Por Wilmar Harley Castillo Amorocho
Desconozco el contexto que motivó al dramaturgo alemán Bertol Brecht a escribir la frase: “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son imprescindibles”. En esta ocasión hablaré de una persona imprescindible de un sector social que sufre, al igual que las disidencias sexuales y de género, las violencias sistémicas en sus cuerpos y vidas; con tal nivel de condensación que son invisibles incluso para las agendas de los diversos sujetos del universo de la izquierda colombiana.
La protagonista del artículo es Martha Lagos, desde que la conocí en la Universidad del Tolima trabaja con la comunidad con discapacidad en Ibagué. Las toneladas de amor que brotan de sus poros se canalizan hacia los seres que recorren el mundo en una silla de ruedas, que observan con la agudeza de sus oídos, cantan con las manos, y sufren otras discapacidades que a simple vista no se identifican.
Primero, para hacernos una imagen de esta comunidad, sepamos cuales son los cinco tipos de discapacidad existentes hasta ahora:
Sensorial: tiene que ver los sentidos, la vista, el tacto, el oído, le gusto, y el olfato.
Físico-motoras: tiene que ver con el movimiento, engloban muchos diagnósticos: silla de ruedas, bastones, caminadores, síndrome shoger, reumatitis, artritis.
Sico-social: es una de las más difíciles, aunque poco se la mencione. Entre ellas podemos enumerar la esquizofrenia paranoica, bipolaridad afectiva, ideas suicidas. Están ligadas a la salud mental y el bienestar en un país donde no hay igualdad de oportunidades, donde hay exclusión desde los primeros años de vida; de hecho Ibagué es una de las ciudades con mayores índices de suicidios.
Cognitiva: hace referencia a los procesos de aprendizaje. No significa que las personas no aprendan, sino que aprenden de formar diferentes. Mientras que algunos comprenden mejor leyendo el libro, otros pueden interiorizarlo mejor si es narrado o leído en voz alta por otra persona. Sin embargo, el modelo educativo colombiano no interioriza las diferentes formas de desarrollar la inteligencia, que para “Martica” significa la capacidad de resolver problemas.
Existen también discapacidades múltiples, es decir los casos en los que convergen más de dos discapacidades. Vale la pena mencionar que los cuidadores y cuidadoras de este tipo de población son personas con discapacidad en potencia, pues no se les paga por ello, realizan su labor las 24 horas de los sietes días de la semana, tienen tiempos de sueño limitado, hay ausencia de descanso, y pueden desarrollar problemas físicos y emocionales.
Hecha esta clasificación aclaratoria, ahora podemos caminar junto a “Martica”. El nacimiento de su hijo mayor, Miguel Ángel Lagos, convirtió la vida de Martha no solo por convertirla en mamá, sino porque su retoño fue diagnosticado a los seis años con multidiscapacidad: autismo y distrofia muscular tipo Duchenne.
Ella asegura que se siente privilegiada por aprender desde el hacer. Cuando Miguel tenía siete años, llamó a otras mamitas, que al igual que ella bregaban para el cuidado digno de sus hijos/as con discapacidades. Primero intercambiaron las medicinas e implementos como forma de ayuda mutua. También las herramientas jurídicas que tenemos a la mano para reclamar los derechos. “Martica” identificó que las tutelas ganadas por ella eran privilegios frente a las demás cuidadoras y sintió la necesidad de compartir su experiencia para que los derechos de estas mamás y sus hijos/as también fueran resueltos por el Estado.
Otra de las luchas que impulsan estas comunidades es con el territorio urbano, que en su diseño excluye a la población con discapacidades. Martha tiene el ejemplo que lo ayuda a entender fácilmente: “hay dos personas que tienen que llegar a una cita, la persona convencional tomará una ruta que le costará $2.200, pero la persona con discapacidad físico-motora tiene que bajarse $15.000 para el Uber, si logra conseguir el transporte”. Desde este lugar de enunciación marcado por la exclusión, la soledad y las dificultades que esto provoca a raíz de las barreras y castigos impuestos por la sociedad, es que “Martica” forjó su determinación de ayudar a la comunidad con discapacidades.
Los ángeles también vuelan sobre sillas de ruedas
A pesar de los grandes beneficios para las personas con discapacidad resultaba caro ir hasta la escuela de quinoterapia de la Defensa Civil, ubicada en El Salado. “Martica” junto a otras cuidadoras pagaban $25.000 en transporte para ida y regreso, además la montada en el caballo solo duraba diez minutos. Don Edilberto Reyes, dueño del polideportivo del Maracaná, les brindó el espacio para que se reunieran e hicieran actividades saludables para ocho mamitas y sus hijos/as con discapacidades, entre las ocho de la mañana y las doce del mediodía. La primera reunión se hizo el 18 de abril del 2009. Así nació la fundación Ángeles de amor en el 2010.
Después de dos años largos de pandemia, los muchachos/as con discapacidad se asustaron porque en el 2020 el rebusque se agudizó debido al abandono estatal que sufrimos la mayoría de colombianos/as (mientras veíamos en las narices como se ayudaban a los bancos con plata publica suministrada directamente por el gobierno de Iván Duque). Sin embargo, la solidaridad entre conocidos sacó del susto a estas familias empobrecidas. “Martica” se tomó un descanso para desarrollar su agenda de campaña en las elecciones al Congreso de la República de este año, pero en marzo retomaron las actividades de la fundación.
A raíz de las visitas a otros municipios del Tolima, principalmente a las veredas durante la campaña electoral, “Martica” conoció otros casos de comunidades con discapacidad en las mismas condiciones de abandono. La magnitud de esta problemática de abandono estatal a nivel departamental la impactó, pero le permitió generar una conexión especial con estas familias. Este capítulo de su vida quedó marcado por el amor que también encontró en las humildes viviendas de las personas con discapacidad tolimenses, dejando en ella el objetivo de ampliar el trabajo de la fundación por fuera de Ibagué, proyectando el 2022 como el año donde se fortalecerían a las cuidadoras/es, se reconocería y visibilizaría su trabajo diario por la vida.
Daltonia
Después del CAI de Llanitos, usted encuentra a la derecha del camino una quebrada, y en su lado izquierda la trocha que lo lleva hasta Daltonia. Esta finca ha sido levantada, pintada, sembrada, y adornada con amor. Es tan poderoso este sentimiento, que trajo los colores a los ojos de Milton García, su esposo, quien veía en escala de grises antes de toparse con Martha en el consultorio jurídico de la Universidad Cooperativa.
Cuando sube por la trocha se encuentra con otras fincas, perros que ladran al paso del desconocido/a, matas de café y plátano, gallinas, cerdos y otras casas marchitadas por el paso del tiempo. A medida que va dejando la bullosa avenida que no se despega del río Combeima, va encontrando entre la montaña un punto amarillo, que solo al estar de frente, identifica también al color azul en sus paredes (el color azul representa a la comunidad autista), destacándose entre las fachadas vistas durante la fatigosa subida.
¿Por qué amarilla la casa? Para “Martica” la vida se resume en amar-illa, porque amar al otro significa crecer con el otro y exigirle en ese proceso mutuo de crecimiento como ser humano. La ruta fácil del trabajo de Martha se basaría sobre la lastima, por el contrario, ella se ha esforzado en reconocer en las personas con discapacidad seres humanos que pueden desarrollar sus capacidades a partir de sus condiciones, al tiempo que exigen al Estado su deber para con este sector de la población.
El amor entonces engloba la exigencia, la independencia, la siembra de acciones que cosechen frutos, que construyan una sociedad amorosa y solidaria. Algo que resalta esta mamá, es que gracias a su hijo Miguel Ángel tiene unas piernas fuertes de tanto cargarlo. Piernas que le sirven para recorrer los hogares de otras personas con discapacidad y caminar juntos hacia el buen vivir. También le atribuye a él su capacidad de “hablar hasta por los codos”, lo que le ha permitido exigir al Estado su deber frente a esta población excluida e invisibilizada.
¿Cuando no esté martica?
Para cerrar la conversación, quise saber sobre la cosecha que “Martica” dejaría después que falte sobre esta tierra. A lo que respondió, después de su risa tranquila y cómplice, que en su velorio quiere ver a la gente de colores, porque ella se describe como alguien clown, de las que se pone un zapato de un color y otro de otro. Lo segundo que ella espera es dejar regada la empatía en la cultura. Tercero, dejar construido y funcionando el primer centro integral de atención para personas con discapacidad Miguelito Corazón, donde tengan un respiro las personas con discapacidad y sus cuidadoras/es; donde personas como yo o como usted, que no nos aflige alguna discapacidad, podamos tener la fortuna de compartir como seres humanos en medio de las diferencias.