada darme cuenta de algo tan sencillo, y que yo podría pensar que no les sirve de nada, esté generando esa cantidad de datos, y que aparte estén haciéndose ricos a través de esos datos. La gente se impresiona y te dice: pero, ¿cómo es posible? Es posible porque le estamos dando muchos permisos a todas esas aplicaciones en nuestros teléfonos. Sí hay formas de contrarrestarlo, pero necesitás informar a la gente y formarla.
Cesar Escobar: Las empresas, y el capitalismo en general, no se han puesto a pensar, y nosotros también desconocemos toda la problemática ambiental que genera la basura digital. Hay cosas que se pueden volver a utilizar, que tal vez lleven un proceso más laborioso. Si hay una computadora que no nos sirva para lo que generalmente la usamos, pero tal vez nos sirva de reproductor de música, reproductor de videos o para hacer alguna cuestión pequeñita, no hay necesidad de botar ese equipo, o los componentes también reutilizarlos, porque con el conocimiento técnico en electrónica también se puede darles una segunda vida. Pero no sucede así, son pocas las personas que se preocupan por darle un segundo uso a las computadoras, celulares, televisores y todo lo que tenga una plaquita electrónica. Y las personas que tienen esas iniciativas no lo han logrado, porque las mismas empresas extractivas se encargan de silenciarlos o de ver cómo les frenan los pocos fondos que tengan; o las ideas que ellos tengan se las roban, les hacen patentes y después no podés hablar de eso porque esta patente es mía, si vos hablás de eso, vas a enfrentar problemas legales. Entonces, no solamente podemos pensar que en el mundo físico tenemos esos problemas, en el mundo digital también, hay problemáticas que son similares o, inclusive, hasta peores.
Siempre lo voy a decir, todo en este mundo se rige por un equilibrio, ese equilibrio tenemos que mantenerlo en el mundo digital. Al final la minería de nuestra información no solamente está dentro de lo que popularmente conocemos como internet, lo que miramos por encimita, sino también en la explotación de la tierra que todo esto incluye. La información que nosotros tenemos también se va para la dark web, y ese es un mundo más enorme y con posibilidades peores para seguir en ese extractivismo, porque ahí es más fácil conseguir desde algo minúsculo, como comprar un medicamento que tal vez sea prohibido, hasta comprar un asesino a sueldo. Por eso es importante saber qué información es la que se brinda.

P: ¿Qué tan riesgoso es o podría ser para ustedes, y para otras organizaciones del continente, problematizar este tipo de cosas?
Itzel Cabrera: Ya nos han hecho ese tipo de preguntas en un pasado. Nosotras nunca nos hemos sentido un objetivo que podría sufrir algún ataque, o que estemos en la mira de alguien que pueda tratar de tumbar el trabajo que hace Barracón. Pero nos hemos dado cuenta en el camino, que el trabajo empieza a hacer mucho ruido, y que eventualmente estas cosas, de una u otra manera, van a representar un problema para las grandes empresas extractivistas que son las que están detrás de todo el trabajo que nosotras hacemos, sobre todo para quienes trabajamos, que son las organizaciones que luchan por la tierra y por el ambiente.
Yo siento que en algún momento podría estallar. Nos gustaría ponerle un rostro al Barracón, pero también pensamos cómo nos protegemos de que eso no pase. Aunque a las compañeras les lleve mucho trabajo hacer ilustraciones, montar fotografías y este tipo de cosas, tener una línea gráfica como la que tiene el Barracón, siempre se ha pensado para cuidarnos en la red, y cuidar el trabajo que hacemos. Es difícil identificar a alguien solo por el nombre, pueden haber mil Itzel Cabrera y mil César Escobar, pero si le pones una fotografía a esa persona, es más fácil identificar dónde se mueve, por qué se mueve, quién es su familia.
Por eso, a las organizaciones que uno acompaña, constantemente está enseñándoles cosas, porque a ellos [las grandes empresas tecnológicas] no les conviene que se apropien de toda esta información. Entre más débiles son las organizaciones, y más desconocimiento hay sobre un tema, es más fácil quebrarlas, es más fácil desaparecerlas. En cambio, si vos le ponés una apuesta a eso, te cuidás y cuidás tu organización, tu trabajo y tu propuesta política va escalando.
Eventualmente el Barracon va a tener que crecer también, porque estas cinco personas no vamos a poder manejar todo lo que se nos está viniendo encima. Vamos a requerir ese apoyo extra, que en este momento no estamos teniendo. Nunca nos hemos sentido atacados, pero consideramos que hay cosas que de alguna forma han tratado de desarticular el trabajo, nada se da porque sí, siempre hay algo que podría estar jugándosela con mala intención para desarticular el trabajo de Barracón. Sí nos dicen mucho que tengamos cuidado.
Cesar Escobar: El único momento en que yo he sentido que nos pueden venir a joder, fue cuando estábamos haciendo las consultas sobre la venta de los datos biométricos. Al final el Barracón hace la consulta en nombre de otra organización internacional, pero quien pone sus datos y quien pone su número, su correo y todo, en este caso fui yo. Y todas las comunicaciones que se mandaban o los documentos que respondían, no venían a nombre del Barracón, venían a nombre de César Escobar, y ahí está el número de identidad, dirección, todo, con esa información ya te pueden rastrear por cualquier lado.
Ahora que tenemos personería jurídica, ya el Estado sabe que el Barracón existe, sabe qué es lo que hace, cuáles son sus objetivos, a qué organizaciones acompañamos. Conocemos varias personas que están trabajando en el Estado, que no es que nos vayan a hacer un daño, pero a través de esas personas ya la información se va regando. De cierta forma, somos más visibles que antes. Por lo tanto, siempre tomamos ciertas precauciones, no por esperar que algo vaya a pasar, sino por el hecho de protegernos, tanto al equipo de trabajo como a las familias aquí representadas.
P: Para terminar, no puedo evitar hacerles una última pregunta: la presidenta Xiomara Castro va de salida, ¿qué balance hacen de su presidencia?
Cesar Escobar: Si pudiera hacer un llamado a la conciencia, le diría a la gente: saquen a Libre [el partido de Gobierno]. No por irme encima de la persona, porque al final Xiomara es una persona que ha sido muy manipulable. No es ella quien da la orden, no es ella quien gobierna, porque se contradice en un montón de sentidos. Recuerdo que estábamos viendo la toma de posesión con mi mamá, y los dos como pendejos llorando. Pero porque respirábamos un aire de cambio. Ella decía que este es el Gobierno de las mujeres, y creo que solo los primeros tres meses, el observatorio [del Centro de Derechos de las Mujeres] decía que cada 24 horas estaba siendo asesinada una mujer de forma violenta. Así fueron pasando otro montón de situaciones. El costo de todas las cosas se fue para arriba. Yo sé que no todo es culpa del Gobierno, también hay causas externas, la guerra, que Trump haya ganado las elecciones en Estados Unidos, que las remesas hayan bajado, todas esas cosas también hacen que las cosas se encarezcan. Pero solo con ciertos actos y ciertas cosas, mi balance es que este Gobierno nos prometió mucho, y al final se dieron cuenta de que no podían cumplir con todo. Todos los gobiernos hacen cosas buenas y malas, pero en este resaltan más las cosas malas porque han sido muy evidentes.
Itzel Cabrera: En ciertas cosas estoy muy de acuerdo con César, pero en otras no tanto. Ella sí es la presidenta de la Nación, y prometió muchas cosas. Pero ella no es quien toma las decisiones, las toma el Congreso. Y el Congreso está ganado en su mayoría por el bipartidismo conservador de Honduras. Si ha habido muchos retrocesos en términos de leyes para las mujeres, ha sido porque son estos hombres los que orientan este tipo de leyes; porque solo hay tres diputadas en la directiva del Congreso.
No vamos a avanzar, si los que están ahí siguen tomando las decisiones en perspectiva religiosa o perspectiva cavernícola conservadora de hace 40 años. Es cierto que la presidenta no ha actuado como se vendió; yo fui una de las que votó por ella, todos estábamos muy esperanzados con que su legislación fuera distinta. Hay que reconocer muchas cosas que se han creado, sobre todo en infraestructura, que han ido mejorando. Pero sigue habiendo un desbalance increíble en la educación y en la salud. Si en los gobiernos anteriores eso estaba mal, ahorita estamos bastante mal.
No solo es culpar al partido del poder ni a la presidenta, sino también a quienes toman las decisiones. Definitivamente tenemos que limitar y fiscalizar de dónde se reciben fondos y cómo se reciben fondos [para las campañas electoras]. Todas las familias que han estado en el poder, y que manejan el país, han estado involucradas indirecta o directamente al dinero del narco. Entonces sacamos a uno [Juan Orlando Hernández, expresidente] que está preso porque tiene vínculos con el narcotráfico, y era el mayor capo de Centroamérica y de Honduras, y ponemos a otros que no están directamente puestos [por el narco], pero sabemos que su cuñado tiene vínculos o tuvo vínculos, y recibió plata para financiar las campañas políticas de Libre hace años. Hay que hacer una ruptura con eso. No vamos a crecer si seguimos moviéndonos a través del dinero que ha matado a millones y millones de personas, y que no es un bien necesario. Eso sería algo que transparentaría y demostraría, realmente, si el lugar que quieren ocupar es por el bien común y no desde la corrupción. Eso es lo que hace que el país no crezca, porque hay una corrupción bárbara en todos los entes del Estado, no únicamente en el Congreso, no únicamente en la presidencia, en cualquier esquina, en las legislaciones, en la policía. Aquí nadie legisla desde un bien común, legisla desde el egoísmo y del poder que ellos quieren ejercer sobre la ciudadanía. Entre más ricos se hacen ellos, más pobres nos hacen a los demás. No se debe culpar a alguien, es toda una estructura que debería de quitarse y volverse a construir, pero eso nos queda muy grande también.











